domingo, septiembre 06, 2020

LA DULCAMARA O LAS UVAS DEL DIABLO




La Dulcamara (Solanum dulcamara) es una planta trepadora bastante común en nuestros setos que resulta especialmente vistosa y llamativa, a partir de estas fechas cuando maduran sus bayas de un intenso color rojo, agrupadas en racimos, por lo que también es conocida como “Uvas del Diablo” (1ª foto).

El nombre genérico “Solanum” procede de la palabra latina “solamen”, que significa “alivio” o “consuelo”, lo que obviamente ha sido para los muchos campesinos que, a lo largo de los siglos, la han tomado para aliviar las articulaciones doloridas de los dedos.

El nombre específico “dulcamara” proviene del hecho de que, al principio, las hojas y la raíz tienen un sabor amargo, que al cabo de un rato se vuelve dulce.

En pequeñas dosis esta planta tiene propiedades diuréticas, expectorantes y sedantes, además de actuar como bactericida y reconstituyente.

Sin embargo, una sobredosis es muy peligrosa, ya que altera el sistema nervioso central, el ritmo cardíaco y la respiración, provocando delirios, convulsiones y a veces la muerte. Por ese motivo, la Dulcamara sólo debe tomarse en las dosis prescritas por una persona cualificada.

La aplicación más conocida de esta planta es la de combatir las afecciones cutáneas, como los eccemas crónicos, la escrófula, el reumatismo y el panadizo (la inflamación del tejido celular de los dedos). También se administra por vía oral para tratar la bronquitis, la ictericia y la colitis ulcerosa, o externamente para las verrugas, los sarpullidos, las úlceras y la celulitis.

Esta planta se ponía también alrededor del cuello del ganado para protegerlo contra el mal de ojo.

En la tumba de Tutankhamón (1343-1323 a. C.) se encontró un collar (2ª foto) que, entre otras plantas, contiene bayas secas de Dulcamara.

Este collar de flores que apareció sobre el tercer féretro se componía de hojas, flores, bayas y frutos de varias plantas, junto con cuentas de vidrio azul, dispuestas en nueve tiras y pegadas a una hoja semicircular de papiro. Es un tipo muy raro, que sólo se conoce por ejemplares del reinado de Tutankhamón y es muy interesante porque muestra las verdaderas hojas, flores y frutos copiados en los collares de cuentas de fayenza de la segunda mitad de la Dinastía XVIII.

Las tres primeras tiras de este collar y la séptima eran parecidas. Se componían de cuentas o lentejuelas de vidrio azul y bayas de solano leñoso (Solanum dulcamara, L.) que colgaban de finas tiras de hojas de palmera datilera. Las lentejuelas y las bayas estaban agrupadas alternativamente, de veinte a veinticinco lentejuelas por cada cuatro bayas. La cuarta tira era de hojas de sauce y de una planta no identificada, dispuesta alternativamente y sirviendo de base para los pétalos de nenúfar azul. Estaban atadas por medio de tiras de papiro que pasaban por encima y por debajo de las hojas.

La quinta tira consistía en bayas de solano que colgaban de una franja de hojas de palmera datilera. La sexta tira se componía de las hojas de una planta no identificada todavía, flores de centaurea y de Picris coronopifolia, Asch., con once frutos de mandrágora (Mandragora officinalis, L.), colocados a intervalos regulares. Los frutos de mandrágora estaban cortados por la mitad, habiéndose quitado los cálices, e iban cosidos al collar. La séptima tira era igual a las tres primeras. La octava se componía de hojas de olivo y de una planta no identificada dispuesta alternativamente. La novena tira, que quedaba en la parte exterior del collar, estaba hecha con las hojas de la misma planta no identificada usada en las tiras sexta y octava, junto con flores de centaurea.

Observaciones acerca de las plantas identificadas: El apio silvestre (Apium graveolens, L.). Sabíamos que esta planta existía en el antiguo Egipto a través de dos fuentes. En primer lugar por una hermosa corona compuesta de sus hojas y de pétalos de loto azul descubierta en una tumba de la Dinastía XXII en Tebas en 1885, y que hoy día se encuentra en el Museo de El Cairo.

En segundo lugar por otra corona bastante parecida, encontrada por Schiaparelli en la tumba de Kha, arquitecto de Amenofis III en Deijr el Medineh, hoy día en Turín. El apio silvestre era también una planta favorita de los floristas de Grecia y Roma. Los vencedores de los Juegos Istmicos y Nemésicos eran coronados con guirnaldas hechas con sus hojas y tales guirnaldas se colocaban también en las tumbas y en las camas de las personas gravemente enfermas. Es interesante notar aquí que en el Museo de Florencia hay algunas semillas de apio silvestre procedentes de una tumba egipcia (No. 3628) y que las semillas de esta planta eran uno de los ingredientes empleados por los escitas para embalsamar los cuerpos.

La centaurea (Centaurea depressa, M. Bieb.). Ésta era una de las flores más corrientes usadas por los floristas egipcios para hacer coronas y se han conservado muchas flores de este tipo en guirnaldas que datan desde la dinastía XVIII hasta la época grecorromana. No es oriunda de Egipto, sino que debió de ser introducida desde el Próximo Oriente o la península griega, primero como un hierbajo entre los campos de grano y luego cultivada en los jardines de Tebas. Hoy día no aparece en Siria ni en Palestina, pero sí en la Arcadia y en la llanura del Ática, donde florece en abril.

En algunas regiones de Australia, la Dulcamara es una planta invasora, por lo que está sujeta a restricciones legales.

