viernes, agosto 17, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (V)



Además de la simpar Deb O´Nair (que mecionaba en el capítulo anterior), quien realmente me aficionó a los hipnóticos sonidos del “Contiental Vox”, hasta el punto que me compré uno (de segunda mano, ver historia en el siguiente enlace) para tocar con los Rescuers, fue el no menos único y peculiar JeffMonomanConolly, al frente de sus legendarios Lyres. Lo de “Monoman” le viene por la gigantesca colección de singles en sonido “mono” de raros grupos de garage de los 60, que atesora, de los que tocaron innumerables versiones, si bien mi favorita siempre fue el “Love Me Till the Sun Shines” de los inmensos y más conocidos Kinks, compuesta por Dave Davies, en 1967.

Como dijo el gran Jorge Explosión: “Adoro a Dave Davies por encima de todas las cosas, incluidos a los propios Kinks”.

Buen finde queridos y queridas “kinkis” ¡No seáis malos ni malas! Que disfrutéis de ambas versiones:

1) The Kinks (1967).

2) The Lyres (1983).

martes, agosto 14, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (IV)




Richard Berry, el autor del “Louie, Louie” (objeto del segundo capítulo de esta sección), también compuso “Have Love Will Travel” que, sin salir de los 60, fue versionada por los Sonics (primera foto), pioneros del sonido garage más primitivo, en el N. O. de USA. Ya en los 80, también la tocaron los suecos The Nomads, de los que hablamos en la anterior entrega de esta sección.

En Europa, fueron ellos, The Nomads, quienes reavivaron el rescoldo del garaje más ácido, crudo y oscuro. Una senda que, sin embargo, ya habían iniciado bastante antes, en Estados Unidos, los neoyorquinos The Fuzztones, quienes, en 1984, nos regalaron una impagable versión del “Strychnine” de los Sonics, un mortífero veneno al que despojaron del aire festivo del saxo y sustituyeron el piano saltarín por un órgano que le otorga un aire tétrico, realmente inquietante y no exento de cierta solemnidad, como de película de terror.

En el dibujo, añado mi personal versión picassiana de una foto del emblemático grupo neoyorquino, culpables de inocularnos el veneno del garage a no pocos jovenzuelos de la época, entre los que me incluyo, ya que, dos años después, me encontraba sobre el reducido escenario del “Agapo”, emulando a la mismísima Deb O´Nair, tocando los acordes del “Strychnine”, a las teclas de un vetusto “Continental Vox”, junto a The Rescuers, en Madrid. Mientras los Legendary Golden Vampires hacían lo propio en Berlín y conseguían grabar su versión para la mítica recopilación “Battle of the Garages.- Vol. IV”.

Que las disfrutéis:

1)   The Sonics (1965).
2)   The Fuzztones (1984).

jueves, agosto 09, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (III)




Para los españoles que vivimos la década de los 70 y vimos las películas de Alfredo Landa, los suecos y las suecas eran unos seres benéficos de piel blanca y pelo rubio que venían en verano desde el Norte de Europa, básicamente para tostarse al sol, semidesnudos, beber sangría y comer paella, durante el día, y bailar ABBA y beber cava, embutidos en sus relucientes trajes blancos, en las discotecas de la costa mediterránea, por la noche.

Por eso, cuando a mediados de los 80, comprobamos que existían grupos suecos como The Nomads, pioneros del garage-punk-rock en Europa, que tocaban canciones que aseguraban que "Sometimes good guys don´t wear white", fue un auténtico shock, nos quedamos a cuadros, y algunos decidimos apuntarnos a esa honda y comenzamos a devorar música de grupos de los 60, como The Standells, quienes hicieron la versión original de dicho tema en 1966, que ya habían versionado los mismísimos Cramps, en 1982.

