jueves, mayo 26, 2011

EL CEDRO DEL CONVENTO DE SANTA BÁRBARA













Corría el año 1951 de Nuestro Señor, era una noche tormentosa del mes de mayo, el mes encomendado a Nuestra Señora la Virgen María, el mes de las flores. Sor Adelaida se despertó, pocas horas después de los Maitines de media noche, sobresaltada por el estruendo de un trueno que hizo que retumbasen los sólidos muros del convento. La hacendosa Hermana Adelaida saltó como un resorte del austero camastro de su celda y bajó corriendo las escaleras ¡Tenía el tiempo justo antes de los Laudes a la Santísima Virgen! Fue hasta el pozo del claustro, lanzó el cubo en su interior y tiró de la cuerda del pretil para izarlo, vertió el agua en otro cubo que llevó con esfuerzo, asido del asa, hasta el rincón en el que se encontraba la toma de tierra del pararrayos del tejado, donde vertió el agua, tras lo cual se santiguó apresuradamente y susurró “Que Dios nos proteja”.

La Hermana Adelaida era la encargada, entre otros menesteres, de mojar la toma de tierra del pararrayos, antes de las tormentas, especialmente si estas eran secas, así como de regar las plantas y árboles del huerto y del jardín del Convento de Santa Bárbara. El agua sobrante que solía quedar en el cubo o la regadera, tras regar las flores del último parterre, normalmente era vertida al pie del viejo cedro, un ejemplar centenario de Cedro del Himalaya (Cedrus deodara) que, quizás con el anhelo de alcanzar la enorme altitud de la cordillera de la que procede su estirpe, o quizás influenciado por la espiritualidad de las religiosas del convento, alzaba su enorme copa en forma de candelabro hacia el cielo, a más de 30 metros de altura sobre el suelo, en el borde de la pequeña isleta de árboles que se encontraban junto a la Ermita de la Soledad, rodeada de un campo de cereal situado en la llanura aluvial del río.

En una localización así, con un alto y viejo árbol despuntando en mitad de una llanura, el sencillo acto de regar la toma de tierra del pararrayos del Convento, realizado con prestanza y disciplina por la Hermana Adelaida, a buen seguro, libró al viejo cedro de no pocos chispazos, bajo el pío auspicio de una orden religiosa perteneciente a la Santa Iglesia Católica.

Y así transcurrió la vida, tranquila y apaciblemente, de monjas, plantas y árboles, dentro del Convento de Santa Bárbara. Hasta que hace 6 años, la falta de fondos y la escasez de vocaciones se conjuntaron diabólicamente para conducir al cierre y consiguiente abandono de dichas instalaciones.

Gamberros y vándalos saltaron el permeable cercado, apedrearon las cristaleras, rompieron puertas y ornamentos, acamparon en el interior de las estancias, encendieron hogueras, hicieron botellones y hasta profanaron el altar de la capilla.

El paseo bajo la arboleda de plátanos se llenó de zarzas y maleza, las únicas plantas que florecen son las de los jaramagos, las ortigas y las malvas silvestres. Los cipreses que rodean el refugio de piedra están sucumbiendo frente a las enfermedades, por falta de podas y cuidados. Los pinos que bordean el campo de cereal, junto a la ermita, sufren el progresivo acoso del arado y algunos se han secado por efecto de los herbicidas con los que los agricultores rocían los ribazos y cuyos depósitos, casualmente, siempre limpian y vacían junto a los pinos. El viejo cedro, con su elevada copa despuntando en el horizonte plano del amplio valle, ha terminado sufriendo el azote del rayo, desprotegido por la ausencia de Sor Adelaida y su providencial cubo de agua salvador.

Como suele decirse, supongo que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Es triste que árboles tan viejos, tras décadas de vida y crecimiento, hayan ido decayendo poco a poco hasta morir en pie y en silencio, sin que nadie rompa la soledad de su discreta existencia, en el silencio del convento abandonado, dejados de la mano de Dios.

Una soledad y un silencio que esta modesta entrada trata de romper, al mismo tiempo que sirve para rendir un merecido aunque infrecuente homenaje y reconocimiento a la callada, cotidiana y disciplinada labor que han ejercido, ejercen y seguirán ejerciendo multitud de religiosos y también modestos trabajadores laicos, para llevar a cabo el mantenimiento del patrimonio artístico, cultural y natural, e incluso para realizar una valiosa labor de colaboración con la Ciencia, como es, por ejemplo, la toma de datos meteorológicos en las series más antiguas, fiables, constantes y duraderas que se conocen.

¡Gracias Sor Adelaida!

Fotos by Mad Hatter, para que veáis que el cedro, el convento abandonado y la ermita existen, si bien la historia y los nombres son inventados, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


martes, mayo 17, 2011

ATRACCIÓN FATAL FLORAL









Un día de comienzos de primavera, en uno de mis muchos paseos campestres de juventud, descubrí con asombro un extraño vástago de color verde pálido que se erguía entre las hierbas de un prado, se trataba de un laxo racimo de flores de color pardo oscuro que se engarzaban de forma dispersa sobre un tallo vertical. Rápidamente, me acerqué para examinar las flores con mayor detalle y vi que estaban formadas por unos pequeños pétalos de color verdoso, excepto el situado en el centro, apuntando hacia abajo, que era más grande y abombado, de color marrón, con una textura mate aterciopelada, con algunos pelos más largos situados en unas extrañas protuberancias y con una curiosa mancha en forma de “H” gótica en el centro, de color gris azulado metálico, de forma que parecía como si aquella extraña flor simulase que ella misma estaba siendo permanentemente visitada por un insecto peludo, similar a una abeja ¡Si hasta parece tener ojos!

Intrigado por aquella misteriosa flor, estuve mucho tiempo buscando en los libros de botánica que pude encontrar (entonces no había internet), hasta que un buen día, en una guía de flores y plantas de la Península Ibérica que tenía unas bonitas fotografías, la encontré “¡Ésta es! ¡Por fin!” Su nombre científico es Ophrys sphegodes (ver primera foto) ¡Una orquídea! Y su nombre vulgar “Flor araña” u “Orquídea araña temprana” (“Early Spider Orchid” en inglés), y estaba junto a otras de aspecto parecido a las que se denominaba genéricamente “Abejeras” (Ophrys apifera, en la 4ª foto) “¡Claro! ¡Si es que tienen todo el aspecto de abejas posadas en una flor¡ ¿Cómo se iban a llamar si no?”.

Aquel descubrimiento me causó una gran impresión, ya que entonces no sabía que había orquídeas en la flora europea, pensaba que eran unas vistosas y exóticas flores propias de las selvas tropicales, pero resulta que sí, que en los relativamente fríos prados y bosques de España, al igual que en todas las zonas templadas del hemisferio Norte, también hay orquídeas silvestres, eso sí, mucho más pequeñas y discretas que las tropicales, y la mayoría de ellas pasan gran parte del año enterradas en el suelo, en forma de pequeños tubérculos de los que, a finales del invierno, emerge una modesta roseta de hojas a ras del suelo. Y, además… ¿Para qué diablos puede pretender una flor el tener siempre una abeja encima?

