viernes, octubre 16, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (X): REVIVAL SESENTERO EN LOS 80









En 1978, The Fleshtones grabaron su primera versión de lo que puede ser considerado un himno a las raíces del rock americano, “American Beat”, en el que, en una interminable retahíla de nombres mencionan a todos aquellos grupos que influyeron en estos precursores del revival del garaje y el “frat” sesenteros. El nombre de este último estilo proviene de la música que hacían las “fraternidades” estudiantiles de las Universidades norteamericanas para amenizar sus fiestorras y juergas, inmortalizadas en la película “Bachelor Party” (Despedida de Soltero, 1984).

Según mencionábamos en el capítulo anterior, ya en 1979, los californianos Crawdaddys, en su “Crawdaddy Express”, incluyeron algunas versiones de canciones de los 60 como “You Can´t Judge a Book by the Cover”, compuesta en 1962 por Willie Dixon para el gran Bo Diddley. En 1963, los Yardbirds sacaron una versión grabada en directo en el “Crawdaddy Club” de Londres (ya sabemos de dónde sacaron el nombre los de San Diego).

En enero de 1980, los Ramones, pioneros del punk más genuino del 77, nos dejaron a todos descolocados al grabar una versión del “Baby, I Love You”, con acompañamiento de cuerda y producida por el mismísimo Phi Spector (!!!), quien la compuso en 1963, junto a Jeff Barry y Ellie Greenwich, para las Ronettes.

Meses más tarde, en noviembre de 1980, los Barracudas cantan a voz en grito y sin tapujos que “I Wish It Could Be 1965 Again”.

En 1983, R. E. M. hicieron una versión del “There She Goes Again” de la “Velvet Underground”.
En 1984, los galeses The Alarm tocaron una versión de “The Bells of Rhymney”, un tema folk compuesto por Pete Seeger, en 1958, que ya habían versionado The Byrds, en 1965, grupo este idolatrado por los Long Ryders, que ya mencionamos en el capítulo anterior. Al escuchar todas estas canciones, empecé a darme cuenta de los grandes tesoros que se escondían en los numerosos y oscuros recodos de la mágica y prodigiosa década de los 60, al margen de los manidos e hiperconocidos Beatles, Rollings, Dylan y todo el Soul negro ¡Que no es poco! Pero había más!

Recuerdo que el auténtico shock se produjo al descubrir a The Sonics, a través de la versión del “Strychnine” que realizaron los Fuzztones en 1984, y de la que hicieron los Nomads en 1983, para aquella fabulosa recopilación de garaje llamada “The Rebel Kind”, del “Have Love Will Travel”, compuesta por Richard Berry en 1959 y versionado por los de Tacoma en 1965.

Visto con la perspectiva del tiempo, lo cierto es que la evolución desde el “afterpunk siniestro” al “garage rock” (pasando por el breve interludio de rock con raíces country del que versó el capítulo anterior), y siguiendo el trayecto Cramps - FuzztonesNomads - Lyres, no deja de tener cierta lógica, y no fui el único que lo siguió. Ciertamente, la profunda voz de Gerry Roslie (Sonics) tiene un cierto tono primitivo y tétrico, que conecta con la onda oscura del post-punk, como un ancestral aullido, parece incitarnos a buscar las raíces más profundas, explorando las catacumbas del rock.

The Sonics, a su vez, estaban fuertemente influenciados por un grupo de su misma zona (Oregón y N.O. de USA), formado por músicos con algo más de edad y experiencia que ellos, The Wailers, que tocaron canciones ciertamente adelantadas a su tiempo como “Hang Up” (1965), que fueron el precedente del llamado “garage rock” y del rock´n´roll sórdido y decadente que amenizaba los “titty shakers shows”, que tanto inspiró a The Cramps (quienes, inevitablemente, terminaron haciendo una versión del tema en 2003, ver enlace anterior).

Por eso, cuando en 1987, los californianos Thee Fourgiven tocaron una salvaje versión del “Hang Up” esta canción, podríamos decir que se cierra el círculo del revival del sixties punk en los 80.

De este complejo asunto de los precursores del punk ya hablamos en la entrada del enlace anterior. Ya a principios de los 50, había jóvenes audaces y descarriados que cantaban temas con títulos como “Live Fast, Love Hard, Die Young”, de Faron Young, heredero, a su vez, de una filosofía de vida (y de muerte), a juzgar por el escaso aprecio por la propia salud que demostraban tipos taciturnos como el legendario Hank Williams, a finales de los 40.

En los 60, hemos mencionado ya el “Hang Up” de The Wailers, y a sus seguidores The Sonics, aunque lo cierto es que la primera vez que se utilizó el término “punk” fue con un grupo de chicanos, pioneros del “garage rock”, llamados “Question Mark (?) and the Mysterians”, quienes alcanzaron la cima del éxito mundial en 1966 con su temazo “96 Tears”.

Otro auténtico himno de la época fue el “Louie Louie”, compuesta por Richard Berry en 1955, pero que alcanzó la fama gracias a los Kingsmen (1963), The Kinks, Beach Boys, Otis Redding (1964), The Ventures (1965) y The Sonics (1966), entre otros muchos artistas, incluyendo la versión en castellano “Luisa Se Va” que hicieron Los Elegantes en 1986.

A mediados de los 80, hubo un auténtico aluvión de grupos, pero el verdadero meollo del revival sesentero estaba en EEUU, donde podríamos decir que había dos “ligas” principales (como en la NBA):

Por un lado estaba la costa Este, donde destacaban los ya mencionados Fleshtones y Fuzztones, junto con los Chesterfield Kings y The Vipers, todos ellos en el área de Nueva York. En la cercana Pittsburg (Pensilvania) estaban The Cynics. Mientras que en Boston teníamos a los Lyres, grupo heredero de los DMZ, ambos liderados por el genial y egocéntrico Jeff Connolly. De todos ellos ya he hablado largo y tendido en este blog (ver enlaces), quizás destacar uno de los temas que mejor refleja esta nostalgia revivalista por los 60, como el “Nothing´s From Today” de The Vipers.

