viernes, noviembre 30, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XXII)



Uno de los prototipos de banda de garaje formada por adolescentes fueron The Paragons (Charlotte, North Carolina), además de la escasa edad de sus miembros, cumplieron con el resto de tópicos, a saber: Vida efímera (entre el 65 y el 68); tuvieron un único éxito “Abba” (1967) que, con el paso del tiempo, se convirtió en un clásico del estilo, con ese insistente y repetitivo soniquete que invita a bailar moviéndose con pequeños y graciosos giros de derecha a izquierda, acompañado por unos pegadizos coros llenos de lánguida y agridulce energía vital adolescente. En cuanto a la letra, se supone que se refiere a una chica con ese inusual y extraño nombre. Dudo mucho que tuviera algo que ver con el nombre que adoptarían 5 años más tarde 2 chicos y 2 chicas de Suecia que alcanzarían fama mundial, porque creo que su nombre proviene de la suma sus respectivas iniciales: Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid.

Como en otras ocasiones, la canción llegó a mis oídos por primera vez en 1989, obra y gracia de uno de los grupos fundamentales del revival garajero de los 80, The Cynics (Pittsburgh, Pensilvania), a quienes les gusta mucho venir a tocar a España, no en vano su guitarrista Gregg Kostelich se casó con una española y ambos formaron el sello discográfico “Get Hip Recordings”, en el que The Cynics vienen sacando todos sus discos, junto con otras muchas bandas, entre ellas una de mis favoritas The Ugly Beats (Austin, Texas).

Este clásico fue también el pelotazo de salida, en el 2001, de una banda amiga española, The Holdens, cuyo bajista, Paco de la Calle, había tocado primero con nosotros en The Rescuers, para pasar luego a los añorados Potros, todos ellos afincados en Madrid. Mientras que a la voz y el Farfisa teníamos a la bella y simpar amiga Lucía, que también ha tocado con los Cynics y actualmente lo hace con “Las Jennys de Arroyoculebro”.

Que las disfrutéis!:

1) The Paragons (1967).

2) The Cynics (1989).

3) The Holdens (2001).

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miércoles, noviembre 21, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XXI)



Para la mayoría de la gente, las siglas NRBQ no les dicen nada, pero son el acrónimo de “New Rythm and Blues Quartet”, una de las bandas americanas de rock and roll que llevan más tiempo en activo, desde 1967 a la actualidad, si bien de manera un tanto irregular, intermitente en el tiempo y con gran variación en sus músicos. Uno de los miembros fundadores y el único que ha permanecido constante en todas las formaciones de la banda es Terry Adams (en la segunda foto ficha policial de 1966), nacido el 14 de agosto de 1948, en Louisville (Kentucky), teclista y vocalista, junto con Phil Crandon compuso la canción “I Want You Bad” (considerada por algunos como la mejor canción de la historia), incluida en el álbum “At Yankee Stadium” que publicaron en 1978.

Nueve años más tarde, un paisano de Terry, al igual que él también con un peculiar sentido del humor, Sid Griffin (nacido el 18 de septiembre de 1955, en Louisville, Kentucky), al frente de los legendarios The Long Ryders (activos entre 1983-87, con sede en Los Ángeles, California), incluyeron en su álbum de 1987, “Two Fisted Tales”, una excelente versión de “I Want You Bad”, que fue la causa de que conociera a NRBQ, si bien, personalmente, me gusta más la versión que hicieron los Long Ryders, quizás sea debido al especial cariño que le tengo a este grupo californiano.

A ello también se debe que, como habéis podido ver en el enlace del primer párrafo y de manera excepcional, es la segunda vez que le dedico una entrada, pero es que la canción lo merece, es un auténtico tiro de “Power-pop” en estado puro, letra sencilla, concisa, meridiana y contundentemente clara, con un ritmo trepidante y una melodía pegadiza que llega directa al corazón.

Que las disfrutéis!:

1) NRBQ (1978).

2) Long Ryders (1987).