Con el tiempo, fui descubriendo muchas más especies de orquídeas, ya que La Rioja es muy rica en taxones de esta familia (Orchidaceae), incluso, no hace mucho tiempo (en 1999) el fotógrafo y orquidólogo Carlos Enrique Hermosilla encontró en esta Comunidad Autónoma una nueva especie para la Ciencia, a la que denominó “Ophrys riojana” (en la segunda foto).

Como suele suceder, al mismo tiempo que las conocía, aprendí a respetar estas plantas, ya que me di cuenta de que son bastante raras y escasas, y tardan mucho tiempo en desarrollarse (algunas especies precisan de 17 años desde que cae la semilla al suelo hasta que emiten la primera flor), por lo que no se deben cortar ni arrancar, ni tampoco se pueden trasplantar para ponerlas en el jardín o en una maceta de casa, ya que las raíces de todas ellas están asociadas a unos hongos específicos del suelo en el que viven, de los que dependen tanto para alimentarse como para que germinen sus pequeñísimas y numerosísimas semillas (cada flor produce entre 10.000 y 15.000 semillas microscópicas). Dichos hongos tienen unos requerimientos ecológicos muy estrictos, por lo que ni ellos ni sus hospedadoras, las orquídeas, sobrevivirían a un trasplante casero convencional.

El género al que pertenecen las “Abejeras”, las “Flores araña” y similares fue denominado por Linneo en 1753 como Ophrys, palabra griega que significa “ceja”, no se sabe muy bien por qué, quizás por esa confluencia de pilosidad y ojos que se aprecia en muchas de las especies que integran este género. Éstas tienen un peculiar sistema de polinización a través de los insectos, pero no de la forma habitual, mediante la oferta de néctar (alimento), sino que lo que ofrecen a cambio de que transporten su polen es ni más ni menos que… sexo. Para ello, la flor simula ser la hembra de una abeja solitaria, al objeto de que los machos, al intentar copular con el falso insecto vegetal, recojan los sacos polínicos (polinios) de una flor y los trasladen hasta el estigma de la siguiente. Para llevar a cabo este sofisticado engaño, el labelo central de la flor tiene la apariencia (forma, color y pilosidad) de la hembra de una especie concreta de abeja solitaria, incluso segrega un aroma similar a las feromonas de atracción sexual de estos himenópteros, y hace coincidir la época de floración con el momento en el que emergen los machos de las abejas, antes de que lo hagan las hembras, de forma que éstos acuden ansiosos a intentar copular con los señuelos florales de falsas hembras, hasta el punto de que a veces se producen verdaderas orgías (ver octava foto). Sin embargo, al poco tiempo, los machos, decepcionados, aprenden a rechazar a las perversas flores y se dedican a buscar a sus verdaderas hembras que, más avanzada la primavera, ya empiezan a volar.

De esta forma, cada especie de orquídea es polinizada por una o a lo sumo tres especies de insectos, lo cual está siendo utilizado para identificar nuevas especies de orquídeas, así como para dudar de la autenticidad de algunos de los taxones propuestos, es decir, dos orquídeas aparentemente idénticas, en base a sus características visuales, pueden pertenecer a especies distintas por el hecho de que emitan aromas distintos que atraigan a diferentes especies de insectos polinizadores; y viceversa, dos especies de orquídeas catalogadas como distintas podrían ser realmente la misma especie por el hecho de ser polinizadas por la misma especie de insecto, tal y como sucede con las denominadas “Espejo de Venus” (5ª foto), unas bellas Ophrys de las que se han descrito dos especies: O. specullum (= O. ciliata) y O. vernixia, muy parecidas entre sí, habiéndose comprobado recientemente que ambas son polinizadas por la misma especie de himenóptero: Dasyscolia ciliata.

Ciertamente, la taxonomía de esta familia es harto compleja y conflictiva. Atraídos por la sofisticación y el misterio que envuelve a estas bellas flores, así como por el prestigio que supone ponerle nombre a una nueva especie y que tu apellido figure junto al nombre científico propuesto, hay numerosos expertos y autores que se empeñan en descubrir o identificar nuevas especies, muchas veces en base a características insignificantes y que suelen presentar una gran variabilidad, incluso entre individuos de la misma población o de poblaciones muy próximas entre sí.

La cosa se complica aún más cuando, a pesar de estos selectivos y complicados mecanismos de polinización y reproducción, cada año se están descubriendo nuevos híbridos entre las distintas subespecies, especies, grupos, secciones e incluso géneros existentes.

Por estos motivos, una de las máximas autoridades botánicas y taxonómicas en España, como es el Consejo Científico Asesor de la obra “Flora Ibérica”, no ha reconocido muchas de las numerosas especies, microespecies o subespecies que se han propuesto y se están proponiendo.

Por ejemplo, volviendo a mi entrañable “Orquídea araña temprana” (Ophrys sphegodes), así llamada porque suele florecer muy tempranamente (finales de marzo a primeros de mayo), la mayoría de los expertos están de acuerdo en considerarla un grupo o “macroespecie”, dentro de la Sección Ophrys del género del mismo nombre, la cual agrupa a las especies cuyos insectos polinizadores se colocan con la cabeza hacia dentro, es decir hacia la columna o centro de la flor (polinización cefálica, ver sexta foto), en contraposición a las de la Sección Pseudophrys (Godfery 1928), en las que el insecto se coloca con la cabeza mirando hacia fuera, hacia el extremo distal del labelo, con lo que transporta los polinios sobre el abdomen (polinización abdominal, ver fotos séptima y octava). Si bien, algunos autores dividen el género Ophrys en un mayor número de secciones y sitúan a este grupo dentro de las Sección de las “Orquídeas araña” (Araniferae Reichembach fil. 1851). De manera que, dentro del grupo de O. sphegodes, se han descrito numerosas especies, subespecies o “microespecies”, tales como:

O. riojana C. E. Hermosilla (segunda foto). Insectos polinizadores: Andrena (Melandrena) nigroaenea y Andrena limbata. Para algunos autores esta especie no estaría dentro del grupo de O. sphegodes sino del de O. provincialis. Según Pierre Delforge, se trataría de un nombre sinónimo de O. quadriloba (Rchb. Fil.) E. G. Camus, mientras que el propio Hermosilla la considera una especie afín a O. argentaria J. & P. Devillers-Terschuren, especie endémica de la provincia italiana de Grosseto.

O. virescens Philippe ex Grenier (= O. aranifera ssp litigiosa var. virescens (Grenier) E.G.C.). Polinizador probable: Andrena nigroaenea.

O. araneola Rchb F. (= O. sphegodes ssp. araneola (Rchb. F.) M. Lainz = O. litigiosa E. G. Camus). Polinizador confirmado: Andrena combinata.