Dentro de la escena más “beat” teníamos a los Spongetones, en Carolina del Norte, con su dinámica “(My Girl) Maryanne”. Mientras que en la rama más psicodélica, en Milwaukee (Wisconsin) estaban los Plasticland.

En la costa Oeste, el llamado movimiento “Paisley Underground” (nombre que se le ocurrió casualmente durante una entrevista a Michael Quercio de The Three O´Clock), que ya contaba con grupos de influencia claramente sementera, como las chicas de las Pandoras, evolucionó de manera natural desde el country-rock-pop-psicodélico hacia un garaje psicodélico más ácido y sesentero. El nexo de unión lo consituyeron The Unclaimed, grupo en el que militaban inicialmente Sid Griffin (Long Ryders), Shelley Ganz, Lee Joseph (Yard Trauma y fundador del sello discográfico “Dionysus Records”) y Rich Coffee (Thee Fourgiven), que, posteriormente, tras la disolución del grupo dieron lugar a las bandas que figuran entre paréntesis. Uno de los principales catalizadores de la escena fue un activo personaje llamado Greg Shaw, fundador de sellos discográficos independientes como “Bomp” y “Voxx”, y dueño del mítico “Cavern Club” de Hollywood (1ª foto), donde emergieron bandas como Thee Fourgiven, Yard Trauma, Zebra Stripes, Tell-Tale Hearts, Crawling Walls, Untold Fables y The Things, entre otros. Mientras que la gloriosa antorcha del Garaje del Noroeste era mantenida con gran orgullo y brillantez por The Miracle Workers.

En España, este movimiento revival tuvo un morbo especial, yo diría que fue una especie de venganza o revancha histórica en la que nos desquitamos por no haber podido disfrutar ni vivir plenamente la explosión de libertad y creatividad que significó la década de los 60 en otras partes del mundo, debido a la férrea coraza que supuso la dictadura del General Franco. Los pioneros de este movimiento aquí fueron los efímeros The Nativos, desde Valladolid; en Madrid, los Sex Museum (aún en activo y recientemente nominados como la mejor banda de rock española); y Los Negativos, en Barcelona. Estos dos últimos tocaron juntos en un memorable concierto celebrado en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid, los días 17 y 18 de enero de 1986 (ver cartel en foto 7ª), aquel acontecimiento sembró en mi la semilla para formar The Rescuers, pocos meses después, junto a un amigo de correrías nocturnas por Malasaña, Ramón Díez, parisino hijo de emigrantes del Bierzo, quien, al igual que yo, había sucumbido a los encantos de aquella “mancha de aceite violeta” que se estaba extendiendo por toda Europa.

Dentro de la escena española, destacaron personajes como Kike Turmix, quien formo, en 1986, junto a los norteamericanos Norah Findley (quien poco más tarde fundaría junto a unas amigas Las Víboras, y montó los prestigiosos locales de ensayo del “Rockpalace”) y Mike Sobiesky, The Pleasure Fuckers, que entonces ensayaban muy cerca de nosotros en los míticos locales “Faico” de Embajadores (en el piso de arriba estaban los “Sex Museum”), recuerdo especialmente aquella canción que dedicaron a nuestra bella amiga californiana Amanda, que decía aquello de: “Amaaaaanda, princess of the universe, Amaaaaanda, she'll never be a nurse!”. En en más de una ocasión, nos prestaron su furgoneta a The Rescuers para las pocas veces que tocamos fuera de Madrid (Bilbao, Guadalajara, Cuenca, Humanes)¡Muchas gracias queridos amigos!

Dentro de la rama más “Beat”, estaban los madrileños Los Potros, liderados por José Lanot (ex-Sex Museum); con el tristemente fallecido Paquiño (ex-Rescuers) al bajo. En la capital, también debo mencionar la figura del gran músico Paco Poza, fundador primero de The Karnsteins (con quienes The Rescuers compartimos aquel primer local en los mencionados “Faico”) y después, junto a nuestro ex-batería GonzaloLagarto”, formó Los Imposibles (todavía en activo). Desde Palma de Mallorca, aunque a la guitarra estaba Javier Bólido, otro ilustre personaje de la escena madrileña, estaban los Ex-Crocodiles.

Otros buenos amigos fueron Los Macana, con su cuartel general en Getafe. Mencionar también otras bandas de la escena de aquella época como: La Granja, Las Ruedas, Los Nervios, Espasmódicos, Sex Tatoo, Moscardones (pre-Soul Bisontes), The Furtivos, Los Fossiles y Los Mestizos, entre otros.

El garito de referencia, de reuniones nocturnas, divertimento y de paso obligado para las actuaciones en directo, en Madrid, de todas estas bandas fue sin duda el mítico “Agapo”, en la Calle Madera del barrio de Malasaña.

Todos los dibujos by Mad Hatter, excepto la de la portada del recopilatorio “Garage Sale”, obra de Rudi Protrudi, cantante de The Fuzztones. Este tipo de recopilatorios fueron de gran importancia en la difusión de este tipo de música, tanto de grupos de los 60: “Pebbles”, “High from the Mid Sixties”, “Nuggets” y “Back from the Grave”; como de bandas de los 80: “Rebel Kind”, “Garage Sale” y “Sounds of Now”.