Que las disfrutéis:

1) The Standells (1966).
2) The Cramps (1982).
3) The Nomads (1984).

miércoles, agosto 08, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (II)




La primera vez que escuché el "Louie Louie" fue en un programa de radio llamado "La Gran Evasión" que presentaba Fernando Martín "Desperado", a mediados de los 80. Aquella pulsión animal de bajo, piano y batería retumbaba dentro de tí y se te metía en las tripas, como nunca antes me había pasado con ninguna otra canción. No debí ser el único que sintió aquello, porque, en aquella época, se acuñó la frase "O eres de los del "Louie Louie" o eres de los otros", recalcando el distanciamiento que se iba acentuando entre los inicios "modernos" de la "Movida" y la vuelta a los orígenes rockeros y guitarreros de la "Post-movida", que tuvo su epicentro en el madrileño barrio de "Malasaña", donde incluso había un garito con ese nombre tan emblemático: "Louie Louie".

Más tarde me enteré que aquella bestialidad no había sido idea original de los Kingsmen, a mediados de los 60, sino que fue compuesta por un músico negro llamado Richard Berry, en 1957, como puede verse en en el anterior enlace, ya hablé de la curiosa historia de esta canción, inspirada en ritmos caribeños como el "Calypso". Sin embargo, a mediados de los 80, no había "youtube" y nunca había visto a los Kingsmen, por lo que siempre pensé que también serían negros ¡Cuál fue mi sorpresa al comprobar, con cierta decepción, que eran unos jovenzuelos blanquitos de la costa Noroeste de Estados Unidos!

Antes que los Kingsmen, la canción ya había sido versionada por los Wailers y por Paul Revere & the Raiders, e incluso, algo más tarde por los Kinks. Sin embargo, en mi opinión, ninguna versión (incluida la original de Berry), supera a la de los Kingsmen, en cuanto a contundencia rítmica e impacto emocional.

En 1985, Los Elegantes nos sorprendieron con una versión en castellano titulada "Luisa se va", en la que muchos vimos reflejadas todas las "Luisas" que llegaron a nuestras vidas con ilusión y se fueron con cierto amargor, que la pátina del tiempo ha ido endulzando con los años, a ellas les dedico la última foto con el "Mini".

Que las disfrutéis:

1) Richard Berry (1957).
2) The Kingsmen (1963).
3) Los Elegantes: "Luisa se va" (1985).

domingo, agosto 05, 2018

VERSIONES DE UNA VIDA (I)



Recordando aquella sección que inicié en septiembre del 2015, "Canciones que dejan huella", inspirada en el libro que Jaime Urrutia publicó en octubre de 2014, "Canciones para enmarcar", inicio una nueva serie musical en la que voy a recopilar las 13 versiones, con sus correspondientes originales, si bien, en la mayoría de los casos, descubrí la versión antes que el original, que más han marcado mi vida.

Comenzaré con una que descubrí a principios de los 70, cotilleando dentro del álbum en el que mis padres guardan su pequeña colección de singles que llevaban a los guateques de los 60, para tocar en un pick-up, en casa de amigos y amigas, se trata de "El Pequeño Elefante", incluida en un disco de "Rudy Ventura y su conjunto" (1962), en el que hacen una versión cantada del instrumental original que el gran Henry Mancini sacó ese mismo año.

Años más tarde, en los inicios de la fiebre garajera de los 80, en 1983, escuché en la radio la versión que hizo el grupo californiano The Unclaimed, que ellos titularon "Phunt Walk".