O. sphegodes Miller (= O. aranifera Hudson, en la primera foto). Polinizadores confirmados: Andrena nigroaenea ssp. nigrosericea, A. limbata y A. bimaculata ssp. lichata. Para algunos autores el grupo de O sphegodes estaría constituido únicamente por estas 3 últimas especies: O. virescens, O. araneola y O. sphegodes.

O. passionis Sennenn ex Devillers-Tersch. & Devillers (= O. sphegodes ssp. passionis (Sennenn) Sanz & Nuet). Polinizador confirmado: Andrena carbonaria (ver sexta foto).

O. aveyronensis (J.J. Wood) P. Delforge (= O. sphegodes ssp. averyonensis J.J. Wood). Polinizador confirmado: Andrena hattorfiana. Se trataría de uno de los taxones con caracteres más definidos, reconocible por presentar sépalos y pétalos laterales de color rosa intenso, labelo de apariencia poligonal y color rojizo, con mácula variable, desde escudo hasta “H”. Descrita en el Sur de Francia y citada de algunos puntos del centro norte de España.

O. castellana J. Devillers-Terchuren & P. Devillers. Polinizador probable: Colletes cunicularius. Curiosa raza que tolera sustratos húmedos, algo muy raro en este género propio de suelos calizos, más bien secos, en pastos y terrenos abiertos con exposiciones más bien soleadas. Con tépalos blanquecinos o algo rosados y con floración relativamente tardía (mayo-junio). Se distribuye principalmente por el Sistema Ibérico.

O. incubacea Bianca ex Tod. (= O. aranifera ssp. incubacea (Bianca) Soó = O. atrata Lindl.= O. sphegodes ssp. atrata Lindl. Ex A. Bolòs, ver tercera foto). Polinizador confirmado: Andrena (Melandrena) morio ssp. lugubris.

O. occidentalis G. Scappaticci & M. Demange (= O. arachnitiformis ssp. occidentalis G. Scappaticci & M. Demange) P. Delforge). Polinizador confirmado: Colletes cunicularius. Para algunos autores estas 5 últimas especies (O. passionis, O. aveyronensis, O. castellana, O. incubacea y O. occidentalis) conformarían el grupo de O. incubacea.

O. arachnitiformis Gren. & Phillippe (= O. aranifera ssp. arachnitiformis (Gren. & Phillippe) E. G. Camus). Polinizador confirmado: Colletes cunicularius. Para algunos autores esta especie estaría dentro del grupo de O. exaltata.

Como acabamos de ver, es tremenda la complejidad taxonómica y el follón de nombres que hay en esta sección, grupo, especie o lo que sea. Además, si os molestáis en buscar fotos de las especies o subespecies mencionadas, veréis que todas son parecidísimas entre sí, y la mayoría resultan prácticamente indistinguibles, para el común de los mortales.

Parece como si, con estas bellas y pequeñas orquídeas, la madre Naturaleza hubiese pretendido desafiar las leyes habituales de la taxonomía, máxima expresión del afán clasificatorio y encasillador del ser humano, no exento de su buena dosis de ego y arrogancia.

Fotos 1, 2, 3, 4 y 5 by Mad Hatter, el resto están prestadas de internet: 1ª) Ophrys sphegodes (Ausejo, La Rioja). 2ª) Ophrys riojana (Logroño, La Rioja). 3ª) Ophrys incubacea (Nieva, La Rioja). 4ª) Ophrys apifera (El Rasillo, La Rioja). 5ª) Ophrys speculum (Logroño, La Rioja). 6ª) Ophrys passionis siendo visitada por su único polinizador específico, el himenóptero Andrena carbonaria, que muestra los polinios en la cabeza. 7ª) Ophrys bilunulata Risso (= O. fusca ssp. bilunulata (Risso) Kreutz) polinizada por Andrena flavipes. 8º) Ophrys de la sección Pseudophrys siendo polinizada a la vez por 3 machos de abeja solitaria.

viernes, mayo 06, 2011

EL VUELO IMPOSIBLE DEL ABEJORRO






Sorprende comprobar como algo tan ancestral y aparentemente tan sencillo como es el vuelo de un rechoncho y peludo abejorro, no ha podido ser medianamente entendido por el intelecto humano hasta que, en el año 2001, el profesor Michael Dickinson de la Universidad de California en Berkeley publicó en la revista, Scientific American su trabajo titulado “Solving the Mystery of Insect Flight” (“Resolviendo el Misterio del Vuelo del Insecto”).

Desde 1934, los científicos y los ingenieros han empleado la teoría aerodinámica, basada en las ecuaciones de Navier-Stokes (formuladas a principios del siglo XIX), para diseñar las aeronaves de ala fija con las que hemos conseguido volar y viajar a largas distancias. Sin embargo, estos principios aerodinámicos no son aplicables a los insectos, ya que éstos agitan y rotan sus alas flexibles en un promedio de 300 a 400 golpes por segundo ¡Más de diez veces más rápido que el índice de accionamiento del sistema nervioso! El abejorro logra esta gran velocidad en sus alas simplemente al contraer y relajar algunos músculos de su tórax. Adicionalmente, las variaciones en los patrones de aleteo producen diferentes fuerzas aerodinámicas que desconciertan los análisis matemáticos. Las alas del insecto no se mueven como las puertas con bisagras simples, sino que la punta de cada ala traza un óvalo delgado en un ángulo brusco. Además, las alas “abanican” durante cada golpe, de forma que el lado superior del ala mira hacia arriba durante el golpe inferior y mira hacia abajo durante el golpe superior.

Es decir, resulta que el vuelo del abejorro de sencillo no tiene nada, sobre él se han vertido ríos de tinta y aún se está estudiando su enorme complejidad, que el profesor Dickinson resumió concluyendo que los insectos producen una fuerza de elevación que básicamente se fundamenta en la conjunción de 3 fenómenos simultáneos: la pérdida retardada de sustentación, la captura de la estela y la circulación giratoria (para los que quieran indagar más sobre el tema, se puede encontrar mucha más información en internet).

Pero ahora me pregunto ¿Por qué los abejorros son tan peludos y rechonchos? Esos abejorros peludos que vemos volar entre las flores de las regiones templadas y frías del planeta, a partir de la más temprana primavera, pertenecen casi todos ellos al género Bombus, concretamente el que aparece en las fotos de arriba es el denominado Abejorro leonado (Bombus moscorum), que excava en el suelo del bosque un nido subterráneo en el que construye unas rudimentarias y toscas celdas de cera, en las que la reina pone los huevos, de los que nacen unas larvas que son alimentadas con la miel que fabrica un pequeño grupo de obreras, a partir del néctar y el polen que laboriosamente recolectan de las flores.