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martes, noviembre 20, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XX)


Este mes se han cumplido 50 años de la publicación del denominado “álbum blanco” de los Beatles. En 1968, el grupo de Liverpool estaba en su máximo esplendor, unidos, con la creatividad por las nubes y con un karma excelente, tras sus andanzas por la India. En la casa de George Harrison, grabaron una maqueta en acústico que contenía una preciosa canción denominada “Child of Nature”, en la que John Lennon habla de sentirse unido a la Naturaleza, de considerarse uno más de sus hijos, o sea la plenitud del “verdadero ser”.

Pero el “ego” siempre está al acecho, agazapado en nuestro cerebro, esperando su oportunidad, la cual llegó en 1970, con la disolución del grupo. En 1971, John Lennon publicó un álbum en solitario, titulado “Imagine”, en el que incluyó una versión de “Child of Nature” pero cambiando la letra para expresar sus frustraciones experimentadas como amante y marido, la tituló “Jealous Guy”:

"I was trying to catch your eyes
I thought that you were trying to hide
I was swallowing my pain
I was swallowing my pain
I didn´t mean to hurt you
I´m sorry that I made you cry
I´m just a jealous guy".

Johnn Lennon refleja muy bien las paradojas, claroscuros y contradicciones de la sociedad occidental, de la que es un icono indiscutible. No en vano, terminó su vida asesinado por un loco fanático, aquel fatídico 8 de diciembre de 1980. Es curiosa la exactitud cronológica con la que concuerdan las diferentes fases de su vida con las sucesivas décadas: 50´s: Aprendizaje. 60´s: Plenitud. 70´s: Decadencia. 80: Muerte.

De “Jealous Guy” se hicieron al menos 92 versiones, una muy curiosa a cargo de Lou Reed que cantó en el concierto de homenaje a Lennon, en octubre de 2001, en el “Radio City Music Hall” de Nueva York. Pero la más famosa fue la que hizo Bryan Ferry, con “Roxy Music”, en 1981, que alcanzó el número uno en varios países, 3 meses después del asesinato de John Lennon.

Que las disfrutéis!:

1) The Beatles: Child of Nature (1968).

2) John Lennon: Jealous Guy (1971).

3) Roxy Music: Jealous Guy (1981).

4) Lou Reed: Jealous Guy (2001).

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lunes, noviembre 19, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XIX)



Esta mañana, paseando con mi hijo por el parque, he visto un grupo de setas que tienen el curioso nombre de Lacrymaria lacrymabunda, debido a que sus láminas exudan unas gotitas líquidas que se tiñen de negro con sus esporas, si bien antes de abrir su sombrero este se conecta al pie mediante una cortina de finos filamentos (ver 1ª foto).

Algunas personas (especialmente los hombres), cuando ya lo damos todo por perdido, recurrimos a la patética estrategia de dar pena o inundar a la pareja o ex - pareja en un mar de lágrimas, lo cual, evidentemente, no sirve de nada excepto para desahogarse.

Si hablamos de desahogarse y de dar rienda suelta a las emociones, inevitablemente, tengo que referirme al "Garage", con sus intensas canciones por las que fluyen a raudales las hormonas adolescentes y, por supuesto, también ríos y ríos de lágrimas.

La canción más emblemática, compuesta en 1966 por un grupo de jovencísimos chicanos de una pequeña ciudad del Estado de Michigan, "Question Mark and the Mysterians" (2ª foto) y su impagable "96 Tears", con uno de los riffs de órgano que más ha marcado a los teclistas de este estilo musical, unos auténticos pioneros del sixties-punk. El tema ha sido versionado por bastantes grupos, pero el que más me llamó la atención fue la que hicieron los Stranglers en 1990, genuinos progenitores del punk del 77.

Tampoco podía pasar por alto la desgarradora canción "Cry (over her)", compuesta también en 1966 por The Malibus y que versionaron fabulosamente, con un sonido aún más corrosivo, mis queridos Tell-Tale Hearts, en 1986.

Que las disfrutéis!:

1) Question Mark and the Mysterians: "96 Tears" (1966).

2) The Stranglers: "96 Tears" (1990).

3) The Malibus: "Cry (over her)" (1966).

4) Tell-Tale Hearts: "Cry (over her)" (1986).