Capítulos anteriores de esta serie: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX.

martes, octubre 13, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (IX): NUEVO ROCK AMERICANO






En el capítulo anterior hablamos sobre la influencia de la Historia y la narrativa de aires épicos en la música pop-rock de principios y mediados de los 80, sobre todo en Europa, aunque también surgieron grupos con una onda similar en Estados Unidos, como fueron los “Guadalcanal Diary”, de los que podría destacar aquella memorable canción titulada “Trail of Tears”. Este grupo procedía de Georgia y tenía ciertas similitudes estilísticas con sus paisanos R.E.M. (ya mencionados también en le capítulo anterior).

En Norteamérica, esta retrospectiva histórica también supuso un cierto acercamiento al folk, lo cual empezó a vislumbrarse con el uso de instrumentos acústicos tradicionales como el banjo o el arpa de boca, por algunos grupos como los (también mencionados en el capítulo anterior) “Violents Femmes”.

A todo esto se unió el estreno de películas de un estilo “western” renovado, con una estética bastante bizarra, en las que se huía de los estereotipos maniqueos y se reivindicaban las luces y sombras de los clásicos “malos”, como antihéroes representantes de la libertad y la rebeldía frente al poder establecido, como sucedía en “The Long Riders” (Forajidos de leyenda), dirigida por Walter Hill en 1980, basada en la vida y andanzas de Jesse James, o “Pale Rider”, dirigida en 1985 por el gran Clint Eastwood.

Ciertamente, la década de los 80 no fue la mejor para algunas viejas estrellas del folk-rock americano, como fue el caso de Bob Dylan. Sin embargo, muchos grupos vieron en él una forma de resaltar ese “amor por los perdedores”, así como el carácter eterno e imperecedero de la música con raíces verdaderamente auténticas, lo cual se pone de manifiesto en canciones como “The King of the Losers” de los Danny & Dusty, quienes también hicieron una versión del “Knockin´ on Heaven's Door” de Dylan, o “Time Ain´t Nothig” de Green on Red, ambos grupos californianos compartían algunos de sus miembros, ya que Dan Stuart, cantante de Green on Red, se unió con Steve Wynn, de “Dream Sydicate”, para formar el dúo Danny & Dusty. Recuerdo al bueno de Fernando García comentando por la radio en aquellos días: “¡Todo el mundo quiere parecerse a Dylan!”.

También californianos The Long Ryders, fueron los más genuinos representantes del llamado “Paisley Underground”, reivindicando artistas que mezclaron el country con la psicodelia como Gram Parsons y The Byrds, así como algunos de los “outlaws” más auténticos y genuinos del country como Waylon Jennings, del que, en su álbum “Native Sons” (1984), hicieron una versión del “(Sweet) Mental Revenge”, quedando también patente la retrospectiva histórica ya comentada con temazos de tremenda fuerza y energía desbocada al galope como “Looking for Lewis and Clark”, otros de aire más sosegado y psicodélico, como “See Rides” y algunos tirando a un power-pop más urbano “Lights of Downtown”, por no hablar de aquel himno en el que también reivindicaron la figura de los legendarios NRBQ (New Rythm & Blues Quartet).

Otros auténticos “paletos universales” que reivindicaron al gran Waylon, fueron los tejanos Jason & the Scorchers, quienes en 1985 realizaron una gran versión del “I Really Don´t Want to Know” (compuesta por Don Robertson en 1953), así como otra de “Lost Highway”, (compuesta por Leon Payne en 1948).

Pero el disco que más me marcó en aquella época fue sin duda la publicación del “Old Ways”, en 1985, del gran Neil Young, quien salía en la portada, de espaldas, paseando por un camino de tierra en un paisaje rural, y en la contraportada aparecía el cráneo de vaca que yo copié para ilustrar la correspondiente cassete (4º dibujo). En el disco, una de las canciones lo dice claramente “Get Back to the Country” y en el colaboran el ya mencionado Waylon Jennings (que toca la guitarra en 6 de los 10 temas), el no menos legendario Willie Nelson, que pone su inconfundible voz nasal en “Are There Any More Real Cowboys?” y con quien colaboró (junto a Bruce Springsteen y otros artistas) para el apoyo de los granjeros de su país en las campañas denominadas “Farm Aid”, o el gran Marty Stuart (que toca la mandolina), si bien mi canción favorita sin duda es la que abre el disco “Wayward Wind”, compuesta por Stan Lebowsky y Herb Newman, a mediados de los 50, y que interpretó Gogi Grant en 1956 y la gran Patsy Cline, en 1961.

Unos pioneros del punk californiano, como fueron los “X”, liderados por John Doe y Exene Cervenka, se juntaron con Dave Alvin y Johnny Ray Bartel, de la veterana banda de Rock´a´Billy, The Blasters, para formar The Knitters, un grupo de lo que se dio en llamar “Hillbilly Rock” o “Cow-Punk”, con claras reminiscencias al folk más rústico de la América profunda, como bien refleja su cómica versión del “Rock Island Line”, tema de blues/folk que era cantado los presos de la Prisión Estatal de Arkansas y que fue grabado por primera vez en 1934 por John Lomax.

Si bien, el extremo de máximo cutrerío y desmadre en esta escalada de “paletez” o fiebre “redneck”, lo alcanzaron los tejanos Jon Wayne en esta delirante y estrambótica “Texas Polka”.

La parte hispana de EEUU también se apuntó a este reencuentro con las raíces folclóricas, así, en Los Ángeles, tenemos a un grupo de chicanos llamados Los Lobos que cantaban en castellano, como esta canción norteña dedicada a una tal “Anselma”.