Con la llegada de los fríos, a finales del otoño, toda la colonia muere excepto la última reina que ha sido fecundada por los machos antes de sucumbir, la cual hiberna en el interior del nido subterráneo. De forma que, a comienzos de la primavera, cuando empiezan a abrirse las primeras flores (violetas, prímulas, narcisos, búgulas y pulmonarias) y las mañanas son aún francamente frías, las aguerridas y valientes reinas de Bombus salen de sus nidos, en los días soleados, abrigadas con su grueso abrigo de pieles y con el combustible de las reservas que acumularon durante el verano pasado en sus rechonchos cuerpos, para libar ansiosamente el dulce néctar de estas flores tan tempraneras, casi en exclusividad, debido a que son prácticamente los únicos insectos capaces de volar y de libar néctar con sus largas lenguas, a unas temperaturas tan bajas.

Otras especies de Bombus, además, lucen en sus abrigos un diseño a base de rayas amarillas, negras, anaranjadas y blancas (similar al de otros himenópteros como abejas y avispas) con el que disuaden a sus enemigos, advirtiéndoles de la dolorosa picadura de su aguijón.

En fin, espero haber arrojado algo de luz sobre algunos de los misterios que rodean a estas maravillas aladas de la bioingeniería natural.

¡Disfrutad de la primavera!

Fotos by Mad Hatter: 1) Abejorro zapador (Bombus pascuorum) sobre flores de Arvejilla de monte (Lathyrus montanus). 2) Abejorro zapador sobre Búgula (Ajuga reptans). 3) Flores de Pulmonaria (Pulmonaria longifolia). 4) Flores de Narciso silvestre (Narcissus triandrus).

lunes, mayo 02, 2011

HIEDRA VENENOSA







La Hiedra venenosa o “Poison Ivy” (Rhus radicans) es una planta trepadora de la familia de las anacardiáceas (la misma que los pistachos), bastante común en el Este de Estados Unidos de Norteamérica, que se caracteriza por producir una dolorosa urticaria en la piel al ser tocada, similar a la que producen nuestras más cercanas y conocidas ortigas (Urtica dioica). Por cierto, hay que decir que los pelos urticantes de las ortigas se neutralizan al hervir la planta en agua durante unos minutos, resultando una excelente verdura, similar a las espinacas, muy rica en magnesio, hierro, potasio, calcio y otros minerales.

En la Península Ibérica habita otra especie del género Rhus, se trata del Zumaque (Rhus coriaria), un arbusto de poco más de un metro de altura que crece en las zonas de clima mediterráneo, es venenoso y se cultiva en algunos países para obtener taninos con los que curtir el cuero.

Resulta curioso como muchas plantas son utilizadas por el ser humano, incluso para su propia alimentación, a pesar de ser tóxicas, venenosas o urticantes. Volviendo a Estados Unidos, allí es popular el cultivo y consumo de una gran hierba poligonácea (misma familia que la acedera y la romaza) denominado Ruibarbo (Rheum rhabarbarum), originario de Ucrania, es muy cultivado en el centro y norte de Europa, así como en Canadá y Estados Unidos. Sólo se recolectan y se comen los pecíolos de sus grandes hojas, de un color más o menos rojizo (ver tercera foto), según las distintas variedades. Tienen un sabor agridulce característico y con ellos se hacen mermeladas, compotas, tartas, pasteles y también se cocinan como guarnición en guisos de carne. La lámina verde de las hojas es tóxica debido a su gran contenido en ácido oxálico, por lo que la recolección de los pecíolos debe realizarse antes del mes de junio, ya que con el paso del tiempo éstos van adquiriendo cierto contenido en toxinas y una mayor dureza, por lo que dejan de ser aptos para el consumo. En cualquier caso, no se recomienda su ingestión por parte de las mujeres embarazadas.

Mucho más conocido en la Península Ibérica es el Gamón (Asphodelus albus), una hierba liliácea vivaz que, cada primavera, a partir de sus rizomas subterráneos, emite unas verdes y largas hojas puntiagudas, con la sección transversal en forma de “V”, de cuyo cogollo emerge en el mes de mayo un largo vástago con un compacto racimo de vistosas flores blancas en su extremo (ver quinta foto).

El Gamón habita en muy diversas zonas, principalmente en claros de bosques (pinares, encinares, robledales y hayedos), así como en los matorrales y pastos que resultan de su degradación. Debido a que es tóxica en crudo, es respetada por los animales herbívoros, de manera que su excesiva abundancia suele ser un claro síntoma de sobrepastoreo. Sin embargo, en algunas zonas (País Vasco y Navarra) fue muy consumida en el pasado (hasta los años 50 se comercializaba en el mercado de San Sebastián) como “puerro silvestre”, ya que la sustancia tóxica (asfodelina) que poseen se elimina total y fácilmente con la cocción. El cogollo alargado y blanquecino o amarillento, formado por la parte basal de las hojas y el vástago floral, al comienzo de su brotación en primavera (ver quinta foto), una vez pelado, limpio y cocido, queda muy tierno, tiene un agradable sabor, y con él se pueden hacer purrusaldas, tortillas y todo tipo de guisos en los que se utilicen habitualmente los puerros.

En crudo, debido a la asfodelina, los gamones producen una aceleración del ritmo cardíaco y taquicardia, que, en dosis elevadas, puede producir la muerte por ataque cardíaco. Pero, según asegura la bibliografía consultada, bien cocidos nunca han producido ningún problema de salud asociado a su consumo. El otro día me atreví a probarlos, la primera vez, por temor a la asfodelina, quizás los cocí demasiado (15 minutos), pero la segunda vez comprobé que con 6 minutos de cocción es suficiente para que queden tiernos y totalmente inocuos. Tienen un sabor intermedio entre el espárrago y el puerro, aunque más suave. Lo que más me gustó fue la parte superior y tierna del “espárrago” floral, que tiene un ligero y agradable matiz dulce. Para apreciar mejor su sabor, simplemente los cocí y los aliñé ligeramente con unas pocas hojas y flores de Aliaria o Hierba de ajo (Alliaria petiolata = A. officinalis), un poco de sal, vinagre y aceite de oliva (ver última foto).

De postre, me tomé el pastel de ruibarbo con fresas que veis en la cuarta foto y que había preparado unos días antes.

Por si surgen dudas al respecto, debo decir que esta cena tan peculiar me sentó estupendamente, si bien lo cierto fue que aquella noche soñé que asistía a un concierto de un grupo igualmente peculiar como son los “Cramps”, realizado en la calle, por la noche, al aire libre, en el que Lux Interior vestía un impecable traje de color marfil con camisa y corbata azul cielo y cobalto, y a su izquierda se contoneaba una sensual Poison Ivy peinada con trencitas a lo Bo Derek, con vestido minifaldero en colores negro, granate y rojo, medias de redecilla negras, liguero rojo y manoletinas a juego, con lentejuelas en brillos rojos. El concierto iba a las mil maravillas, hasta que, de repente, irrumpieron en el escenario algunos “rodies” a todo correr, cogieron a Ivy y se la llevaron en volandas mientras gritaban “¡Hay que salir pitando! ¡Ya están aquí!” Instantes después, descendieron del cielo una especie de jinetes extraterrestres con asimétricos y extraños rostros de color dorado, cabalgando a lomos de alargadas y sofisticadas aspiradoras voladoras, barriendo las calles y llevándose por los aires a algunos aterrorizados espectadores, entre los que me encontraba yo. Noté una suave presión que me asía por el brazo izquierdo y por la espalda, mientras escuchaba una aterciopelada voz femenina que trataba de tranquilizarme diciendo “No temas, relájate y disfruta del viaje”. Entonces vi que el suelo y las luces de la ciudad se alejaban de nosotros cada vez a mayor velocidad, pero no notaba ningún rozamiento ni ráfaga de viento, ya que algún tipo de escafandra o carenaje transparente debía protegernos,… Y entonces fue cuando me desperté. Pero seguro que no tuvo nada que ver con mi sanísima cena vegetariana.