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viernes, noviembre 16, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XVIII)



El grupo de Pamplona "Exnovios" acaba de publicar hoy mismo su disco "Te espero al final" que incluye una fabulosa versión en castellano del tema "What I´m going to do" que la banda californiana The Dovers publicó en 1965 y que llegó a mis oídos, a mediados de los 80, gracias al recopilatorio "Pebbles" (Vol. 2), ellos la titulan "Dime a dónde voy a ir".

Este tema expresa de forma elocuente esa insistencia machacona y obsesiva del amor adolescente, esa dulce flojera de piernas, esas mariposas en el estómago, ese espíritu inestable, volátil, de rumbo errático e impredecible que, en esta canción, se eleva a la categoría de un misticismo sublime.

Que las disfrutéis! Feliz viernes!:

1) The Dovers (1965).

2) Exnovios (2018).

martes, octubre 30, 2018

LOS EXTREMOS SE TOCAN XXIX: REMINISCENCIAS MEDIEVALES EN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS


Todos nos hemos referido alguna vez a los “misterios de la informática”, ciertamente, los avances tecnológicos no han conseguido desterrar de nuestro vocabulario palabras como “misterio”, “”, “espiritualidad” o “romanticismo”. Y es que, en algunos aspectos, existen bastantes similitudes entre lo “virtual” y lo “espiritual”.

Un ejemplo de esto se traduce en el gran éxito que está teniendo el programa de TV “Cuarto Milenio”, a uno de cuyos episodios acudió como invitado el famoso psicólogo y escritor Rafael Santandreu, quien se declaró escéptico en materia paranormal, si bien, tras vivir en primera persona la experiencia que contó, dijo que está abierto a otras posibles interpretaciones de fenómenos reales para los que la ciencia aún no ha encontrado una explicación lógica. La experiencia en cuestión fue esta (programa de 14/10/2018):

“Una mañana acudió a mi despacho un chico de unos 25 años de edad para pedirme un favor, resulta que su abuela de 90 años estaba enferma de cáncer, en fase terminal, y, aunque llevaba su dolencia con gran serenidad y dignidad, me contó que, como ella era muy fan de mis libros, le haría mucha ilusión venir un día para que le firmase mi último libro y charlar un rato, si fuese posible, además, sería una buena excusa para sacarla de casa y que anduviera un poco. Por supuesto que le dije que estaría encantado de conocer a su abuela, más aún residiendo en la misma ciudad de Barcelona, así que le di mi número de teléfono y quedamos en que me llamaría cuando estuviesen dispuestos a venir.

A la semana siguiente, recibí una llamada del chico para decirme que, si no tenía inconveniente, iba con su abuela al despacho. “Estupendo”, le dije, “aquí os espero”. Cuando llegaron, vi a una mujer anciana y de aspecto frágil, pero me sorprendió la enorme serenidad e incluso alegría con la que asumía su enfermedad. Le firmé el libro, charlamos un buen rato y al despedirnos les dije que me había encantado hablar con ellos, que volviesen cuando quisieran para tomarnos un café. Me apeteció guardar un recuerdo de aquella visita tan entrañable, así que saqué el móvil y nos hicimos un “selfie”, antes de que se fueran.

Al mes siguiente, el chico me volvió a llamar para decirme que, desgraciada pero previsiblemente, su abuela había fallecido aquella noche, mientras dormía, sin ningún dolor, ni sufrimiento.

Al año siguiente, publiqué un nuevo libro y acudí a varias cadenas de radio y otros medios de comunicación de diversas ciudades españolas, para realizar la correspondiente presentación. En una emisora de radio de Vitoria, la locutora me dijo lo siguiente: “Puedo estar de acuerdo en que todo depende de la forma en la que percibimos las cosas y en cómo nos las tomamos, pero de ahí a ser capaces de sentir alegría ante la enfermedad ¡Eso no creo que sea posible!”. Para contestarle, me acordé de la abuela de aquel chico de 25 años, en Barcelona, y le expliqué la serenidad e incluso la alegría que había visto en la mirada y en la actitud de aquella mujer, siendo plenamente consciente de su enfermedad y aceptando la próxima llegada de la muerte.

