lunes, mayo 02, 2016

MADRID Y LOS ÁRBOLES













La ciudad de Madrid es una de las ciudades de Europa con más arbolado urbano, ayer 1 de mayo estuve por allí y aproveché para visitar algunos de sus parques más importantes, como es el caso del Retiro, en el que podemos encontrar uno de los árboles más viejos de Madrid, un Ahuehuete o Ciprés de Moctezuma (Taxodium huegelii = T. mucronatum), que está declarado árbol singular, con un diámetro de 2 m. y una altura de 30, se cree que pudo ser plantado en 1.632 y ser el único árbol que sobrevivió a la destrucción del Retiro en 1808, cuando Napoleón instaló allí su Cuartel General, sirviendo la gran ahorquilladura del árbol para apoyar en ella un cañón.

Actualmente, el árbol está protegido por una valla (5ª foto), siendo su tronco ramificado en forma de candelabro verdaderamente imponente, sus ramas cuelgan péndulas al rededor, mecidas por la brisa y mostrando sus pequeños gálbulos o conos femeninos, aún verdes. En las proximidades, hay una fila de cipreses artísticamente podados y recortados (4ª foto), que forman un conjunto paisajístico de gran belleza (3ª foto).

Pariente cercano de este ciprés monumental, es el llamado Ciprés calvo (Taxodium distichum), propio de los pantanos de Florida y Louisiana, donde la base engrosada de su robusto tronco le permite vivir en terrenos permanentemente encharcados, como los que crecen en el estanque del Palacio de Cristal del Retiro (7ª foto).

Lo que más me gusta de este gran parque, ubicado en pleno centro de Madrid, es la forma en que árboles y personas conviven en armonía (1ª foto), la gente acude en masa durante los días festivos para disfrutar de los beneficiosos efectos terapéuticos del sol y el contacto con la Naturaleza, ya que, además de árboles y otra flora diversa, el parque también es habitado por una numerosa fauna: Desde las juguetonas ardillas, hasta las ruidosas cotorras grises argentinas y de Kramer, pasando por palomas, mirlos, gorriones, estorninos, petirrojos, ruiseñores, patos, cisnes negros, tortugas de Florida y carpas en los estanques.

En el Retiro encontramos 4 niveles de vegetación: En el nivel más alto, están grandes árboles como Pinos carrascos (Pinus halepensis), piñoneros (P. pinea) y Cedros del Himalaya (Cedrus deodara), con ejemplares centenarios que elevan sus copas hasta los 30 ó 40 metros de altura. Por debajo de ellos está el arbolado normal, con alturas entre 10 y 20 metros, siendo las especie predominantes los Castaños de Indias (Aesculus hippocastanum), los Olmos de Siberia (Ulmus pumila), los Plátanos (Platanus x hispanica), las Robinias (Robinia pseudoacacia) y las Sóforas (Styphnolobium japonicum) . Luego estaría el estrato arbustivo compuesto por boj, saúco, aligustres, rosales, photinias y otras muchas especies ornamentales. Para terminar en el suelo cubierto por herbáceas perennes y flores de temporada. Todos estos pisos ayudan a filtrar la poderosa luz mesetaria y contribuyen a crear un ambiente y un microclima más agradable y acogedor, ya que constituye un abrigo que deja pasar el sol y frena los vientos fríos, en invierno, mientras que en verano da sombra y frescor (2ª foto).

Efectivamente, la nítida luz de Madrid es característica y peculiar, parece acentuar los contrastes, como sucede con los Abetos de Masjoan (Abies x masjoannii), un híbrido en el Abeto blanco (A. alba) y el Pinsapo (A. pinsapo), cuyas oscuras copas columnares contrastan con el claro perfil de la Torre de Madrid, el blanco de las estatuas de mármol y la luminosa fachada del Palacio Real (fotos 9ª y 10ª).

Una pena que los Jardines del Campo del Moro no estuviesen abiertos ese día, aunque desde fuera pude contemplar un singular bosquete de enormes cedros centenarios, con más de 40 metros de altura y elegantes fustes de color oscuro.

Terminada mi visita a la Capital del Reino, me dirigí a la Estación de tren en Atocha, convertida en un enorme invernadero (10ª foto), otro buen ejemplo de cómo la vegetación (en este caso tropical) contribuye a crear un ambiente agradable y vivo, junto con el agua de los estanques, una vez más, abarrotados de tortugas de Florida que la gente, de manera insensata e irresponsable, libera en estos lugares cuando se cansa de tenerlas en casa o se hacen demasiado grandes para ser un animal doméstico.

Todas las fotos by Mad Hatter.

Resuena en el sombrero: En mayo Madrid está lleno de vida, aunque también los cementerios suelen estar repletos de árboles. Posiblemente, con esta entrada pegase más un tranquilo y sereno cuarteto de cuerda tocando en algún bello jardín palaciego, pero ya sabéis que a mi siempre me tira más el punk garajero: “Madrid es un cementerio”.- Los Nastys (Madrid, 2014).

sábado, abril 16, 2016

CADA VEZ QUE SALEN





Hace tres años me sorprendía por las extrañas formas que emergían en diferentes terrenos, dos de las cuales pertenecen a unos curiosos hongos de la familia Morchellaceae:

Sobre suelos removidos, no especialmente húmedos, en las zonas bajas del valle, tenemos a la Morchella importuna, la que sale en la 1ª foto, ya está muy madura y ha adquirido una consistencia papirácea, pero observamos su característica mitra cónica de color muy oscuro, casi negro, con alvéolos primarios y secundarios que le otorgan un aspecto ciertamente barroco, que se sustenta sobre un corto y rechoncho pie blanquecino, del quee separa una depresión o “vallécula”.