Resuenan en el sombrero: “Stalkin´”.- Duane Eddy (New York (USA), 1958) y “That Certain Female”.- Charlie Feathers (Memphis (Tennessee), 1974). Unas canciones que seguro que han formado parte de los mejores sueños de Poison Ivy:




Fotos by Mad Hatter, excepto las 3 primeras bajadas de internet: 1ª) Hiedra venenosa (Rhus radicans). 2ª) Zumaque (Rhus coriaria). 3ª) Hojas de Ruibarbo (Rheum rhabarbarum). 4ª) Pastel de ruibarbo y fresas. 5ª) Brotes de Gamón (Asphodelus albus). 6ª) Plato de gamones cocidos con Aliaria.

martes, abril 26, 2011

CEREZOS Y CIRUELOS SILVESTRES









La Rioja, aunque pequeña, es una Comunidad Autónoma que presenta una gran diversidad de climas y suelos, por lo que en ella habitan numerosas especies de flora. Uno de los géneros mejor representados, dentro de la familia de las Rosáceas, son los Prunus, es decir los cerezos y ciruelos en sus múltiples especies silvestres, de las que voy a apuntar unas breves notas, empezando por las más comunes y terminando por las más raras y escasas:

En las orlas espinosas de los bosques, setos y ribazos de los cultivos encontramos al popular Endrino (Prunus spinosa), un pequeño ciruelillo de porte arbustivo y duro ramaje espinoso, con cuyos frutos azulados, las endrinas, se fabrica el famoso patxarán, dejándolas macerar en anís.

El endrino es conocido desde la antigüedad como planta medicinal y alimenticia. Han sido hallados huesos de endrina en antiguas ciudades lacustres del neolítico.

Las flores del endrino contienen glucósidos, taninos, vitamina C, azúcar y pigmentos. Sus propiedades son, sobre todo, diuréticas, con un ligero efecto laxante. Los frutos contienen mayormente taninos y ácidos orgánicos, cuando están secos tienen propiedades astringentes y algo laxantes. Se emplean contra afecciones de las vías urinarias y de la vejiga, así como en trastornos digestivos. Los frutos frescos sirven para la fabricación de jugos, jarabes y licores como el patxarán. La tintura de endrinas tiene aplicaciones sudoríficas, diuréticas y laxantes. En alimentación se emplean para fabricar confituras y mermeladas. Las cortezas y hojas tienen propiedades antiasmáticas y antidiabéticas.

En zonas algo más frescas y húmedas pueden encontrarse algunos endrinos más altos, menos espinosos y con las hojas y los frutos más grandes, que pueden ser Ciruelos (Prunus domestica) asilvestrados o bien verdaderos Ciruelos silvestres (Prunus insititia), cuya diferenciación no resulta fácil, hasta el punto de que a este último se le considera una subespecie del primero (P. domestica ssp. insititia). Para complicar aún más la cosa, resulta que hay alguna especie de Ciruelo silvestre que también se cultiva, como es el caso del llamado Ciruelo de Damasco o Mirabel (P. insititia var. syriaca).

En los bordes y claros de bosques mixtos, hayedos, robledales y pinares encontramos al Cerezo silvestre (Prunus avium), cuyas pequeñas y ácidas cerezas son mucho más apreciadas por los pájaros que por las personas, si bien durante los últimos años se están realizando bastantes plantaciones (ver fotos 2ª y 3ª) con esta especie debido a que su crecimiento es relativamente rápido y a que tiene una tendencia natural a desarrollar una serie de características que contribuyen a su idoneidad como especie productora de madera de calidad, tales como: la dominancia apical de su porte, la longitud, limpieza y rectitud de su fuste, y la calidad y belleza de su madera; características éstas que están siendo potenciadas mediante labores de selección o mejora genética, habiéndose obtenido clones que pueden cortarse a un turno comprendido entre los 35 y 40 años, si bien lo más habitual en la mayoría de los terrenos es que el diámetro óptimo comercial no se alcance hasta los 45 ó 60 años de edad.

Este árbol también tiene usos medicinales. Tanto los pedúnculos como las hojas tienen aplicaciones en el tratamiento de las bronquitis y contra las diarreas. También poseen excelentes propiedades diuréticas, carminativas, sedantes y refrescantes. El jugo fresco de los frutos es antianémico, rico en hierro y calcio, adecuado igualmente en los trastornos hepáticos. Las sustancias que integra esta planta son sobre todo taninos; contiene una importante esencia polinífera y melífera. Las hojas suelen formar parte de la composición de tisanas adelgazantes. Las cerezas maduras sirven además para la preparación de jarabes, para mejorar el sabor de ciertos remedios y hacerlos más asimilables. Esta planta también se utiliza en la conservación de los pepinillos. El gusto es amargo y astringente.

Al margen de sus usos comerciales, lo cierto es que los cerezos silvestres confieren una gran belleza a los paisajes en los que habitan, tanto en primavera, debido a su abundante floración blanca (ver primera foto), como en otoño, por los vivos colores rojizos que adquieren sus hojas (ver 3ª foto).

En el extremo opuesto, no en lo referente a la belleza sino a que presenta un porte achaparrado, retorcido y muy ramificado, poco apto para usos madereros, tenemos al llamado Cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb), propio de los barrancos y pies de cantiles rocosos calizos, en climas con una mayor influencia mediterránea. Tiene unas pequeñas cerezas agrupadas en pequeños corimbos, de color negro al madurar, que sólo son comidas por la fauna silvestre, aunque, debido a su gran rusticidad, es muy utilizado como portainjertos de variedades de cerezos cultivados por su fruto.

También de porte más bien arbustivo, ya que suele vivir en lo alto de las montañas, casi en el límite superior del arbolado, junto a torrenteras, arroyos y canchales húmedos, vive el denominado Cerezo de racimo o Cerezo aliso (Prunus padus), muy escaso en La Rioja. Sus pequeñas cerezas también son negras al madurar y están agrupadas en largos racimos. De la semilla procedente de los escasos ejemplares silvestres encontrados en la Sierra de la Demanda se ha obtenido casi un centenar de plantas (ver 5ª foto) que han sido plantadas en zonas apropiadas de la Sierra, si bien, a pesar de la protección brindada, la supervivencia de los plantones ha sido muy escasa, debido a la elevada presión ejercida por los herbívoros, tanto silvestres (cérvidos) como domésticos (ganado). En la sexta foto se puede ver unos de los pocos ejemplares que, de momento, está logrando sobrevivir.