En Australia, estaban los aguerridos Beasts of Bourbon, quienes parodiaban la arquetípica temática country de los camioneros, mezclada con la religión, en delirantes temas como “Ten Wheels for Jesus”.

En España, este movimiento de acercamiento al “country & western” no pasó desapercibido con grupos tan emblemáticos como La Frontera. Recuerdo que, en ocasiones, compartíamos mesa de billar americano con Javier Andréu y Tony Marmota, en el “Más Allá”.

Regresando a la soleada California, tengo que recordar a grupos como “Rank & File”, “True West” o “Lone Justice”, a quienes ya dediqué varias entradas anteriores (ver enlaces). De la ciudad de San Diego procedían unos grandes amantes del Rythm & Blues, como fueron los Crawdaddys, quienes en 1979, tocaron una versión de otro clásico del country más primitivo “I´m Moving On” de Hank Snow (1950), por lo que puede considerárseles precursores de este movimiento de regreso a las raíces americanas. Su batería “Country Dick Montana”, en 1983, formó el grupo de “cow-punkThe Beat Farmers, con temas que recuperan esa voz masculina y viril ultragrave, propia del country, como este “California Kid”. Lo cierto es que a los Crawdaddys los descubrí alguns años más tarde, a finales de los 80, en el movimiento de revival sesentero que será objeto del capítulo siguiente. A principios de la década del 2.000, se produciría un nuevo y definitivo acercamiento al country o “Americana”.

Con este capítulo inauguro una nueva faceta de mis dibujos en miniatura, con los que ilustraba las cassettes que grababa.

Capítulos anteriores de esta serie: I, II, III, IV, V, VI, VII y VIII.

viernes, octubre 09, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (VIII): LA EDAD DE ORO









Terminamos el capítulo anterior en plena “edad del pavo”, sufriendo de “mal de amores” y escuchando a jóvenes atormentados, con la mirada perdida en el horizonte, pero ¡Mira por dónde! Justo en aquel momento, los sombríos y sórdidos paisajes urbanos se iluminaron y ventilaron con aires playeros, si bien éstos no provenían de la soleada california, sino del neblinoso Londres, porque el verano del 81 fue sin duda el verano del “Summer Fun” de los Barracudas (6ª foto), liderados por Robin Wills, unos londinenses que se dedicaban a hacer “Surf” en el metro (“Subway Surfin”) y destilaban en sus guitarras claras influencias de los legendarios “Flamin´ Groovies”.

También de las islas británicas llegaron pegando brincos unos alocados rock´a´billy-punks, con exagerados y estrafalarios tupés, llamados “King Kurt”. Nunca olvidaré al difunto Kike Turmix (personaje imprescindible de la postmovida madrileña, en el 5º dibujo) quien se encargó de presentar a la banda en Rock-Ola y terminó el concierto como una gigantesca croqueta, totalmente rebozado en la harina y los huevos que estos gamberros hooligans esparcieron por el escenario, lo cual propició un antológico resbalón del amigo Agustín, que nos acompañó aquella memorable noche.

Si bien, quienes realmente me impactaron, al verlos tocar en directo (también en Rock-Ola), fueron unos músicos extraordinarios, que hacían un pub-rock de gran crudeza, se trata de los inimitables “Thee Milkshakes”, con el gran Billy Chidish al frente.

Pero el concierto más impactante, sin duda, fue el de los Cramps, legendaria banda californiana de Psychobilly o “Horror rock”, fuertemente influenciados por el rock más oscuro de los 50. La primera vez que escuché el ritmo sincopado y los cavernosos ecos del “Goo Goo Muck” (Psychedelic Jungle, 1981), me di cuenta que aquel afterpunk siniestro que me atrapó en su día, tenía sus raíces en la alargada sombra del rock más primitivo. Es curioso como este tema de la influencia de lo antiguo en lo nuevo, viene siendo una idea recurrente en este blog.

Después del “Nowhere Girl” de B-Movie, la canción que más impacto causó en 1983, fue el “New Year´s Day”, con esas intensas notas de piano, a cargo de los irlandeses U2 (que estos días andan de gira por España), grupo que encabezó un movimiento con inquietudes sociopolíticas en la música, caracterizada por aires épicos y combativos, que recogió la herencia de grupos algo anteriores como The Clash y su “London Calling” (1979), mezclada y enmarcada en esa onda neorromántica predominante durante aquellos años, así surgieron grupos como The Alarm, Big Contry, Armoury Show, Spear of Destiny, Icicle Works y Albania, en el Reino Unido, o los aragoneses “Héroes del Silencio”, aquí en España.

Otro grupo importante, sobre todo en la escena “mod”, algunas de cuyas letras también tenían un fuerte contenido socio-político, eran The Jam, una de sus canciones que más recuerdo es ésta Going Underground, en la que, con un espasmódico ritmo, se quejan de una sociedad abúlica y anestesiada, a la que no le importa vivir oprimida por el poder del lobbie de la industria armamentística y bajo el yugo de sus gobiernos lacayos (¡Qué poquito hemos evolucionado!), por lo que la única solución viable que ven es permanecer en su “estéril lucha underground”.

Recuerdo perfectamente que las sesiones de baile del Rock-Ola solían cerrarse con el “Should I Stay or Should I Go” de los mencionados The Clash, aunque debo reconocer que el grupo inglés que más me llamó la atención en aquella época, eran The Jazz Butcher, peculiar e incalificable banda de pop-rock, de la que formaba parte el ex-bajista de los oscuros y legendarios Bauhaus, David J, quienes me ayudaron a atravesar aquel desierto mental, en el que, no sé muy bien por qué, me adentraba de vez en cuando, sin darme apenas cuenta: “My Desert”.