Mientras que, por contra, a la orilla de un arroyo montano, bajo cerezos y avellanos, surge la rara y enigmática Verpa digitaliformis (2ª foto), de consistencia gomosa, es como un pequeño dedal parduzco, de piel bastante lisa, a lo sumo con algún pequeño pliegue o arruguilla, que se apoya en un esbelto pie de color crema y hueco. Del mismo género tenemos Verpa bohemica (3ª foto) que tuve la suerte de encontrar esta pasada Semana Santa.

Las diferencias entre ambos géneros las expliqué mejor en la referida entrada anterior, al igual que la compleja taxonomía de las Colmenillas. En ambos casos, se trata de unos seres vivos fascinantes que consiguen capturar mi atención cada vez que se hacen visibles sobre la superficie del suelo.

Resuena en el sombrero: “Every Time”.- The Things (Los Angeles (California), 1986).
Todas las fotos by Mad Hatter.

domingo, abril 03, 2016

CEREZOS EN FLOR








La floración de los cerezos siempre ha fascinado a las personas, no hay más que ver la cantidad de gente que va a contemplar ese espectáculo en Japón y en el valle del Jerte.

Este soleado primero de abril se podían ver en el Parque del Ebro de Logroño todos los matices que van desde el rosa-fucsia del comienzo de la floración del ornamental Cerezo de flor (Prunus serrulata), con los jóvenes capullos rodeados de unas bráceas caducas de un bello color verde con reflejos dorados (primera foto), que caerán algo más adelante cuando sus flores se desarrollen por completo y adquieran tonos de rosa más pálidos y casi blancos (segunda foto); hasta los pétalos del blanco más puro, como los que parecen formar una corona circular entre las ramas del Cerezo europeo (Prunus avium) de la tercera foto.

Pero estas vistosas flores no están diseñadas para nuestro deleite, sino que, acompañadas de una considerable secreción de néctar, a quienes pretenden atraer son a los insectos encargados de trasportar el polen de una flor a otra, como el grueso abejorro Bombus de la 4ª foto y el más menudo de color amarillento de la 5ª. En cualquier caso, somos unos auténticos afortunados por poder disfrutar de tanta belleza, de la miel que producen las abejas y de los jugosos frutos a los que darán lugar muchas de estas flores.

Resuena en el sombrero: “Flowers around me”.- The Dentists (Chatham (UK), 1985).

Todas las fotos tomadas por Mad Hatter con el movil.

sábado, abril 02, 2016

30 AÑOS EN EL LÍMITE





La Frontera no hacen country, pero ellos también basan su música en “tres acordes y la verdad”, su estilo podría llamarse “Malasaña Western”.

No en vano, la primera vez que vi a Javier Andreu y Tony Marmota en persona fue en el bar “Más Allá”, del mencionado barrio madrileño, donde en ocasiones compartíamos la mesa de billar americano.

Su éxito se fundamenta en que, hace 30 años, se dieron cuenta que la música de las películas del género western, básicamente instrumental, no sólo compagina perfectamente, sino que incluso refuerza su impacto y su aire fronterizo, cuando se le añaden ingeniosas letras en castellano, que, además, les otorgan una cierta aureola de leyenda, eterna e impercedera.

Podría parecer un contrasenido, pero lo cierto es que la trepidante vida nocturna que bullía por los estrechos callejones del laberíntico barrio de Malasaña, durante los años 80, tenía un cierto paralelismo con las crudas historias que se desarrollaban bajo un sol implacable, en las amplias y polvorientas calles y desiertos del lejano Oeste.

Sobretodo, en lo referente a esas historias de perdedores y otros personajes que viven permanentemente “en el límite del bien y del mal”. Recuerdo que en su día (primeros 80) aquellas letras, repletas de tópicos del western, me resultaban graciosas y algo simples, pero ahora, con el paso del tiempo, me he dado cuenta que lograr esa aparente sencillez y esa tremenda fuerza en el mensaje que te pega directamente en lo más profundo de las tripas, no es nada fácil. Además, con los años, Javier y Tony han ganado en serenidad, aplomo y seguridad sobre el escenario, sin duda mejoran con el tiempo, como el buen bourbon.

Y allí estaba yo, con mi vaso de Jack Daniels con hielo, en la sala “Biribay” de Logroño, llena de gente hasta los topes, la mayoría ya cincuentones o de cuarenta y muchos, disfrutando del show que montaron para celebrar sus 30 años de historia.

A pesar de su parquedad en palabras, Javier llegó a decir:”Somos muy sosos! Qué queréis? Somos de Madrid! Bueno Tony es de Burgos! Cuidado! Aunque es todavía más soso que yo, je, je”. Sin embargo, su conexión con el público fue inmediata, le bastaba una mirada, un ligerísimo gesto, para conseguir que la gente cantase entusiasmada a coro los estribillos de las canciones.

Las que más me gustaron fueron “Volverán los buenos tiempos” y “El Límite”, que son las que resuenan hoy en el sombrero.

lunes, marzo 28, 2016

LA PROCESIÓN DEL AGUA






La procesión más sagrada y trascendental que existe en este mundo es la que realizan las moléculas de agua en su interminable y continuo ciclo hidrológico.