Que las disfrutéis:

1) Henry Mancini (1962).
2) Rudy Ventura (1962).
3) The Unclaimed (1983).

domingo, marzo 18, 2018

EL ORFEBRE DE LO VIVO



Joaquín Araujo, hace casi 40 años que leí su libro "Todavía vivo", un auténtico lema de este hombre que siempre quiso ser campesino y que se autome fine como"emboscado". A lo largo de su vida ha plantado más de 25.000 árboles y ahora se dedica fundamentalmente ha labrar, tanto la tierra como las mentes, y siempre lo hace con gran humildad, con el máximo respeto, sin ninguna agresividad, con la meticulosidad y artística delicadeza de un auténtico orfebre de las ideas. Para ello utiliza numerosos e inteligentes juegos de palabras, metáforas, anécdotas, experiencias, una pizca de poesía y hasta los esquemáticos y expresivos gráficos de la escritura china. A veces puede resultar algo rebuscado y enrevesado, pero, ciertamente, no es sencillo hablar de lo infinitamente complejo que, en el fondo, es la esencia de la sublime simplicidad de lo vivo.

En esta ocasión, sus sabias palabras han girado entorno al concepto de "fertilidad", que George Sand define como el mundo del esplendor, y que Joaquín relaciona con la "fraternidad", porque la fertilidad no es sino una suma de fraternidades entre elementos muy diferentes.

¡Qué importante es el proceso! Formar parte del proceso, sin acapararlo,  sin dominarlo y sin destruirlo es la única salvación para la Humanidad. La misma palabra "humano" proviene de "humus", "esa tierra negra que escupe primaveras".

Agricultura es cuidar de lo que nos cuida, cultivar es cuidar. No hay mayor tragedia que haber obligado a todo un sector a convertirse en torturador de la tierra. Cuando se obliga a los agricultores a traicionar sus esencias no sólo se pierde la soberanía alimentaria, la salud, el paisaje y la biodiversidad, sino que fundamentalmente se pierde la DIGNIDAD.

La cultura más culta es la rural. La cultura rural es la creadora del paisaje, del diccionario, de la Historia, del arte y de ese "conocimiento umbilical" que nos mantiene unidos a la "madre tierra".

Joaquín fue el encargado de cerrar la jornada "Ruralidades", organizada en la sala de usos múltiples del Ayuntamiento de Logroño, por "Equo", "Podemos" y "Cambia Logroño", en la que han intervenido Juantxo López Uralde (Equo), Kiko Garrido (Podemos), Andrés Barrio (Cambia Logroño) representante de la red "Intervegas", Raquel Ramírez de la cooperativa "El Colletero" de Nalda (La Rioja) y Lorena Rodríguez, alcaldesa de Carcaboso (Cáceres).

En una charla sobre el mundo rural me ha sorprendido la cantidad de veces que has salido la palabra "cultura" junto a otras que también empiezan por la letra "c" como: cooperación, comunidad cuidadora, custodia del territorio, consumo y colapso.

El colapso ambiental conduce al colapso social, si no recuperamos nuestros valores humanos más positivos como la solidaridad, la cooperación, la igualdad y la fraternidad perderemos nuestros pueblos, la cultura rural y la fertilidad de nuestros campos.

Cierro estas líneas con las mismas palabras con las que se despidió Joaquín: "Que la fertilidad os atalante!". Es un auténtico apóstol del amor a la Naturaleza y del ecologismo más profundo, rozando la fé y lo espiritual, por lo que me recuerda a mis queridos The Church, otros auténticos orfebres del sonido, provenientes de las antípodas del planeta. Si bien, mucho más cercano nos resulta el entrañable José Antonio Labordeta, del que Juantxo recordó su canción "Regresaré a la casa". Aunque, como digo, a mi me tiran más los Church con aquel sublime: "I take love into my hands, journey back to winterland", una canción que expresa muy bien esa imprescindible alianza entre el campo y la ciudad.

Todas las fotos by Mad Hatter.