Por último, también en lugares húmedos pero más protegidos de los vientos fríos del Norte, tenemos a un gran arbusto o arbolillo de hoja perenne, una reliquia de las laurisilvas del Terciario, se trata del denominado Loro o Laurel de Portugal (Prunus lusitanica), especie propia de los "canutos" gaditanos, los barrancos húmedos y templados de la costa atlántica, de algunas sierras del centro y sur peninsular, el Atlas marroquí y también está presente (la subespecie hixa) en las actuales laurisilvas de las Islas Canarias. En La Rioja, es extremadamente rara, motivo por el que ha sido declarada especie en peligro de extinción (Decreto 59/1998) al igual que en el País Vasco, más recientemente. En la Comunidad riojana, tan sólo se han encontrado tres ejemplares silvestres, junto a un arroyo del Alto Najerilla, de los que únicamente fructifica uno del que se obtuvieron unas 2.000 plantas (ver 7ª foto), procedentes tanto de esquejes como de semillas, entre los años 1998 y 2000, las cuales fueron plantadas durante los años 2002 a 2004 en zonas potencialmente apropiadas para el desarrollo de la especie. Este año se va a hacer un inventario de los ejemplares que han sobrevivido, así como de las principales causas de mortalidad de la especie. En la octava y última foto puede verse al único ejemplar procedente de esqueje (un clon del único ejemplar que fructifica) que sobrevive en la actualidad, mide 12 mm de diámetro en la base, 34 cm de altura y tiene 34 hojas, como puede comprobarse, el crecimiento es muy lento en los pobres suelos rocosos y en el frío clima de la Sierra de la Demanda.

Fotos by Mad Hatter: 1ª) Flores de Cerezo silvestre (Prunus avium) y Manzano cultivado (Malus domestica). 2ª) Plantación de Cerezo (P. avium) para madera, de 2 años de edad (savias). 3ª) La misma plantación de cerezo con 8 savias. 4ª) Frutos de Cerezo de racimo (P. padus). 5ª) Plántula recién germinada en vivero de P. padus. 6ª) Planta de P. padus de 8 años de edad (savias) protegida con ramaje de arbustos espinosos. 7ª) Planta de Loro (P. lusitanica) de 4 savias, obtenida en vivero, por germinación de semilla. 8ª) Planta de P. lusitanica de 14 savias, procedente de un esqueje del único ejemplar que fructifica en La Rioja, la cual ha sido reintroducida en su hábitat de origen.

Resuena en el sombrero: El susurro producido por las hojas de los cerezos silvestres al ser mecidas por el viento (El único grupo musical que me ha venido a la mente son los “Virgin Prunes”, pero resultan demasiado tétricos para ilustrar esta entrada).

lunes, abril 11, 2011

DESCUBRIMIENTO EN EL CAMINO





Aunque la época en la que más fructifican las setas es el otoño (sobretodo durante el mes de noviembre), ya hemos comentado en diversas ocasiones que en primavera, tras las lluvias y con los primeros calores, también suelen salir algunas especies, siendo las más conocidas las Colmenillas (Morchella), la Seta de chopo (Agrocybe aegerita, cuarta foto) y la Seta de San Jorge o Perretxico (Calocybe gambosa).

Con respecto a las Colmenillas, recientemente se ha descubierto que no son tan excelentes e inocuas como se creía, ya que, consumidas en fresco, aunque estén bien cocinadas, pueden producir en determinadas personas el denominado “síndrome cerebeloso”. Los síntomas de este síndrome aparecen al día siguiente de la ingesta, con una sensación de malestar, mareos, temblores, falta de equilibrio, inestabilidad al andar o estar de pie y falta de coordinación motora que impide la manipulación de cualquier objeto. Dependiendo del grado de afección, estos síntomas pueden durar de unos días a varias semanas. De momento, se desconoce la sustancia implicada en esta intoxicación, y no han sido aisladas especies concretas dentro del género Morchella, pero se cita un caso en 1979 con esta sintomatología debido a M. esculenta. Por lo tanto, es conveniente desecar estas setas antes de rehidratarlas para cocinarlas (nunca comerlas en crudo) e ingerirlas en pequeñas cantidades y de forma esporádica, lo cual no resulta difícil en este caso, al tratarse de setas escasas y muy buscadas (yo sólo las he probado en dos ocasiones).

El otro día, recolecté varios carpóforos de una seta desconocida para mí, que crecía en el borde de un camino, junto a unas zarzas y cerca de unos chopos. A primera vista, con ese color marrón oscuro y aspecto viscoso (primera foto), no parecían demasiado apetecibles, pero, una vez lavadas y cortadas (segunda foto), tienen una pinta agradable, parecida a la de las Tricholomas.

Tras no pocas búsquedas, deliberaciones y consultas a sociedades micológicas, vía internet, he conseguido identificar el género y la especie, se trata de Lyophyllum decastes (= L. aggregatum), que se caracteriza por crecer formando grupos de bastantes ejemplares, con los pies fusionados en la base, formando corros, y por tener la carne elástica. El sombrero es de color pardo grisáceo o pardo ocre, con algunas fibrillas innatas, de perfil convexo a aplanado pero frecuentemente giboso o irregular, puede llegar a tener 12 cm de diámetro, con cutícula brillante y algo viscosa en tiempo húmedo, pero ligeramente arrugada y con una fina pubescencia blanquecina hacia los bordes, al secarse. Las láminas son cremosas, ligeramente decurrentes y medianamente prietas. El pie es de color blanquecino o cremoso, difuminado de marrón hacia la base, con frecuencia curvado, a veces excéntrico, fibroso-cartilaginoso. Pero lo más característico es su aroma a alubias verdes frescas, siendo su sabor suave y agradable, por lo que es muy buena comestible.

Fructifica generalmente en otoño, pero con menor frecuencia también puede aparecer en primavera. Vive en zonas donde hay madera enterrada, siendo más frecuente en los bordes de caminos y pistas forestales, en parques y jardines, tanto bajo caducifolios como bajo coníferas. Aparece formando ramilletes de muchos individuos siendo una especie común, que se conoce como “Babosa” en la Ribera de Navarra y como “Seta de tocón” y “Seta de membrillero” en otras zonas.

Existen otras especies parecidas del género Lyophyllum, como L. transforme, de las que se diferencia porque la carne de L. decastes no ennegrece con el rozamiento, a lo sumo empardece ligeramente, si bien se trata de un problema menor, ya que todas las especies de este género son comestibles. Los hongos, al tener unas esporas microscópicas que pueden permanecer durante mucho tiempo flotando en el aire, suelen tener una amplia distribución, muchos son circumboreales o incluso mundiales, como es el caso de L. decastes.