Esta Semana Santa, la trascendencia, espiritualidad y misticismo de esta sagrada procesión del agua, se ha puesto especialmente de manifiesto con imágenes de plantas floreciendo al borde de cursos de agua, en este caso el río Oja y algún pequeño afluente, como el modesto arroyo que desciende por el valle de Valgañón y Zorraquín (La Rioja), en cuyas soleadas orillas las flores azules de los Nazarenos (Muscari neglectum) contrastan con el color rojizo de las carnosas hohas de las Uñas de gato (Sedum sp.) que pueden verse en la primera foto.

Más adelante, ya en el parque ribereño de Ezcaray, junto al río Oja, y más avanzada la tarde, los últimos rayos de sol se reflejan en los blancos pétalos de la común crucífera ruderal Diplotaxis erucoides, con la espuma del bravo río de montaña al fondo (segunda foto).

Poco después, al pie de un sauce aún desnudo de hojas, florece abundantemente una planta parásita, a expensas de la savia del árbol ribereño, se trata de la Lathraea clandestina, cuyos capuchones violáceos también nos recuerdan estas fechas procesionales (tercera foto).

Agua y flores, flores y agua, pocas cosas hay que nos inspiren mayor esperanza, porque, como reza la frase con la que termina el libro “The Nature Principle” de Richard Louv: “No hay alternativa práctica a la esperanza”.

Resuena en el sombrero: Como no he podido encontrar el tema “Ferile Crescent” de los californianos Rain Parade, pongo este otro “Blue” que tampoco está mal (Los Angeles (California), 1984).

lunes, marzo 14, 2016

EL SUELO: LA BASE DE LA VIDA





La formación de suelo es un elemento fundamental para la vida, partiendo de la roca madre, por acción de los meteoros atmosféricos (lluvia, hielo-deshielo y viento), así como por las reacciones químicas y bioquímicas, poco a poco, muy lentamente, en un proceso que puede durar miles de años, se va formando una capa cada vez más profunda de suelo, que permite que vaya arraigando en él una vegetación cada vez más madura y de mayor porte.

Conforme van evolucionando las comunidades vegetales que se establecen sobre un terreno y los ecosistemas que sustentan, el suelo también va madurando, de manera que el desarrollo del arbolado incrementa la porosidad, el intercambio gaseoso y la actividad biológica del suelo, tanto hacia abajo, con el crecimiento de las raíces, como hacia arriba, mediante la continua aportación de restos (ramillas, ramas, hojas secas, corteza, pétalos, polen, frutos, excrementos de animales, polvo, etc.) que, al descomponerse, gracias a la actividad de numerosos organismos (lombrices, insectos, ácaros, miriápodos, crustáceos, hongos y bacterias), van aumentando la capa de humus, rico en materia orgánica.

En una finca de la Sierra de Cameros (La Rioja) he ido observando como ha ido evolucionando la vegetación desde que he plantado diversos árboles (robles, castaños, nogales, serbales, pomares, avellanos, perales, ciruelos y manzanos). Antes de plantarlos existía un pastizal en el que predominaban diversas especies de gramíneas (Dactylis glomerata, Cynosurus cristatus, Arrhenatherum elatius, Holcus lanatus, Phleum pratense y Festuca ovina), con algunas leguminosas (Trifolium angustifolium, Trifolium pratense y Lotus corniculatus), unas pocas compuestas como la Milenrama (Achillea millefolium) y el Salsifí (Tragopogon pratensis), así como una escrofulariácea hemiparásita de las gramíneas como es la Cascabelera (Rhinanthus minor).

Al cercar la finca (para impedir la entrada de ganado) y plantar los árboles empezaron a proliferar umbelíferas como Daucus carota y Thapsia villosa, compuestas como Centaurea nigra, escrofulariáeas como el Gordolobo (Verbascum thapsus), así como algunos arbustos como Zarzas (Rubus ulmifolius), Rosales silvestres (Rosa canina) y Endrinos (Prunus spinosa), los cuales eliminaba para permitir el tránsito cómodo y evitar la competencia con los jóvenes árboles. También suelo realizar ligeras podas, para eliminar las ramas muertas, las enfermas o aquellas que se cruzan y estorban o rozan con otras. A principios o mediados de junio también suelo segar la hierba. Todos los restos leñosos y herbáceos producidos por estas labores de mantenimeinto quedan extendidos sobre el suelo para que aporten materia orgánica y formen una capa o “mulch” que aumente o conserve la humedad del suelo durante más tiempo, a lo largo del verano.

A medida que las copas empezaron a desarrollarse y sombrear el suelo, noté que empezaron a escasear la mayoría de las gramíneas antes mencionadas, propias de pastizales abiertos, pasando a predominar otras especies que toleran mejor la sombra, como son: Cynosurus cristatus, Anthoxanthum odoratum y Festuca rubra, así como la ciperácea Carex remota, también aumentó la diversidad y la biomasa de leguminosas como Trifolium pratense, Trifolium repens, Trifolium campestre, Medicago orbicularis y Vicia sepium. Se hicieron más frecuentes algunas orquídeas como Serapias lingua, Dactylorhiza insularis, Orchis morio, Ophrys sphegodes y Ophrys apifera. Proliferaron algunas herbáceas altas, propias de las orlas de bosque, tales como Campanula rapunculus, Hypericum perforatum, Agrimonia eupatoria, Heracleum sphondylium y Ortiga (Urtica dioca); e, incluso, comenzaron a aparecer las primeras plantas propias del sotobosque, como son la Prímula (Primula veris) y la Violeta (Viola riviniana).