Resuena en el sombrero: "Into my hands".- The Church (Australia, 1984).

lunes, enero 22, 2018

LA INTELIGENCIA DE LOS BOSQUES O LA "RED FORESTAL"





Al hablar de los bosques, a menudo hay personas que me preguntan: “Pero entonces… ¿Los árboles compiten o colaboran entre ellos?” A lo que suelo responder: “Es algo parecido a lo que pasa en nuestra sociedad ¿Las personas competimos o colaboramos?”. En el actual sistema capitalista, es evidente que, por una parte, se da una feroz competencia, pero también existe la solidaridad, colaboramos, se pagan impuestos en favor del bien común y, entre todos, hacemos que el mundo funcione. Nos ayudamos siguiendo un cierto orden lógico y “natural” de prioridades, en función de la similitud o proximidad: familiares, amigos, compatriotas, europeos,… Pues bien, lo mismo sucede en un bosque, por una parte los árboles compiten en una carrera a muerte por alcanzar la luz en el dosel arbóreo y el acceso al agua y a los nutrientes en el suelo, pero, al mismo tiempo, el conjunto del bosque crea las condiciones adecuadas para que todos y cada uno de sus componentes pueda vivir, convivir, comunicarse, colaborar e interactuar entre sí.

Desde hace tiempo, se viene hablando de la enorme complejidad de los ecosistemas forestales, unos entornos muy difíciles de estudiar, ya que funcionan a plazos muy largos de tiempo que exceden con creces la vida humana, y se desarrollan en ambientes complicados por su distribución en el espacio (abarca desde el subsuelo hasta las copas de los árboles a más de 40 metros de altura), en un terreno escabroso y poco accesible, con unas duras inclemencias meteorológicas (frío, calor, viento, lluvia, nieve y granizo) y con la presencia de fauna molesta (garrapatas y mosquitos) e incluso peligrosa (tarántulas, víboras, osos y lobos).

            En los últimos años, se están produciendo notables avances en el estudio científico de las formas en las que interactúan los distintos elementos que constituyen los bosques (aire, agua, fuego, rocas, suelo, musgos, líquenes, helechos, herbáceas, arbustos, lianas, árboles, hongos, bacterias, fauna invertebrada y vertebrada), así como en el conocimiento de los sistemas de comunicación existentes entre los distintos individuos de árboles, otras plantas y hongos, ya sean de distintas especies, dentro de la misma especie, e incluso reconociendo los lazos familiares (afinidad genética) existentes.

            En estos ecosistemas son de vital importancia las micorrizas (ver 1ª ilustración), es decir la asociación simbiótica entre los extremos radiculares de una planta y las hifas del micelio de un hongo, de forma que ambos organismos resultan beneficiados. La planta aumenta su capacidad de absorción de agua y nutrientes del suelo, así como su interconexión con plantas y hongos vecinos; mientras que el hongo recibe los energéticos y valiosos azúcares procedentes de la fotosíntesis realizada por las plantas.

 La extensa y compleja red formada por las raíces, las micorrizas y los micelios de las plantas y hongos que habitan en el bosque funciona de manera parecida a internet. Su densidad es tal que bajo la huella de un pie humano pueden existir varios centenares de kilómetros de diminutos filamentos por lo que circulan agua, sales minerales, carbono, nitrógeno, fósforo, alelos químicos, hormonas, señales defensivas o de alarma y hasta impulsos eléctricos similares a los que circulan por el sistema nervioso de los animales, aunque a una velocidad bastante menor de un centímetro por segundo.

            Esta tupida y compleja red hace posible que pequeños arbolitos jóvenes puedan sobrevivir durante décadas en la penumbra del sotobosque, sin apenas recibir luz, creciendo unos pocos milímetros al año, nutridos por la sabia que les ceden los árboles adultos colindantes, a la espera de que se abra un claro en el dosel arbóreo y tengan la oportunidad de crecer, desarrollarse, florecer y reproducirse. Esta solidaridad es tal que, incluso, es posible observar tocones de árboles ya cortados, cuya madera sigue viva y creciendo para cerrar la enorme herida del corte, gracias al alimento que reciben a través de la conexión radicular subterránea. Esto también explica que pinos, cuyo cambium ha muerto debido al ataque del hongo patógeno Heterobasidion annosum, puedan seguir vivos sin formar nuevos anillos de crecimiento en su madera, tal y como se ha observado en un rodal de 30 años de edad localizado en Suiza.