Las Lyophyllum son poco conocidas y frecuentemente despreciadas en España, pero son muy apreciadas en la cocina japonesa, donde se les conoce como Hatake-Shimeji (L. decastes cultivado en la tercera foto), y hasta han conseguido cultivar una especie micorrizógena como L. shimeji, denominado Hon-Shimeji. L. decastes también es conocido en Méjico, donde se les llama “Clavitos”.

Además de ser comestibles, es posible que L. decastes también tenga uso medicinal, ya que se está estudiando si posee propiedades antitumorales e hipocolesteremiantes.

Lógicamente, tenía que probarlas, así que primero me decidí a cocinar unas pocas, simplemente fritas en aceite de oliva con un pequeño ajete silvestre (muy suave) para poder apreciar bien el sabor de la “nueva” seta, que resultó ser muy agradable, con un fondo de afrutado frescor, aunque quizás lo más destacable de esta especie es su textura y consistencia, crujiente y tierna a la vez, sobre todo el pie que tiene como fibras de suave cartílago que se parten enseguida al morder creando en la boca una sensación agradable, mientras que el sombrero es muy tierno y suave, con la cutícula algo más durita. Pasados un par de días, las preparé de nuevo, esta vez revueltas con huevo y mezcladas con unas pocas setas de chopo, unos trocitos de brócoli y un par de ajetes silvestres, añadiendo un chorro de brandy durante la cocción, para realzar su sabor y ablandarlas un poco, y también quedaron muy ricas.

Esta seta me recuerda en muchos aspectos a la Capuchina (Tricholoma portentosum), incluso, en algún artículo, al Lyophyllum decastes se le denomina “Tricholoma agregado”. Otro Tricholoma parecido es la Negrilla o Ratón (T. terreum), y como diría Superratón: “No olviden supervitaminarse, supermineralizarse y… SUPERLIOFILIZARSE!!! ¡Salud y buen provecho!

martes, marzo 29, 2011

EN LAS FRONTERAS DE LA MÚSICA


Ese ondulado flequillo que luce el vallisoletano Javier Vielba, por encima de su poblada barba, ya me hizo sospechar algo, que confirmé cuando se juntó con el ilustre madrileño D. Fernando Pardo para formar, junto con otros 6 tipos más (!!!) sobre el escenario, el supergrupo “Dos Bandas y Un Destino”, es decir Arizona Baby + los Coronas. Desde el primer momento, presentí que de esa unión podría surgir algo grande. Y es que estos tipos son especialistas en música fronteriza entendida en su más amplia acepción, es decir, se dedican a explorar las infinitas fronteras existentes (o no) entre los distintos estilos musicales, porque es cierto que el “Wish You Where Here” de Pink Floyd tiene algo que evoca los grandes espacios abiertos del Oeste americano, que el bolero de José FelicianoLa Cárcel de Sing Sing” no está tan lejos del “Folsom Prision Blues” de Johnny Cash, y la última y genial sorpresa ha sido descubrir que el “Runaway” de Del Shannon (versioneada también por The Small Faces), en el fondo, es una ranchera, con ese ritmo cadencioso, como un caballo marcando su mayestático paso mientras levanta el polvo del desierto mejicano con sus herraduras. Los característicos teclados sesenteros y esos coros tan agudos y ye-yés son magníficamente sustituidos por unas sonoras y festivas trompetas mariachis ¡El resultado suena mucho mejor que la versión original! Sólo era cuestión de tiempo que el pasado mod de Fernando Pardo (guitarrista de “Sex Museum” y “Los Coronas”) se revolviese en su recalentada sesera, al ser cubierta por un sombrero Stetson.


El otro día, en un documental muy interesante sobre la base neurológica de la música y la actividad cerebral de los músicos, Sting aseguró que, cuando la compuso, “Roxanne” sonaba en su cabeza como un tango, por eso le hizo mucha ilusión cuando el director Baz Luhrmann captó la idea y la incluyó, a ritmo de tango, en la banda sonora original de la película “Moulin Rouge” (2001).

Pero el maestro en explorar las fronteras de la música para contra historias interesantes, de una manera verdaderamente espeluznante, fue sin duda el gran Jonnhy Cash, capaz de hacer que canciones compuestas por artistas tan alejados del country como “Depeche Mode” (Personal Jesus) o “Nine Inch Nails” (Hurt) pudieran servir de banda sonora en algún oscuro western de Clint Eastwood. Y es que, como el propio “Man in Black” dijo en cierta ocasión: “En el fondo, todo proviene del blues”.

Porque, en lo esencial, músicos como Ennio Morricone, John Barry (recientemente fallecido), Link Wray, Dick Dale, Hank Marvin (The Shadows), Nokie Edwards (The Ventures, quien recientemente estuvo en el “Surforama” de Valencia), Freddy Fender y Flaco Jiménez (The Texas Tornadoes), Doug Sahm y Augie Meyers (The Texas Tornadoes y Sir Douglas Quintet), Chris Gaffney (Hacienda Brothers), Gram Parsons, Emmylou Harris, Loretta Lynn (con Jack White), Roger McGuinn (Byrds), Jim Morrison y Ray Manzarek (The Doors), Ray Davies (Kinks), Neil Young, Enrique Urquijo (Los Secretos), Elvis Costello, Bruce Springsteen, Chip Taylor, Joe Strummer, (The Clash), Iggy Pop, Nick Cave, Sid Griffin (Long Ryders, Coal Porters), Maria McKee (Lone Justice), John Doe y Excene Cervenka (X, Knitters), Jason Ringenberg (Jason & the Scorchers), Gordon Gano (Violent Femmes), Mark Olson (Jayhawks), Brian Setzer (Stray Cats), Peter Zaremba (Fleshtones), Deke Dickerson (Untamed Youth), Steve Earle, Kelley Stoltz, etc, etc; así como productores como Rick Rubin (American Recordings) o Kim Fowley (mánager de The Runaways entre otros), en realidad no son tan diferentes, en definitiva, todos ellos han vivido en la misma épocas y han escuchado músicas que nacen del mismo sitio y que se te meten en las tripas de igual forma.

Hablando de música en la frontera, tampoco podía olvidarme de Javier Andréu, Toni Marmota y sus rudos hombres de “La Frontera” ¡Saludos chicos!

Un afectuoso saludo también para mi tocayo Julio Ruiz, quien, durante estas semanas, está celebrando el 40 aniversario de su programa “Disco Grande”, nacido en aquellos tiempos heroicos cuando en un mismo programa de radio se podía escuchar casi cualquier estilo de música (como sucede en este blog) y no había la gran especialización que hay ahora. Está claro que los integradores generalistas “renacentistas” estamos en peligro de extinción, ya lo dice el sabio refranero: “El que mucho abarca poco aprieta”, pero… ¿Quién ha dicho que todo tenga que apretar tanto? (Y que conste que todavía quepo en mis vaqueros gastados de hace 20 años, recuerdos para Dwight Yoakam también ¡Ala!).