Los hongos también experimentaron una mayor diversidad y desarrollo, a la par que el arbolado, a finales de julio de 2010 encontré un hongo semihipógeo (Scleroderma areolatum) bajo uno de los nogales, debajo de algunos robles también fructificó algún año la apreciada seda o perretxiko (Calocybe gambosa) y una especie sin identificar del género Cortinarius.

Foto by Mad Hatter: Joven Pomar (Sorbus domestica) de 10 años de edad, en junio de 2010, parcela de El Rasillo (La Rioja).

domingo, febrero 14, 2016

BUSCANDO LA PASIÓN Y LA INTENSIDAD. UNIDOS (DOS)






“Cuando tienes 15 años te planteas el dilema de para dónde tirar. Un amigo te dice “Kortatu”, otro te dice “Dire Staits”, y tú ahí en medio, decides que lo mejor es irte a comprar un pedal. Fui a la tienda y le dije al dependiente “Quiero un pedal que tenga mitad de “Kortatu” y mitad “Dire Straits””, así textual. El dependiente se quedó pensativo y al final me trajo un pedal redondo que ponía “Fuzz”. Sin saberlo, me acababa de marcar el camino, ni “Kortatu” ni “Dire Straits”, sino los putos “Sonics””.

Esto dijo, Fernando Pardo, excelso guitarrista y fundador de los “Sex Museum”, siempre tan simpático y locuaz, esta vez en el concierto que la banda dio en la sala “Biribay” de Logroño, el pasado 13 de febrero, mientras empuñaba una guitarra Gibson SG, como la de Angus Young (AC/DC), prosiguió su presentación del “Have Love Will Travel” con estas palabras: “Una guitarra eléctrica suena así (acordes iniciales del clásico de los “Sonics”)... Muy bien ¿No?, pero cuando piso el “Fuzz” suena así....”

Pero los “Sex Museum”, al contrario de lo sucedido con otros grupos de la onda garajera, no se quedaron anclados en el “Fuzz”, sino que prosiguieron su búsqueda de la “suprema intensidad sonora”, incorporando aparatos y avances tecnológicos (como el secuenciador que Marta lleva acoplado a su “Hammond”), si bien es evidente que no son una banda de tecno ni música electrónica, lo suyo es el ROCK elevado a su máxima potencia: guitarra (Fernando), teclados (Marta Ruiz), bajo (Javi Vacas), batería (Loza) y voz (Miguel Pardo), dándolo todo sobre el escenario.

Obsesionados por los sonidos intensos y tralleros, a veces puede dar la impresión de que están pasados de rosca, el sonido llega a ser atronador. Si bien, en este último concierto he notado una mayor recurrencia a bellos y delicados preludios psicodélicos, en los que Miguel danza serpenteando con su cuerpo y sus brazos, Marta se sienta en el taburete y acaricia las teclas de su Hammond con suavidad, mientras que Fernando reposa su lánguida melena sobre la guitarra deleitándonos con sutiles filigranas, pero no os hagáis muchas ilusiones, enseguida Marta se levanta y pone esa cara de satisfacción, entre pícara y sádica, para avalanzarse con rabia sobre el teclado y volver a menear su rubia melena, dando un fogonazo eléctrico que es como el pistoletazo de salida que pone en marcha al resto de la banda que vuelve a meter tralla a tope.

En cualquier caso, se aprecia en todo momento que lo que esta gente hace es MÚSICA, repleta de ritmos, contraritmos, armonías, riffs, acordes, punteos e innumerables efectos, ambientes y matices, perfectamente engrasados con una gran coordinación, profesionalidad y solidez.

La amalgama de influencias llega a rozar lo inverosimil cuando se les ocurrió la genial idea de mezclar el “Smoke on the Water” de Deep Purple con el “Fight for your right to party” de los Beastie Boys, en lo que ellos denominan “Smoke on the Party”.

Desgranaron algunos de los mejores temas de su larga carrera de 30 años, con alguna versión en homenaje a algunos de sus ídolos como The Dictators, o la que hacen del “Unidos” de Parálisis Permanente, un hito musical que refleja mejor que ningún otro la confluencia y la hermandad existente en el seno de la “gran familia del Rock”. Un concepto que también se trasluce en el libro “Los Chicos Eléctricos”, escrito por Fernando Pardo y publicado en 2013, uno de cuyos ejemplares me firmo y dedicó cariñosamente el propio autor, al terminar el concierto. Efectivamente, da igual de dónde provengamos cada uno, mods, rockers, punks, postmodernos, unos através del garaje, otros a través de los Cramps o de Link Wray, en el fondo todos buscamos lo mismo: vivir intensamente siendo coherentes con nosotros mismos y pasándolo lo mejor posible.

La guinda del concierto la puso la última canción del bis, cuando se puso a girar la bola de espejos efecto discoteca y los Sex Museum tocaron una versión del “Danger! High Voltage” de los Electric Six, reforzado con el claro mensaje de Fernando: “Los más auténticos son los que bailan!” (Que tiemble la “Dance Music”!!!).

Al terminar el concierto, entré en el camerino para felicitarles y me encontré a Fernando descalzándose: “Estos botines son los mismos que llevaba en el 84!!” (ver 2ª foto). Tras un rato de agradable charla y de recordar los viejos tiempos, me despedí, una vez más, de estos buenos y entrañables amigos ¡Salud y seguid sorprendiéndonos, tan vivos y genuinos como siempre!

