El complejo mundo de la sanidad vegetal está dominado por las denominadas “plagas” (insectos y ácaros) y por las enfermedades, causadas principalmente por virus, bacterias y hongos. Pero, un poco como entremedias de los dos o, mejor dicho, serpenteando con maestría y habilidad entre ambos mundos, el “macro” y el “micro”, tenemos a los nematodos. Unos diminutos gusanos, algunos son microscópicos pero otros alcanzan longitudes de 1 ó 2 mm, de forma que pueden observarse a simple vista.
El primer nematodo con el que me tropecé en mi carrera profesional fue el Nemátodo de la Madera del Pino (Bursaphelenchus xylophilus). Originario de Norteamérica, llegó a Europa, concretamente al Puerto de Lisboa (Portugal), en 1999, y fue detectado por primera vez en España (Extremadura), en 2008. Este gusano utiliza a los insectos cerambícidos del género Monochamus como agente vector para introducirse en la madera de los pinos, ya que pone los huevos en el interior de la madera de diversas coníferas, de la que se alimentan sus larvas. Una vez dentro de la madera, los nemátodos se desarrollan y se reproducen masivamente en los canales resiníferos. La masa de gusanos los obstruye, el sistema vascular del árbol se colapsa y el pino termina muriendo.
La alarma que este nematodo produjo en la UE, se tradujo en la publicación de la Decisión de Ejecución de la Comisión Europea 2012/535/UE, de 26 de septiembre de 2012, que ha sido modificada en varias ocasiones y, por la cual, Portugal somete a tratamiento térmico a todos los lotes de madera de pino que salen del país, con el enorme gasto energético que ello supone, además de los numerosos controles y procedimientos administrativos.
Más recientemente, algunos viticultores riojanos me han hablado de otros nemátodos patógenos que afectan a la raíz de la vid, como son el “Nematodo daga” (Xiphnlema index) que clava en los tejidos del ápice radicular su terrorífico odontoestilo (un estilete bucal largo y fuerte en forma de puñal) sujeto por un anillo guía; así como los “Nematodos de las agallas de la raíz” (Meloidogyne sp,).
Pero no todos los nemátodos son dañinos, algunos son beneficiosos, puesto que sirven para combatir otras plagas, como son los llamados entomopatógenos (EPN), que penetran por los orificios naturales de las larvas de insectos, liberan unas bacterias que están asociados con ellos, al objeto de secretar unas toxinas que matan al insecto. Los nematodos se alimentan del cadáver, se reproducen y los jóvenes nematodos salen del cuerpo del insecto en busca de nuevas víctimas. Los géneros más conocidos son Heterorhabditis (1ª foto) y Steinernema (2ª foto mostrando su terrorífica boca), que incluso se comercializan para la lucha biológica contra plagas.
Resuena en el sombrero: "Tengo un Pasajero".- Parálisis Permanente (Madrid, 1982).



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