Hablando de desiertos y momentos de soledad, recuerdo que una mañana iba ojeando el “Ruta 66”, durante uno de mis viajes a Logroño en autobús, mientras atravesaba los interminables y fríos páramos sorianos, cuando me sorprendió la foto (7ª foto) de un grupo de cuatro chicos de Athens (Georgia), con aspecto un tanto rústico y anticuado, con largos lazos negros o corbatas de bolo en el cuello, que tenían el curioso y extraño nombre de “Rapid Eye Movement” (R.E.M., una fase del sueño). Si bien la canción que sonaba en mis cascos, tenía poco que ver con el “sueño americano”, ya que se titulaba “Radio Free Europe”, con la inconfundible voz de Michael Stipe, al frente, y que abría aquel álbum lleno de bucólicos paisajes llamado “Murmur” (1983).

Como resulta evidente, la sala indiscutible de referencia era el “Rock-Ola”, y en la televisión estaba Paloma Chamorro (1ª foto) con su “Edad de Oro”, un fabuloso programa musical por el que pasaban todos los grupos y artistas que estaban en el candelero, tanto extranjeros como nacionales. Entre los primeros, recuerdo con especial lucidez cuando estuvieron mis queridos “Violent Femmes”. Y entre los segundos, me gustó mucho la actuación de “Golpes Bajos”, con el gran Germán Coppini (2º dibujo, el atuendo que lleva, es el mismo que puede verse en el vídeo del enlace que también ilustra la entrada del otro enlace a “Golpes Bajos”), tristemente fallecido en la Noche Buena del 2013, una de sus canciones “Cena Recalentada” refleja a la perfección las sensaciones que teníamos muchos jóvenes de la época, al llegar a casa, cansados tras nuestras correrías nocturnas, con aquella mezcla de excitación y abatimiento, debida a la diversión aderezada con alguna que otra frustración y desengaño que llevábamos a cuestas.

Al día siguiente, sufríamos la inevitable resaca. Recuerdo que, una de aquellas mañanas en la que me dirigía a la Universidad, ví, en la puerta de un garaje, a Edi Clavo (batería de “Gabinete Caligari”), imagen que dibujé de memoria al llegar a casa (tercer dibujo). Ellos tienen una gran canción titulada “La Culpa fue del Cha-cha-chá”, precisamente, después de que “Rock-Ola” cerrara sus puertas, solíamos ir a un garito de Chueca que se llamaba así, “Cha-cha-chá”, que casi siempre estaba vacío cuando llegábamos nosotros, a primera hora de la noche. Recuerdo que una vez entró una chica y se aposentó solitaria en uno de los sofás que rodeaban la pequeña pista de baile que había abajo del todo, se quedó allí sentada con la mirada perdida, la miré pero no fui capaz de dirigirle la palabra ¡Parecía tan triste y ensimismada en sus pensamientos! Y claro, también tuve que dibujarla al llegar a casa (4º dibujo).

Por aquella época, también vino a tocar a España, un jovial y despreocupado chico de Nueva Inglaterra (Boston, Massachusetts) llamado Johnathan Richman, que hace un pop naif, divertido, original y desenfadado. Su llegada a la ciudad, producía un efecto similar a la aparición del carrito de los helados en una tarde de verano, con aquel dulce e inocente “Icecream Man”… ¡Ding, ding!

El bueno de Johnathan tuvo un claro seguidor en tierras francesas, un chaval descarado llamado “Kid Pharaon & the Lonely Ones”.

De una extraordinaria calidad musical, fue lo que nos llegaba aquellos años desde las antípodas. Dentro del movimiento “neopsicodélico” del que hablé en el capítulo anterior, se encontraba uno de mis grupos favoritos The Church, con la grave y espléndida voz de Steve Kilbey, pero entonces llegó a mis manos un LP llamado “Stoneage Romeos”, de un grupo con el extraño nombre de “Hoodoo Gurus” que se abre con un temazo lleno de energía power-pop “I Want You Back” y se cierra con una preciosa balada romántica “My Girl”.

Capítulos anteriores de esta serie: I, II, III, IV, V, VI y VII.

lunes, octubre 05, 2015

MUCHAS LLAMAS, UN SÓLO FUEGO





Tras los resultados de las elecciones catalanas, he hecho un esfuerzo por ponerme en la piel de un independentista, para tratar de comprender su lógica y su punto de vista, porque, si bien me considero incapaz de entender los planteamientos y la verborrea del Sr. Mas, la postura de la CUP me parece que podría tener cierta lógica, sobre todo después de haber escuchado en “La Sexta”, el pasado 1 de octubre, la entrevista que le hicieron el Gran Wyoming y Sandra Sabatés (“El Intermedio”) a Antonio Baños (CUP).

Uno de los lemas del ecologismo es “piensa globalmente, actúa localmente”, entendiendo que es lógico y conveniente empezar a actuar por lo más cercano y por lo que más y mejor se conoce, tanto la gente (recursos humanos), como la tierra y el paisaje (recursos naturales). Entiendo, por tanto, y me parece plausible y loable, que en la CUP se engloben numerosos activistas de movimientos sociales y proyectos de variada índole, encaminados a resolver problemas reales y concretos de las personas a nivel local, favoreciendo la participación ciudadana y el trabajo colaborativo en equipo. Me resulta fácil de entender que dichas actividades y la convivencia diaria generen sentimientos de apego a la tierra y amor por tus conciudadanos más próximos, lo cual (supongo) constituye el germen del sentimiento independentista.