Resuena en el sombrero: “I'm moving”.- Sex Museum (Malasaña (Madrid), 1989).

martes, febrero 02, 2016

INTELIGENCIA COLECTIVA PARA LA DEMOCRACIA Y LA JUSTICIA SOCIAL






El profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT), Mark Klein (primera foto), lleva los últimos 18 años desarrollando una tecnología capaz de compartir el conocimiento y que posibilite tomar decisiones conjuntas a grandes grupos de personas.

Damos por supuesto que las personas somos egoístas, trabajamos para conseguir dinero para nuestras familias y votamos a quienes pensamos que van a salvaguardar mejor nuestros intereses, pero con el desarrollo de las nuevas tecnologías que han abaratado la comunicación y aumentado enormemente su velocidad de interacción, estamos descubriendo que hay muchas personas que realizan infinidad de cosas con el objetivo de ayudar a otras personas o para contribuir al bien común, es decir se mueven más por amor que por dinero o poder, un ejemplo de ello son todas las personas que colaboran, sin retribución económica alguna, en la “Wikipedia”, una enciclopedia libre, abierta y gratuita que forma parte de lo que se conoce como “inteligencia colectiva”.

La inteligencia colectiva puede definirse como el efecto sinérgico de la colaboración de una serie de individuos que ponen a trabajar su intelecto y sus capacidades para avanzar en el conocimiento y la sabiduría de la colectividad o para el logro de determinados objetivos positivos para el conjunto de la sociedad. Es algo que se da en la Naturaleza, un buen ejemplo son los insectos sociales (hormigas, termitas y abejas), pero también se da en aves y en primates superiores capaces de aprender a utilizar herramientas y transmitir esas habilidades y conocimientos a sus semejantes, creando auténticas “culturas locales”.

Cuando la inteligencia colectiva está apoyada en ordenadores, combinando las partes fuertes, tanto de las máquinas como de los humanos, tenemos lo que se conoce como “computación social”.

En estos momentos el Profesor Mark Klein está trabajando en 3 proyectos: El primero llamado “Deliberatorium” consiste en un sistema para que grandes grupos de personas (cientos o miles) desarrollen juntos unas cuantas ideas profundas y elaboradas, en lugar de un montón de ideas superficiales, que es lo que suele suceder normalmente. Otro proyecto trata de estudiar cómo las masas filtran las ideas para quedarse con las mejores. Y por último, el desarrollo de un sistema para que grupos de personas puedan negociar entre si para llegar a acuerdos sobre problemas complejos.

Evidentemente, la inteligencia colectiva puede ser muy poderosa para la Democracia.

En computación social se ha comprobado que las mejores ideas vienen de los no expertos, cuando interviene gente corriente o expertos en otras materias se obtienen las mejores ideas y las más innovadoras, de manera que se consigue sacar provecho a la sabiduría de la masa.

El teórico de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard, Yochai Benkler (2ª foto), afirma que la computación social representa una nueva forma de economía que está basada en el amor más que en el beneficio, con lo que se está creando una nueva forma de interactuar entre las personas que es más humana.

Thomas W. Malone (3ª foto), Director del “MIT Sloan School of Management´s Center for Collective Intelligence (CCI)” aporta el dato de que, estadísticamente, está demostrado que las mujeres tienen una mayor capacidad de “inteligencia social” que los hombres, en término medio, si bien entiende que hay que valorar a las personas con independencia de su género, raza o religión, pero, parece evidente que las capacidades de muchas mujeres están siendo minusvaloradas o desaprovechadas en numerosas empresas e instituciones. Lo explica muy bien en la entrevista titulada “Why women make teams smarter”. (El hecho de que este artículo esté ilustrado con las fotografías de tres hombres maduros es mera casualidad y, sin duda, el panorama cambiará en un futuro cercano).

El profesor Mark Klein cree que la inteligencia colectiva acabará teniendo un roll dominante en todos los grandes procesos de la sociedad, desde la investigación hasta la toma de decisiones, pasando por la sanidad o la educación, no cree que las instituciones jerárquicas desaparezcan, aunque el poder estará más compartido entre la gente y las entidades tradicionales, gracias a la inteligencia colectiva.

(Esta entrevista al profesor Mark Klein puede escucharse en el Ipod del programa “Siglo 21” de Radio 3 del día 1 de febrero de 2016, entre el minuto 40 y el 48).

Volviendo a ese paradigma al que suelo recurrir con frecuencia de “los extremos se tocan” y recordando aquella entrada sobre conciencia individual y colectiva, siempre se ha pensado que las personas, como individuos, tienden a comportarse mejor que los grupos, lo cual se refleja en el dicho popular “las personas son buenas el problema son las masas”. Sin embargo, en los ejemplos vistos en la red y las teorías argumentadas por estos profesores universitarios, lo que se trasluce es que, cuando los grupos de personas son enormemente grandes, los intereses particulares de cada pequeño grupo de poder o de presión parecen contrarrestarse entre sí, de manera que el resultado final es una amalgama que refleja los valores humanos que realmente predominan en la sociedad y que, por sorprendente que nos parezca, son positivos. Por así decirlo, los grandes números de la colectividad consiguen disolver o disipar el mal.

Otra consecuencia de estos paradigmas consiste en la posible consecución de una mayor justicia social, ya que, si resulta que una parte considerable de la economía depende de las interrelaciones basadas en la confianza, la colaboración, la afinidad o el amor entre los ciudadanos, más que en el dinero, podría darse el caso que una persona que cobre el salario mínimo interprofesional llegue a ser más rica (en el sentido más amplio pero cuantificable del término) que el dueño de una gran multinacional.

