Las fotografías de arriba, en las que se ve a un Ganso arropando a un cachorro de Perro con sus alas (no se sabe dónde ni cuándo), se han hecho virales en las redes sociales, desde hace unos 6 años y salen de vez en cuando a la palestra para avivar el debate ético y filosófico sobre si los animales son capaces de sentir emociones como el altruismo, la generosidad y la empatía.
No es el único caso en el que un animal ayuda a otro ejemplar perteneciente a otra especie, sin sacar nada a cambio. Se han visto imágenes de una piara de cerdos empujando hacia el río a un pez que había quedado varado en su orilla. O el caso en el que se observó, en las costas antárticas, a una pareja de Ballenas jorobadas interponiéndose entre una manada de Orcas y la Foca a la que perseguían para comérsela, consiguiendo que ésta última llegase sana y salva a tierra.
Los científicos no se ponen de acuerdo respecto a la explicación de las causas de estos comportamientos animales, principalmente porque es imposible saber lo que sienten o piensan éstos, a quienes los prepotentes y soberbios seres humanos, a menudo hemos negado al resto de los animales “inferiores” estas capacidades que consideramos exclusivamente humanas.
El altruismo humano está basado, en primer lugar, en que, gracias a la amígdala, somos capaces de percibir el sufrimiento ajeno, sentimos empatía, compasión y lástima, nos ponemos en el lugar del otro y actuamos en consecuencia para ayudar al prójimo, al hacerlo nuestro cerebro segrega dopamina y oxitocina, se activa un sistema de recompensa que nos produce una sensación placentera que ha sido denominada “calor del ayudante”, que refuerza ese comportamiento y nos induce a repetirlo más veces. Además de “ayudantes”, también diría que se produce una cierta experiencia o sensación de “jugar a ser Dios”, ya que nuestras acciones o inacciones, nuestra voluntad, puede determinar la vida o la muerte de otro ser vivo, no sólo animales, ya que podemos sentir algo muy parecido cuando regamos un pequeño arbolillo silvestre del campo, en lo peor de la dura sequía estival.
Ciertamente, estos presuntos comportamientos altruistas únicamente han sido observados en animales “superiores” vertebrados que tienen un cerebro bastante desarrollado. Algunos insectos sociales (abejas y hormigas) son capaces de sacrificarse en beneficio de la colonia, pero se sospecha que en estas acciones no interviene una verdadera voluntad, sino que los miembros de la colonia actúan de manera programada, al formar parte de una especie de “superorganismo”.
De este asunto del “amor incondicional” ya habíamos hablado en un par de ocasiones anteriores.
Resuena en el sombrero:
“No Matter What”.- SS-20 (L. A. (USA), 1986).


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