Sí, demasiada música resonando en el sombrero.

miércoles, marzo 23, 2011

EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR



¿Os acordáis de Knut? Aquel osito polar que rechazó su madre, en el zoo de Berlín, por lo que tuvo que ser criado por los cuidadores del zoo, tras no pocas polémicas, debido a que una sociedad protectora de animales opinaba que había que sacrificarlo al no poderse adaptar nunca a su medio natural?

Pues resulta que, cuatro años después, Knut ha aparecido ahogado en su piscina del zoo de Berlín, debido a una lesión cerebral, y la pregunta que surge es ¿Detectó la madre osa algún síntoma que le indicase que su cachorro recién nacido padecía una lesión cerebral que le impulsó a rechazarlo por encima del poderoso instinto maternal?

Los seres humanos somos bastante aficionados a jugar a ser Dios, una vez que hemos tomado una decisión que nos parece la correcta, nos empeñamos en ponerla en práctica, haciendo gala de loables virtudes como son el tesón, el ahínco y la perseverancia. Sin embargo, a veces la Naturaleza nos suele dar sutiles avisos de que estamos equivocados o de que, al menos, existen mejores opciones de la que hemos elegido.

Pondré un ejemplo en el sector forestal, que es el que mejor conozco: A veces, por sencillez, comodidad y economía, nos empeñamos en realizar plantaciones monoespecíficas de árboles sobre extensas superficies en las que siempre existe cierta heterogeneidad, ya que, dependiendo de las zonas, puede haber afloramientos rocosos, zonas encharcadizas, vetas calizas, yesíferas o salinas en el suelo, collados venteados o incluso corrientes subterráneas que crean distorsiones electromagnéticas que impiden o dificultan el arraigo y el crecimiento de determinadas especies vegetales. Ciertamente, en ocasiones, estos factores limitantes o condicionantes son muy difíciles de ver y aún más difícil es predecir cuáles van a ser sus consecuencias, por lo que lo más frecuente es que, al cabo de unos años, aparezcan enfermedades o plagas a las que les echamos la culpa del problema, frente al que la respuesta más habitual suele ser buscar en la química un remedio que cure o elimine el problema de raíz, lo antes posible, y para ello no dudamos en realizar esfuerzos en forma de tiempo y dinero que, en la mayoría de las ocasiones, acaban resultando inútiles. Sin embargo, no acostumbramos a caer en la cuenta de que esas patologías suelen ser los síntomas o la forma que tiene la Naturaleza de hacernos ver lo poco naturales que son las actuaciones que pretendemos, al menos en determinadas zonas concretas.

Una enfermedad bastante grave y frecuente en gran parte del mundo (afortunadamente en España es bastante rara) es la pudrición de las raíces de las coníferas producida por el hongo basidiomiceto Heterobasidion annosum, que ataca especialmente los árboles que viven en suelos con PH alto (alcalinos y frecuentemente ricos en calcio), suelos en los que muchas coníferas tienen problemas para desarrollarse de manera óptima, mientras que suelen ser zonas con una alta productividad de pastos (plantas herbáceas, principalmente gramíneas y leguminosas). Indudablemente, para el propietario de una homogénea y densa plantación productora de madera supone un problema que se formen algunos claros sin arbolado, pero lo cierto es que un paisaje de bosque más o menos abierto, según las zonas, y con algunos claros de distintos tamaños y perímetros irregulares resulta mucho más natural, diverso, productivo y adecuado para un mayor número de especies de flora y fauna que pueden habitar en él.

En un entorno más conocido y mediterráneo, algo parecido podría interpretarse de los periódicos ataques que sufren muchas repoblaciones de pinos producidos por las orugas de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), las cuales, por estas fechas, realizan las características procesiones que le dan nombre, para descender de los árboles y enterrarse en el suelo, donde se transforman en crisálidas.

El problema surge cuando, debido a la globalización de la economía y al comercio internacional, organismos exóticos patógenos se ponen en contacto con huéspedes susceptibles que evolutivamente no están preparados para convivir con los nuevos organismos nocivos.

Pero, en términos generales, no pasa nada porque, en ese lugar concreto, finalmente crezca un cardo en lugar del pino pretendido. Si bien, comprendo que en una plantación de melocotones o en un maizal no haya cabida para la existencia de claros “naturales”, debidos a plagas o enfermedades, y se tenga que recurrir a la lucha directa, para la que, afortunadamente, cada vez existen más alternativas y soluciones biológicas o más naturales que los pesticidas y fungicidas químicos tradicionales.

Ya lo dice el sabio refranero: “El que avisa no es traidor” y “Dios aprieta pero no ahoga”. No queramos jugar tanto a ser Dios, porque no tenemos el mismo tacto, ni el mismo cuidado, y a nosotros se nos suele ir la mano y bien nos pasamos o no llegamos.

Fotos: Knut en su segundo cumpleaños (Berlín, 2009); Claro producido por Heterobasidion annosum (Fotografía tomada por el USDA Forest Service, en Texas).

miércoles, marzo 16, 2011

APOCALIPSIS NOW!


Japón, radiactividad, políticos soltando discursos incendiarios en alemán, apocalipsis!!!… Cualquiera diría que, de repente, hemos dado marcha atrás al reloj 66 años (también es casualidad que haya salido un número tan diabólico).

Pero así es la cruda realidad: La inconsciente decisión de poner un montón de centrales nucleares en pleno anillo de fuego del Pacífico podría producir una de las mayores catástrofes de la Historia, en un abrir y cerrar de ojos.

Dicho esto, las declaraciones del Comisario Europeo de Energía, Günther Oettinger, me parecen totalmente fuera de lugar e impropias de un cargo político de ese nivel. Pase lo que pase en Japón y por muy grave que sea la situación, en nada ayuda hablar de “Apocalipsis”, me parece una actitud mezquina de hacer leña del árbol caído, e hipócrita, por salir de labios del representante de la mayor potencia en energía nuclear del mundo. Es algo que sólo conduce a meter aún más miedo a la gente y que puede provocar situaciones de pánico colectivo y hasta suicidios en masa. Por no hablar del insulto que supone para los técnicos y las autoridades niponas, cuando es algo que podría haber sucedido en cualquier país europeo. De acuerdo, aquí es mucho más improbable que haya maremotos y tsunamis, pero ¿Qué pasaría si cayese un meteorito o se estrellase un avión contra la central nuclear de Garoña? Por ejemplo.

Otra cosa que me parece detestable y muy típica de nuestros miopes políticos es el hecho de replantearse, justo en este momento, la seguridad y el futuro de la energía nuclear. Resulta que miles de estudios técnicos y millones de firmas y protestas populares de los ciudadanos durante décadas no han servido para nada, pero cuando un maremoto nos hace ver las orejas al lobo, de repente, en cuestión de segundos hay que replantearse todo ¡Ya! ¿Dónde está la capacidad de previsión? ¿No estarán ustedes improvisando, sesudos y calculadores señores alemanes? ¿Para qué sirven tantos planes, estudios de impacto ambiental, procedimientos y protocolos?

Mis condolencias y solidaridad para el pueblo japonés, en estos momentos tan duros.