Sin duda es una gran noticia que existan profesores universitarios estudiando, trabajando y profundizando en estos asuntos tan cruciales para el futuro de la democracia y de la Humanidad, esperemos que sus avances y descubrimientos sean desarrollados y no sean ocultados o saboteados por los poderes fácticos que quieren seguir teniendo la “sartén por el mango”.

Resuena en el sombrero: “The Change is Coming”.-Stay (Barcelona, 2012).

sábado, enero 30, 2016

LOS EXTREMOS SE TOCAN (XXVIII): DISTINTAS INTERPRETACIONES DE UNA MISMA REALIDAD





A partir de unos mismos hechos objetivos, como son los incendios forestales y que la mayoría de los pinares mediterráneos sufren el ataque de las orugas de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) con cierta periodicidad, pueden extraerse conclusiones totalmente opuestas.

Tradicionalmente, se ha considerado a la procesionaria una plaga que devora las acículas de los pinos y los debilita, además del problema que suponen los pelos urticantes con los que estas orugas se defienden y que causan dolencias consistentes en alergias y urticarias a las personas que visitan los pinares atacados. También se argumenta que la visión de los bolsones de seda blancos sobre el follaje dañado de los pinos produce un impacto paisajístico negativo y denota un abandono y falta de “limpieza” de nuestros montes que favorece la propagación de los incendios forestales.

Sin embargo, actualmente la visión mayoritariamente aceptada por la comunidad científica es que la procesionaria es un “factor de estación” de los pinares mediterráneos y que este insecto cumple una importante función en los ecosistemas forestales. Efectivamente, la procesionaria es el único animal capaz de devorar las duras acículas viejas de los pinos, unas acículas que al secarse y caer al suelo se acumulan en el suelo del bosque formando una capa bastante gruesa en los pinares más espesos que se denomina popularmente “pinocha”.

Las orugas de procesionaria se comen las acículas de los pinos durante el otoño y el invierno, por lo que la inmensa mayoría de los árboles rebrota sin ningún problema en primavera. Las defoliaciones intensas se producen cada 5 - 10 años, por lo que da tiempo a que el pinar se recupere perfectamente, por lo que sus efectos sobre el ecosistema pueden resumirse en los siguientes:

1º) Pone a disposición de otros consumidores secundarios (el ejército de predadores y parasitos que se alimentan de la procesionaria en todos sus estadios: huevo, larva, crisálida y adulto) la energía y los nutrientes contenidos en las duras acículas de los pinos.

2º) Disminuye el espesor de la capa de “pinocha” que cubre el suelo, debido a una disminución de las acículas secas que caen de viejas y a un aumento de la velocidad a la que éstas se descomponen en el suelo, como consecuencia del mayor contenido en nitrógeno y humedad que aportan los excrementos arrojados por las orugas.

3º) Ese aumento de la fertilidad del suelo, unido a una mayor cantidad de luz que llega al mismo, debido al aclarado de las copas de los pinos, promueve y favorece el desarrollo de la regeneración natural de los pinos y de otras muchas plantas, contribuyendo a aumentar la diversidad y la productividad del ecosistema.

Por todo ello, puede considerarse que la procesionaria contribuye a disminuir la vulnerabilidad de los pinares para verse afectados por incendios y por los ataques de otros organismos verdaderamente patógenos.

Este ejemplo pone de manifiesto la importancia de conocer la REALIDAD, saber lo que sucede en realidad, en lugar de imaginar lo que creemos que pasa, dejándonos llevar por nuestros prejuicios, es decir “elucubrando” en lugar de argumentar realmente.

Resuena en el sombrero: “Fight Fire”.- The Chesterfield Kings (Rochester (New York), 1985).

Anteriores capítulos de esta sección: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII, XXIV, XXV, XXVI y XXVII.

jueves, enero 14, 2016

LOS EXTREMOS SE TOCAN (XXVII): Lo infinitamente complejo y sencillo: EL PRINCIPIO NATURAL



En el libro “The Nature Principle” de Richard Louv (2012), se describen un montón de experiencias y datos que demuestran el poder terapéutico de la Naturaleza, como fuente de salud y de sabiduría, por lo que concluye que resulta imposible desarrollarnos plenamente como seres humanos, felices, si vivimos desconectados del sistema natural, si nos separamos de la Naturaleza en lugar de integrarnos en ella. Sin embargo, el libro no acaba de llegar a sintetizar qué es lo esencial de este llamado “principio natural”, quizás porque sea algo demasiado complejo y demasiado sencillo, a la vez, para poder ser expresado con palabras, de manera precisa y en toda su magnitud. No obstante, voy a intentar resumirlo, lo mejor que pueda:

En nuestra sociedad, tendemos a identificar lo natural con aspectos físicos, tales como el aire, el agua, el suelo, las plantas, los animales, el “medio ambiente”, pero lo más trascendente de lo natural es su faceta espiritual. Dentro de la parte nº 2 del libro, “Vitamina N”, en el capítulo 6 “The Deep Green High” (que podría traducirse como “el subidón verde profundo”) y que subtitula “la verdadera manera de mantenerse en forma es el asombro radical”, describe una serie de experiencias extremas en la Naturaleza y la profunda e intensa conexión que éstas implican. Cita una frase del teólogo judío, el Rabino Abraham Joshua Heschel, que dice: “Nuestro objetivo debería ser vivir la vida con asombro, mirar al mundo de forma que nada se dé por sentado. Todo es fenomenal, todo es increíble, ser espiritual es estar constantemente asombrado”.