Ahora bien ¿Qué pasa con la primera parte del lema, lo de “piensa globalmente”? Pues lo explicó muy bien Antonio Baños diciendo que la forma más eficaz que ven para cambiar el sistema capitalista, injusto e inhumano, al que nos ha conducido la evolución histórica del mundo occidental, es mediante la ruptura de los actuales Estados y sus estructuras supranacionales (UE, OTAN). Incluso, aclaró, que su separatismo no es identitario, sino soberanista (en el sentido de favorecer la participación ciudadana y que sea el pueblo quien tome las decisiones), “proletario” y con la vista puesta en el exterior, en el mundo, ya que ellos se consideran parte de un movimiento INTERNACIONAL (entre naciones). Es decir, visto de esta forma, la independencia de un determinado territorio sería una herramienta o un medio, no un fin en sí misma (como parece ser el caso de “Junts pel si”). Preguntado por Wyoming: “De quién se siente más cercano, de un jornalero extremeño o de un empresario catalán?” El Sr. Baños contestó que: “Sin duda, del jornalero extremeño”.

Por contra, el Sr. Mas tiene como prioridades la identidad nacional catalana y la creación de una justicia catalana, sobre todo para salir de rositas de su más que dudoso papel (ya sea por acción o por omisión) en el famoso 3% de comisión, y en el caso Pujol.

Osea, una vez más, se demuestra que la realidad suele ser mucho más compleja que las simplificaciones mentales a las que tendemos. Lo cierto es que hay varios tipos de separatismos, al menos hay dos muy claramente diferenciados, lo que explica por qué la CUP no quiso formar parte de la coalición “Junts pel si”.

No tiene ningún sentido darle mayor importancia al recipiente que al contenido, al territorio que a las políticas. Hacer política centrándose en un pequeño territorio tiene un interés similar al que tendría escribir un libro que versase sobre la importancia del papel con el que están hechas sus páginas. Cuando uno ve la amalgama de partidos que engloba ese engendro llamado “Junts pel si”, resulta claro y evidente que la prioridad total y absoluta para ellos es la independencia de un territorio, Cataluña, luego… ya veremos cómo la gestionamos y gobernamos.

Hay quien dirá: “Bueno, no sólo es el territorio, lo verdaderamente importante son las personas, es el pueblo catalán”. Pero, no nos engañemos, el pueblo catalán es tan parecido y tiene tantos y tan profundos vínculos con el resto del pueblo español, que empeñarse en diferenciarlos y poner fronteras me parece una tremenda falacia.

Otro de los argumentos en los que se basa la CUP y que no está carente de cierta lógica, es que siempre se ha dicho que la mejor forma de resolver un problema grande y complejo es dividirlo en trozos más pequeños, de forma que se van bajando escalones de la manera siguiente: “El mundo es inabordable y demasiado complicado, Europa sigue siendo tremendamente diversa y compleja, España también se las trae, por lo tanto vamos a ver si a una escala regional, autonómica o de la nación catalana somos capaces de manejarnos mejor, llegar a acuerdos que resulten eficaces y trabajar de una manera más práctica y humana”. Pero mucho me temo que, siendo realistas, Cataluña también es demasiado complicada, la ciudad de Barcelona sigue siendo demasiado compleja, el barrio de Sants es muy difícil, mi comunidad de vecinos es la repera, e, incluso, posiblemente, hasta yo mismo sea mucho más complejo de lo que pienso ¿Me conozco realmente a mi mismo? ¿Por qué no empezamos por ahí? Parémonos un momento, meditemos en calma, en paz y en silencio, miremos dentro de nosotros mismos, liberémonos del autoengaño del “ego”, no caigamos en las redes de los excesivos apegos, si somos capaces de desnudar nuestra alma de todos esos pesados ropajes superficiales, veremos que, en realidad, en lo más profundo de nuestro ser, somos una pequeña llama de luz y amor que está profundamente interconectada (forma un todo) con el resto de llamas de los demás seres vivos y, todos juntos, formamos un enorme fuego universal que trasciende todos los niveles humanos y territoriales que podamos imaginar.

Resuena en el sombrero: “Llévame muy lejos”.- Amaral (Zaragoza (España), 2015).

viernes, septiembre 25, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (VII): JÓVENES DE ESPÍRITU ATORMENTADO






En aquella época del Rock-Ola estaba muy exacerbado el concepto de “tribus urbanas”, como bien reflejé en aquel dibujo sobre el ambiente que se respiraba en la legendaria sala, que podría resumir como “modernidad empleando técnicas prehistóricas”.

Tras la explosión de color, descaro, frescura y divertimento que supuso la fase inicial de la movida, con grupos como “Tequila”, “Nacha Pop” o “Radio Futura” (su “Estatua del Jardín Botánico supuso el comienzo de una nueva fase, más madura, y es, sin duda, otra de las canciones que nos dejaron huella a mucha gente), una parte importante de la juventud de toda Europa se adentró en una fase un tanto oscura y siniestra, a la que ya me he referido en ocasiones anteriores con grupos como “Joy Division”, “Bauhaus”, “The Cure”, “Siouxsie and the Banshees” y “Sisters of Mercy”, en Inglaterra; o “Parálisis Permanente” y “Monaguillosh”, aquí en España. La canción más emblemática, sublime y representativa de aquella época, pero que ha conseguido superar el paso del tiempo con una tremenda dignidad, para convertirse en un auténtico clásico, es sin duda esta: “Love Will Tear Us Apart”.

Una serie de grupos, encabezados por Echo and the Bunnymen, sus amigos The Chameleons, The Psychedelic Furs, The Sound y The Church (en Australia) iniciaron una nueva senda denominada “neopsicodelia” que también nos dejó tremendas canciones que podéis escuchar en los enlaces anteriores.