            Los hongos también son un elemento clave en el reciclado de la madera, ya que son los únicos seres con encimas capaces de digerir la dura lignina, produciendo la denominada “pudrición blanca”, al dejar como residuo las fibras blanquecinas de celulosa, mientras que otros se han especializado en la descomposición de este polisacárido, dejando bloques paralelepipédicos de lignina marrón, en la llamada “pudrición parda”. En muchos árboles, estas pudriciones comienzan mucho antes de su caída al suelo, ya que el durámen del interior del tronco, constituido por células muertas del sistema vascular del árbol, es atacado por los hongos que lo van pudriendo hasta dejarlo hueco, pero esto no es perjudicial, ya que se ha comprobado que un cilindro hueco es mucho más estable y duradero, frente a vendavales y tormentas, que uno macizo. Además, estos huecos son utilizados como refugio por multitud de animales, los cuales contribuyen con sus restos y deyecciones a fertilizar el suelo existente justo bajo el árbol.

            Como vemos, tanto para bien como para mal, los hongos constituyen un elemento clave en los bosques, estos seres constituyen un reino a parte, diferente de plantas y animales, y, de hecho, son los que pueden alcanzar un mayor tamaño de todos los que habitan en el planeta. Una Armillaria de Suiza se extiende por una superficie de medio kilómetro cuadrado y tiene una edad de alrededor de 1.00 años, mientras que otra encontrada en el Estado de Oregón (EEUU) se calcula que tiene 2.400 años, ocupa una extensión de 9 Km2 y pesa unas 600 toneladas.

            También los insectos juegan un papel importante, no sólo como fitófagos, descomponedores de madera y cadáveres, depredares controladores de plagas o como importantes polinizadores de las flores, sino que intervienen en procesos más complejos, junto a plantas y hongos, como descubrieron por casualidad los investigadores canadienses John Klironomos y Miranda Hat, de la Universidad de Guelph, mientras estudiaban las micorrizas que el hongo Laccaria bicolor establece con las raíces del Pino canadiense (Pinus strobus). Observaron que, cuando el nitrógeno escasea en el suelo, la Laccaria segrega una toxina que inmoviliza al insecto colémbolo (Folsomia candida), de manera que las hifas del hongo penetran en su cuerpo y absorben el nitrógeno almacenado en sus proteínas, el cual es cedido a las raíces de los pinos, para beneficio de todo el ecosistema.

            Los Cerezos silvestres (Prunus avium) tienen en los pecíolos de las hojas un par de glándulas que segregan un jugo azucarado, similar al néctar de las flores, que atrae a su copa a las hormigas, las cuales libran al árbol de las orugas que devoran sus hojas. Pero los planes del cerezo no siempre salen como él pretende, ya que las hormigas, ávidas aún de más néctar, también protegen y pastorean rebaños de pulgones (áfidos), para absorber el exceso de agua azucarada que estos insecto extraen de la savia del cerezo.

            Algunos troncos huecos o en proceso de putrefacción son colonizados por hormigas de la madera que roen la madera podrida y con ella construyen nidos que parecen de cartón, empapan las paredes con el líquido azucarado que secretan los pulgones, sobre este sustrato crecen los hongos, cuya red de filamentos da estabilidad al nido. Innumerables especies de escarabajo son atraídos por la podredumbre que se encuentra en el interior del agujero. Debido a los años necesarios para el desarrollo de sus larvas necesitan unas condiciones estables a largo plazo, es decir, árboles que tarden siglos en morir. Como pasa con el Escarabajo ermitaño (Osmoderma eremita, 2ª foto), recientemente estudiado en los viejos robles del Parque Natural de la Sierra de Cebollera (La Rioja), pudiendo vivir en el mismo árbol varias generaciones de este escaso y raro coleóptero, ya que los adultos sólo vuelan unos pocos centenares de metros, como mucho, y tampoco les gusta caminar.