En ese capítulo habla de la “extrema animación de la Naturaleza” que John Muir decía que resultaba contagiosa. Describe la experiencia de una californiana treintañera, Brook Shinsky, practicante de deportes extremos en el medio natural, que es capaz de sentirse como un pájaro cuando surca los cielos, embutida en su traje especial para volar sin motor, más bien para caer planeando como una especie de gran ardilla voladora, esquivando picos, farallones rocosos y copas de árboles, en su audaz, trepidante y veloz trayecto. Preguntada la joven deportista si, al estar totalmente centrada en tan arriesgada actividad, tiene tiempo para apreciar el mundo natural, ella replicó: “De pequeña siempre me intrigaron las aves, ahora sé cómo se sienten al volar y veo el mundo como lo ve un pájaro, en esos momentos me siento verdaderamente presente y plenamente despierta”.

Lo más natural se aproxima a lo que muchas veces denominamos “salvaje”, en el sentido de inesperado e imprevisible, un término que implica ciertas dosis de aventura, de sorpresa y de misterio.

Si bien, más adelante, en la tercera parte del libro “Cerca es el nuevo lejos, saber quién eres conociendo dónde estás”, en el capítulo 12 referido a “The Bond” (el vínculo íntimo), como demostración de otro principio al que suelo recurrir frecuentemente y que da nombre a esta sección -“los extremos se tocan”-, Louv describe la experiencia de Ron Swaisgood, biólogo director del Departamento de Ecología Animal Aplicada del Instituto de Conservación del Zoo de San Diego, una persona que ha vivido todo tipo de experiencias intensas con animales en su hábitat natural y que, de forma paradójicamente asombrosa incluso para él mismo, ha descubierto el verdadero y profundo sentido de la Naturaleza gracias a su hijo, “ahora que soy padre (dice), paso mucho tiempo mirando los bichos del suelo, me muevo mucho más despacio, de manera que paso más tiempo en la Naturaleza. Es decir, muchas veces somos unos meros espectadores, unos observadores o estudiosos de la Naturaleza, pero no nos sentimos dentro de ella, formando parte de ella.

Antes de leer este libro, achacaba la generalizada falta de interés, en nuestra sociedad actual, por todo aquello que implique pensar y reflexionar, así como lo poco de moda que está la filosofía, lo achacaba a las prisas y al ajetreo de la vida moderna, a la falta de tiempo para pararse un momento a pensar, la superficialidad, el materialismo, la inmediatez; pero ahora, después de haberlo leído, me pregunto ¿Y si una gran parte de la gente hubiese perdido la capacidad de reflexionar o al menos de disfrutar con ello? ¿Por qué a tanta gente le disgusta pensar, les parece una pérdida de tiempo, les produce frustración y pesadumbre o, sencillamente, nunca se les ocurre hacerlo? ¿Por qué formo parte de la minoría que disfruta reflexionando y discutiendo sobre temas filosóficos? ¿Tendrá esto algo que ver con el hecho de haber sentido y vivido experiencias de conexión con la Naturaleza? ¿Sentirnos conectados a la Naturaleza es un requisito imprescindible para desarrollarnos plenamente como personas y para adquirir capacidades cognitivas, vitales y espirituales?

La Naturaleza despierta y agudiza nuestros sentidos, aumenta nuestra capacidad de observación y de atención, aumenta nuestra capacidad de enfocar los problemas desde un punto de vista global o integral, por así decirlo, aumenta al mismo tiempo nuestra capacidad de análisis y de síntesis, estructura nuestro cerebro para reflexionar o razonar de manera serena, lúcida, eficaz y positiva, aumenta nuestra capacidad de intuición, refuerza nuestra humildad y aumenta nuestro sentimiento de interconexión con las demás personas y con todo el resto de los demás seres vivos, e incluso con los no vivos, como son el aire, el agua, las rocas y la tierra, nos impulsa a sentir una especie de profundo vértigo, una comunión trascendente, una profunda sensación de que formamos parte de algo muy superior a nosotros, de que formamos parte de un “Todo” que es mucho más que la suma de las partes.

Volviendo a la segunda parte del libro “Vitamina N”, en el capítulo 5 “Renaturalizar la psyche, aplicar el principio natural a nuestra salud mental”, en la página 62, habla sobre el “Inconsciente ecológico”, “la noción de que en la Naturaleza todo está conectado de maneras que no alcanzamos a comprender plenamente”, el “Over-Soul” (sobrespíritu) que llamaba Ralph Waldo Emerson, en 1841, y que está muy relacionado con el concepto de “Gaia”, acuñado en el siglo XX (la ilustración de arriba es un “mandala de Gaia”), y que vendría a ser algo así como el espíritu global de la “Madre Tierra” o el corazón común de todos los habitantes del planeta.

Otro aspecto a destacar del libro es que, pese a su subtítulo “Reconectando con la Naturaleza en una Era Virtual”, no se trata del típico alegato pseudoecologista que arremete contra todo lo que huela a progreso y tecnología, sino que valora en gran medida las potentes herramientas que nos ofrecen las nuevas tecnologías (llega a hablar de “Tecno-naturalistas” en la página 192, capítulo 15 “Las neuronas naturales van a trabajar, el principio natural en los negocios”, de la parte 4ª “Creando el Paraíso Cotidiano, diseño de alta tecnología/alta naturaleza donde vivimos, trabajamos y jugamos”), unas herramientas que, utilizadas de forma adecuada y con el propósito correcto, pueden y deberían servirnos para conectar con la Naturaleza, de una forma mucho más profunda, como nunca antes ha sucedido en la Historia de la Humanidad, en lugar de utilizarlas para evadirnos de la realidad, creando un mundo paralelo virtual.