Comenzó entonces una etapa más guitarrera, en la que se abandonaron los sintetizadores y las cajas de ritmos, para regresar, en cierta manera, a la las esencias del rock, sin abandonar la emotiva lírica romántica con la que se había iniciado la década. Podría decirse que el pop hizo una limpieza, una colada de la oscura y ajada ropa usada por los antihéroes del after-punk, y sacó a tender al sol las pulcras y relucientes camisas, con un fresco olor a limpio, de intrépidos jovenzuelos con aire intelectual como Morrissey (Smiths), Lloyd Cole, Chris Isaac, Friends Again, Pale Fountains, Lotus Eaters, Blue Bells, etc. Su frescura y desenfado no dejaban de estar impregnados con aires de cierta nostalgia imbuida de un espíritu atormentado, que resultaba sorprendente e inusual en gente tan joven. Incluso Ian McCulloch (Echo and the Bunnymen) sacó un disco en solitario en plan Lord Byron veinteañero, con aquella memorable canción dedicada al mes en que nos encontramos y que refleja a la perfección esa melancolía otoñal con sólo veinte primaveras a sus espaldas: “September Song”.

Mientras que, aquí en España, tuvimos a los Duncan-Dhu, que dieron nombre a las típicas poses fotográficas, con la mirada perdida en el infinito, haciéndose los interesantes (en la última foto de abajo, sale Diego Vasallo con una camisa oscura estampada que también tenía yo, recuerdo que, un día que tocaron en Madrid, mucha gente me confundió con él cuando iba dando una vuelta por Malasaña con los amigos, incluso llegaron a pedirme un autógrafo!!!). Y qué mejor forma de cerrar el círculo que con Mikel Erentxun cantando una versión de Morrissey: “Esta Luz Nunca se Apagará”.

Y es que en aquellos años de tardía adolescencia o madura juventud para muchos de nosotros, ya habíamos probado las mieles amargas del desamor o de la interminable agonía de platónicos suspiros por aquella belleza inalcanzable
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Capítulos anteriores de esta serie: I, II, III, IV, V y VI.

miércoles, septiembre 23, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (VI): ROCK-OLA




Y entonces descubrimos Rock- Ola, mi amigo Carlos y yo ya teníamos la edad suficiente y nos sentíamos preparados para acudir a aquella auténtica meca de la movida madrileña, y el pistoletazo de salida de aquella nueva etapa fue sin duda el restallar de aquel sonoro latigazo eléctrico, seguido de un intenso y penetrante sintetizador, con el que se abría el memorable tema “Nowhere Girl”, de los británicos B-Movie, el primer concierto al que acudimos (arriba está la entrada). Lo cierto es que, tras la enorme expectación que había generado esta canción en las emisoras de radio más “in” del momento, el grupo decepcionó un poco en directo, aunque a Carlos y a mi nos encantó ver todo aquel ambiente y codearnos con toda aquella gente, fue como un rito iniciático que nos hizo sentir que estábamos en el “ojo del huracán”.

Aquello nos enganchó, el segundo concierto al que acudimos no fue en la sala principal de arriba, sino en el sótano, denominado el “Marquee”. La sensación de secta y de catacumba prohibida se vió incrementada por la canción “Sanctuary”, interpretada por The Passions.

Posteriormente vendrían muchos más conciertos, prácticamente todas las semanas o, al menos, una vez al mes acudíamos a la legendaria sala, muchas veces gracias a que, bien Carlos, bien yo, cuando no ambos, habíamos conseguido invitaciones gratis a los conciertos, como premio a alguno de los concursos que hacían los programas de radio (FM) de la época, imprescindibles en el desarrollo de toda esta movida, como fueron “Dominó” (del añorado y sensible Gonzalo Garrido) y “Sin Nicotina” (del querido y honesto Fernando García).

Uno de los más memorables fue sin duda el de los “Stranglers”, (del que justamente ayer se cumplieron 32 años, como demuestra la entrada) grupo pionero del punk londinense más auténtico y aguerrido, pero que entonces estaba evolucionando hacia un elegante “post-punk”, con aires de instrumentación clásica, debido a su gran calidad como músicos, en especial su teclista Dave Greenfield, que tocó el clavicordio en ese fabuloso vals del “Golden Brown” o aquel hipnótico teclado con sonido de metalófono que envuelve a la perfección la bella guitarra española de “European Female”, por no hablar de la canción en la que está inspirado el nombre de este blog, “Mad Hatter”.

Capítulos anteriores de esta sección: I, II, III, IV y V.

martes, septiembre 22, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (V): MÁQUINAS vs PERSONAS


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Como contrapartida a aquellas superficiales y disolutas “Girls on Film”, muy de carne y hueso, con las que terminamos el capítuo anterior, un moderno equipo de ingenieros de sonido y magos de la electrónica nos trajeron un concepto mucho más profundo, oscuro y cuasi-filosófico de las modelos, con aquella imperecedera “The Model” de los alemanes Kraftwerk, de la que, el pasado año, osaron interpretar una versión acústica los impagables Arizona Baby.

En capítulos anteriores, ya hemos mencionado la gran importancia que los avances tecnológicos han supuesto en la historia de la música popular, pero en esta etapa, con el surgimento del tecno-pop, las máquinas (sintetizadores, procesadores, cajas de ritmos, etc.) parecen haber tomado las riendas, y reflejan el gran desarrollo cuasiexponencial que estaba empezando a experimentar la informática y la robótica en todo el mundo. También se pusieron de moda entonces las versiones extensas de maxisingles creadas especialmente para la pista de baile. Uno de los mejores ejemplos que se me ocurre, con montaje basado en la “Guerra de las Galaxias” (otro hito cinematográfico del momomento) es este “The Things That Dreams Are Made Of” de los ingleses The Human League, cuyo nombre parece reivindicar la preponderancia de los seres humanos (de carne y hueso) sobre el imperio de las máquinas... todavía.