            Algunas plantas herbáceas, como la Hepática (Anemone hepatica), también son muy fieles a los lugares en los que viven, en zonas frescas y húmedas del umbrío suelo de bosques maduros longevos, con al menos un siglo de persistencia continuada en condiciones estables, ya que sus semillas se propagan con dificultad y a escasa distancia.

            Si bien, hay que destacar el hecho de que, aunque funcionan a plazos temporales mucho más largos que los que rigen las vidas de los seres humanos, los ecosistemas forestales evolucionan de manera dinámica. La roca desnuda es colonizada por líquenes y musgos que, poco a poco, van dando paso a herbáceas y matorrales. Una vegetación cada vez de mayor porte que, con los residuos que genera y la acción de sus raíces, va formando un suelo cada vez más rico y profundo, creando las condiciones para que puedan llegar los árboles. En la vegetación arbórea también hay especies o formaciones propias de etapas colonizadoras, más heliófilas y frugales, que dan paso a bosques mixtos hasta llegar al máximo grado de madurez y complejidad que permite el clima de una determinada zona, es lo que se ha venido conociendo como “clímax” o bosques climácicos. Una perturbación importante, como un incendio o un movimiento en masa del terreno, puede volver a hacer retroceder el proceso evolutivo y que el ciclo vuelva a comenzar de nuevo. De manera que el paisaje que vemos suele estar constituido por un mosaico de roquedos, pastizales, matorrales y bosques de diferentes tipos que van evolucionando y variando su forma, proporción, composición y distribución, con el tiempo.

            Los retazos que nos quedan de bosques maduros suponen un importante reservorio de biodiversidad, una fuente de propágulos capaces de extenderse hacia zonas colindantes, crear pasillos ecológicos que interconecten otros ecosistemas que dan vida a nuestras montañas, llanuras, ribazos entre cultivos, roquedos, riberas de lagunas y ríos, dunas costeras, etc.

            Como ya hemos indicado antes, el sistema funciona de forma similar a las redes de internet, interconectadas en varios niveles de organización que se entrelazan o imbrican unos dentro de los otros. A nivel de un bosque, vemos la importancia que tienen los árboles viejos que funcionan como los nodos principales de una extensa y compleja red que interconecta numerosos seres vivos que dependen los unos de los otros.

            Los avances en esta materia parecen acercar o difuminar las fronteras que hemos levantado artificialmente entre plantas y animales, pero, sobre todo, están influyendo en nuestra forma de percibir, estudiar, manejar y “explotar” los bosques. Y nos planteamos preguntas como las siguientes: ¿Qué porcentaje del crecimiento en madera anual de un bosque (posibilidad) podemos aprovechar para causar perturbaciones que sean asumibles por los ecosistemas (aprovechamiento sostenible)? ¿Hasta qué punto son beneficiosos o eficaces los tratamientos selvícolas (claras y podas) y las plantaciones artificiales que realizamos? ¿Cómo seleccionar las semillas que utilizamos en los viveros forestales para interferir lo menos posible en la evolución genética de las especies?


BIBLIOGRAFÍA:

            Gran parte de los datos de este artículo han sido extraídos del libro “La vida secreta de los árboles” (ver la portada en la 2ª foto), cuya primera edición se publicó el 25 de mayo de 2015, y cuyo autor, Peter Wohlleben, es un guardabosques alemán que tomó conciencia de que los bosques que gestionaba eran mucho más que una fábrica de madera y animales silvestres para cazar, pescar o fotografiar. Así como del artículo publicado en internet, en junio de 2016, por la investigadora canadiense Suzanne Simard titulado “How trees talk to each other”.

Resuena en el sombrero: "A forest".- The Cure (London (UK), 1979).