Cuando uno da un paseo por el medio natural, hay que ir caminando, avanzando un paso tras otro, no hay posibilidad de apretar ningún botón que acelere el tiempo, al objeto de abreviar nuestro trayecto, en un viaje que no es trivial sino que está lleno de significado, en el que entramos en contacto real (vemos, olemos, tocamos, saboreamos y sentimos) con el suelo, las plantas, los hongos y los animales. En la Naturaleza todo tiene un propósito, un significado, una intención, y en la Naturaleza nada es estático, todo cambia, todo evoluciona, todo es dinámico. Si hiciéramos el mismo trayecto un mes después, encontraríamos cosas nuevas que siempre consiguen sorprendernos, pero no de una forma inquietante o estresante, sino que nos proporcionan “solaz”, una palabra que hacía mucho tiempo que no escuchaba.

En la Naturaleza no sobrevive el más rápido, ni el más fuerte, sino el que mejor se adapta a los cambios y es más constante y persistente. La vida no es una prueba de fuerza, ni una carrera de velocidad, sino que se asemeja más a una “maratón”.

En definitiva, las palabras claves del libro podrían ser: “Naturaleza”, “conexión”, “solaz”, “propósito”, “restauración” y “adaptación”.

Anteriores entradas de esta sección: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII, XXIV, XXV y XXVI.

Resuena en el sombrero: “Into My Hands”.- The Church (Camberra (Australia), 1984).
 

domingo, diciembre 27, 2015

UN PROFETA DEL SIGLO XXI: ÁNGEL STANICH





 


Aunque su imágen desaliñada e hirsuta, recuerda un tanto a la del primer Dylan, el empuje y ritmo poderoso con el que saltó al escenario, en solitario, y se puso a rasgar con rabia las cuerdas de su guitarra, le asemejan más a un Johnny Cash carpetobetónico, al que el propio Ángel Stanich rinde tributo al mencionarle en alguna canción, así como en el título de un EP que grabó en directo en 2014 “Disparar a un hombre en Reno”.

Tras esa impactante entrada en solitario, su banda, compuesta por guitarra, bajo y batería, tremendamente sólida y engrasada, se unió a él, añadiendo aún más fuerza y potencia, destacando los ambientes psicodélicos que emanaban de las vibrantes cuerdas del “Pescador”, soberbio guitarrista, así como la colaboración especial de Jave Ryjlen (Idealipstick) al órgano y percusiones, en algunos temas, porque hay que subrayar el hecho de que, por encima de todo, se notaba que estábamos en presencia de grandes músicos, envueltos en el universo creado por la singular personalidad de Ángel, repleto de caótica poesía, en la que se mezclan tópicos con geniales originalidades, lo cotidiano con lo místico y lo legendario, proveniente tanto de la religión como del western. Un universo delirante y psicodélico, que, en cierto sentido, puede recordar al de artistas de los 60 tan peculiares como Donovan, del que versionaron su “Hurdy Gurdy Man”, aunque quizás más influenciado por lo americano, como también se evidenció con la estupenda versión castellanizada del “My My, Hey Hey” del gran Neil Young.

Su austero y rudo aspecto tiene la aureola bíblica de profetas como San Juan el Bautista, sumergiéndonos a todos en un ritual ancestral, a caballo entre los pieles rojas norteamericanos y las catacumbas de los primeros cristianos. A veces podría pensarse que unas letras tan delirantes sólo pueden escribirse bajo la influencia de ciertas sustancias, idea que podría verse reforzada por canciones como “Mezcalito”, sin embargo, yo diría que el espíritu puro e inocente prevalece, siendo uno de los momentos más álgidos del concierto cuando, tras una introducción explicativa más profunda y prolongada de lo habitual, interpretó el tema titulado “Jesús Levitante”, cuya letra reza: “Dímelo a mi ¿Quién te ha llamado? Jesús del Madero a tí te ha llamado, hablas de él como un amigo. Es el que lleva al colegio a tus hijos... Soy San Gabriel, traigo un mandato: Deja las drogas, te están afectando”.

En efecto, su menuda anatomía, de aspecto frágil, y un carácter tímido que busca refugio tras su rizada melena y poblada barba, parecen esconder una inusitada fuerza que le hace brincar sobre el escenario como una especie de Rasputín, rebelde y humilde, a la vez. El respeto a sus mayores, compatriotas, se evidenció con la versión que hicieron de "El Río", del granadino Miguel Ríos. Su peculiar voz, tiene el carraspeo de la rabia cargada de ácido sarcasmo, pero en un tono que refleja un cierto candor infantil, cálido, sincero y sin ninguna malicia, apesar de que diga cosas tan duras como “El tipo en quien confía el carnicero cuando quiere género fresco... Hey Joe si me vas a matar, deja al menos que termine mi sandwich”. De su canción más famosa “Metralleta Joe”, con la que cerró el bis y el concierto de manera apoteósica, la noche del 26 de diciembre, en la sala Biribay de Logroño.

Resuena en el sombrero: “Mezcalito”.- Ángel Stanich (Santander, 2015).