Tras la entrevista en la radio, regresé a la habitación del hotel en el que me alojaba, dejé el móvil sobre la mesilla y me estiré un rato en la cama. Entonces me acordé que estaba esperando un mensaje de la secretaria de mi consulta, así que cogí el móvil, marqué el código de desbloqueo y al ver la fotografía de fondo que apareció en la pantalla me pegué tal susto que se me cayó el móvil al suelo, ya que esa foto era la de la mujer fallecida de cáncer de la que había estado hablando en la radio. Era prácticamente imposible que, estando en mi bolsillo, el teléfono se hubiese desbloqueado, aleatoriamente se hubiese abierto la edición de pantalla y se hubiese seleccionado por azar precisamente esa fotografía entre los centenares de ellas que guardaba en el móvil. No encuentro ninguna explicación racional para ese hecho, pero lo que es indudable es que allí estaba esa foto de fondo de pantalla”.

Las nuevas tecnologías, sobre todo las redes sociales, están posibilitando una nueva forma de relacionarnos, sobre todo cuando contactamos con personas a las que no conocemos “en carne y hueso”. Las relaciones virtuales tienden a favorecer cierta idealización, ya que todo el mundo mostramos sólo aquello en lo que destacamos, nuestras virtudes o talentos de los que nos sentimos más orgullosos, mientras que tendemos a esconder nuestros defectos, nuestros fallos y aquellas facetas que consideramos más oscura o vergonzantes.

Curiosa y paradójicamente, en este ámbito virtual de las emociones afloran reminiscencias de nuestro poso cultural judeocristiano, que apenas ha cambiado desde la Edad Media. De forma que las redes sociales se llenan de “demonios”, “dragones”, “juegos de tronos”, “ángeles de la guarda”, “Quijotes”, “Sancho Panzas” y hasta “Dulcineas del Toboso”. Al igual de lo que sucedía con los personajes ideados por Don Miguel de Cervantes, inspirándose en los antiguos “Libros de Caballerías”, el idealismo y el romanticismo más puros se mezclan, a partes iguales, con evidentes dosis de humor, ironía y crueldad, rozando en ocasiones lo ridículo, la vergüenza ajena y hasta lo escatológico.

Ante todo esto, surgen una serie de preguntas: ¿Se puede echar de menos a una persona a la que únicamente conocemos de manera virtual? ¿Están preparadas nuestras mentes y nuestros cuerpos para estas nuevas formas de comunicación? ¿Es sano y positivo o peligroso y negativo?

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Resuena en el sombrero: “Almost with you”.- The Church (Sidney (Australia), 1982). 

jueves, octubre 18, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (XVII)



Aunque comenzó su larga carrera en 1961, la cantautora folk y artista visual canadiense con el peculiar nombre de Buffy Sainte-Marie, me había pasado totalmente desapercibida hasta hace poco que me he enterado que es la autora de una canción titulada “Cod´ine”, dedicada al opiáceo codeína, a la que se hizo adicta debido a una afección de garganta, en 1963.

Buffy forma parte del reducido y selecto grupo de artistas de raza amerindia (nativos norteamericanos), concretamente pertenece al pueblo “Cree”, que habitan la zona de Quebec, Ontario, Alberta, Manitoba y Saskatchewan (en esta última región nació Sainte-Marie el 20 de febrero de 1941).

Por lo visto, los nativos norteamericanos son genéticamente más propensos a caer en el alcoholismo y otras drogadicciones, quizás su profundo sentimiento de formar parte de un Todo con la Naturaleza, les conduzca hacia una enorme tristeza cuando se ven involuntaria e inevitablemente inmersos en una sociedad que destruye el mundo natural, lo que les lleva a tomar peligrosos atajos de autodestrucción.

La canción "Cod´ine" es de una sinceridad brutal, nos abre a una percepción de la verdad que duele en el alma, quizás por ello haya sido versionada por numerosos artistas, aunque llegó a mis jóvenes oídos a través de los legendarios Barracudas, en su álbum de 1981 "Drop Out".

¡Que las disfrutéis!:

1) Buffy Sainte-Marie (1963).

2) The Barracudas (1981).