También pusieron su granito de arena en esta loable misión de enfatizar las facetas humanas (y por lo tanto imperfectas) sobre las frías máquinas, el dúo británcio Soft Cell, con aquella impagable versión del “Tainted Love”, con un aire de cabaret electrónico y tecnificado pero, al mismo tiempo, muy humano.

La tecnificación tampoco supuso olvidar las influencias del pasado como los Beatles, en el primer capítulo ya dijimos que se les puede considerar unos auténticos “clásicos”, como lo demuestra esta magnífica versión del “All You Need Is Love” de mis queridos New Musik (con la portada de su LP "Warp" en la 2ª foto).

Pero el acontecimiento que supuso una auténtica revolución en mi casa, fue cuando traje aquel disco con un cisne rosa envuelto en celofán, el “Speak & Spell”, el primer álbum de unos jovencitos británicos trajeados llamado Depeche Mode. Sobre todo a mi hermano pequeño (que debió de pensar “vaya, menos mal! parece que por fin este trae algo de música decente a casa y no los macarras a los que nos tiene acostumbrados”), ciertamente parece que aquel grupo le abrió los oidos, le causó una gran impresión y terminó haciéndose bastante adicto, nunca tenía suficiente de aquel ritmo en bucle perfecto a base de sólo tres notas del “Just Can't Get Enough”.

Capítulos anteriores de esta sección: I, II, III y IV.

viernes, septiembre 18, 2015

CANCIONES QUE DEJAN HUELLA (IV): NEORROMANTICISMO






Tal y como adelanté en el capítulo anterior, en este toca hablar de los viajes a Inglaterra para aprender inglés, alojado en casas de familias de allí, cosa que ya narré en su día cuando hablé de las “flechas envenenadas” del grupo ABC.

Sin duda, la coincidencia en el tiempo de la adolescencia con el apogeo del “New Romantic”, supuso una circunstancia de alto riesgo que la mayoría superamos heroicamente sin problemas, con la única secuela de algunos dibujos trazados espontáneamente a lápiz, como el primero de arriba (si pincháis en él podéis verlo ampliado).

En la entrada del enlace, en la que hablé de esta época, se quedaron en el tintero algunos grupos más, tan pioneros y emblemáticos del estilo como “Adam and the Ants”, “Duran-Duran” o “Spandau Ballet”. Éstos últimos (que hace poco han estado actuando en España), comenzaron su carrera con una excelente canción y un gran vídeo (en aquella época los vídeos ya habían adquirido una gran importancia a la hora de promocionar las canciones y los grupos) como es el de “To Cut a Long Story Short” (título que viene muy a colación con el estilo de esta sección en la que trato de resumir de manera breve, concisa y amena, toda una interminable serie de canciones que me han acompañado a lo largo de la vida). Esta canción, al igual que la misma esencia del estilo “New Romantic”, trataba de conciliar tradición y costumbrismo con modernidad y juventud, todo ello envuelto en un glamuroso ambiente dotado de un peculiar sentido de la elegancia, resultando un interesante y atractivo cóctel de atuendos, peinados, maquillajes, sonidos y bailes, que podía ir desde la desenfrenada fantasía de “Adam and the Ants”, con sus poderosas guitarras y sus dos baterías, hasta la pulcra sobriedad del neoclasicismo electrónico de “Orchestral Manoeuvers in the Dark” (O. M. D.), más próximos al “tecno-pop”, si bien la línea que separaba ambos estilos era muy fina y difusa.

Éstos últimos tuvieron varios temas de éxito, pero mi preferido es “Maid of Orleans”, dedicado a la heroína Juana de Arco, preciosa canción y vídeo, con sus elegantes y armoniosos aires medievales tecnificados, la cadencia marcial de la caja de ritmos marca el compás a unos sintetizadores que suenan a gaitas.

Por su parte “Adam and the Ants” lucían unas sofisticadas y abigarradas pintas en las que mezclaban atuendos piratas, chaquetas de húsares, plumas y otros adornos propios de los piles rojas norteamericanos (indios). Además de por su espectacular look, destacaron por la presencia en el escenario de dos baterías, con las que lograban poderosos ritmos tribales marcados por el entrechocar de las baquetas de madera, también tenían logrados coros, así como un potente sonido de guitarras, gracias en buena medida a la Gibson de Marco Pirroni (actualmente en el dúo de indie rock “The Wolfmen”), uno de los pilares del grupo, junto a su amigo Adam Ant (Stuart Leslie Godard), el indiscutible líder y cantante (actualmente en tratamiento psiquiátrico por trastorno bipolar). El tema que quizás refleja mejor toda esta alocada mezcolanza de estilos, influencias y sonidos es este titulado “Rancheros”, en el que se aprecian de una manera más clara esos aires fronterizos de influencia americana.

En una de aquellas excursiones por Inglaterra, visitamos la bella ciudad de Bath, de donde proceden mis queridos “Tears for Fears”, de los que llegué a colgar un poster en la pared de mi habitación y a los que ya dediqué la entrada del enlace. Tras haberlos escuchado con gran profusión durante aquellos años, ahora me doy cuenta de la gran calidad de canciones y videos como este de su gran tema “Pale Shelter”.

Y de Duran Duran… ¿Qué queréis que os diga?... Musicalmente hablando, quizás no tuviesen excesivo mérito, pero en lo referente a la imagen y a los vídeos fueron de los que más nos alteraron nuestras ya de por sí revolucionadas hormonas, con animadas canciones de baile como su espectacular “Girls on Film”.

Capítulos anteriores de esta serie: I, II y III.