Resuena en el sombrero: “Bittersweet”.- Hoodoo Gurus (Australia, 1985).

lunes, agosto 24, 2020

MASCARILLAS PARA LOS MALOS HUMOS


Uno de los fenómenos psico-sociológicos que más me está llamando la atención durante la pandemia es el de los miles de negacionistas que salen a manifestarse a las calles, sin mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad. Supongo que se trata de una mezcla entre dificultad o incapacidad para aceptar y asimilar lo que está sucediendo, junto con una actitud de rebeldía innata frente al poder, en personas con un grado de desconfianza y estupidez por encima de la media.

Lo que me resulta muy difícil de comprender y asimilar es el hecho de que hemos sido capaces de parar el mundo, de confinarnos en nuestros hogares durante meses, poniendo en riesgo la economía mundial, por un virus para el que aún no hay vacuna ni tratamiento. Mientras no tenemos ningún problema en comprar un paquete de cigarrillos con un cartel que pone “el tabaco mata”, junto a una foto de unos pulmones destrozados.

También los hay que pagan gustosamente para adquirir una entrada con la que entrar en un circuito, donde disfrutan aplaudiendo a un grupo de pilotos que se dedican a quemar un montón de gasolina, con el único propósito de ver quien llega primero a cruzar la línea de meta, tras dar un montón de vueltas, acelerando el cambio climático, haciendo apología del culto al riesgo y a la velocidad, poniendo en peligro su integridad física y haciendo uso de los servicios sanitarios cada vez que algún infeliz se va al suelo.

Ahora, como parece que la exhalación de humo favorece la propagación del virus, muchas CCAA están prohibiendo fumar al aire libre, cuando no sea posible respetar la distancia de seguridad ¿Qué tiene que pasar para que se prohíba el tabaco como cualquier otra droga nociva para la salud? 

Respecto a los “deportes de motor” ¿Por qué siguen existiendo vehículos de competición con motores de explosión cuando hace tiempo que podrían y deberían ser únicamente eléctricos?

El comercio legal de tabaco y las carreras de vehículos a motor de explosión son exactamente igual de ilógicos e irracionales que las manifestaciones de negacionistas del COVID-19.

“I bet there´s rich folks eating
In a fancy dining car
They´re probably drinkin´coffee
And smoking big cigarrs
Well I know I had it coming
I know I can´t be free
But those people keep a-movin´
And that´s what tortures me”.


Resuenan en el sombrero: “Folsom Prison Blues”.- Johnny Cash (Nashville, 1969). “Fast Cars”.-Stephen Hawking Experience (¿UK?, 2015).

domingo, agosto 23, 2020

PRESAGIOS DE UNA NUEVA ERA


No soy el único que piensa que nos encontramos a las puertas de una nueva era, la actual pandemia, el movimiento antirracista surgido en EEUU y el agotamiento del actual modelo capitalista, nos hacen presentir que se avecinan cambios importantes en el mundo.

Esta sensación ha sido reforzada durante este verano por dos encuentros que, en tiempos pretéritos, hubiesen sido interpretados por los augures como potentes señales de que algo importante se avecina. El 12 de julio, en la zona más baja de La Rioja, en la Reserva Natural de los Sotos del Ebro (Alfaro), observé un bullicioso bando de aves que, al aproximarse, pude comprobar que se trataba de un grupo de Aviones zapadores (Riparia riparia) que acosaban ruidosamente a un ejemplar albino, de un blanco inmaculado (ver primer dibujo).

Ayer sábado 22 de agosto, en uno de los lugares más altos de La Rioja, en un alto próximo al Puerto de Piqueras, a más de 1.720 m. de altitud, en el talud de una pista forestal, descubrí una roca que brillaba al sol con una colorida y bella iridiscencia, como si un minúsculo trocito de arcoíris se hubiese petrificado (ver 2ª foto). Creo que se trata de una fina capa de Calcopirita que recubre la roca arenisca de esa zona, pero no he podido evitar pensar que se trata de una nueva señal de que se avecinan importantes acontecimientos. Ojalá sea el inicio de una nueva era de respeto a la Naturaleza, a los derechos humanos, a la solidaridad y una mayor igualdad y participación de todos los seres humanos en el devenir de la vida sobre el planeta Tierra.

Algo similar a la premonición de aquel Bisonte blanco, de la que ya hablé hace años.

Por alguna extraña razón, siempre que hablo de estos temas de profecías y presagios, me llevan al lejano Oeste americano, quizás como símbolo máximo de la actual sociedad occidental.

Resuenan en el sombrero: “Rainbow Stew”.- Jason Ringenberg (Texas, 2004). Rainbow man.- Jeff Bates (Mississippi, 2003).

miércoles, julio 22, 2020

VERSIONES DE UNA VIDA (XLVI)



A finales de los 70, surgieron en Madrid una serie de grupos de la denominada “nueva ola”, precursores de la “movida madrileña”, entre los que se encontraban Los Secretos (inicialmente llamados “Tos”), con los hermanos Urquijo al frente, en especial Enrique (tristemente fallecido en 1999), cuyo talento, voz y personalidad de chico sensible y melancólico se plasmaron en unas canciones con gran gancho, que propiciaron el fulgurante arranque de una exitosa carrera musical que continúa hasta nuestros días.

Sin duda, una de aquellas grandes canciones fue “Sobre un vidrio mojado”, una excelente versión de un tema original de una desconocida banda uruguaya de 1969, llamada “Kano y los Bulldogs” (1ª foto).Con este tema, incluido en un EP que se publicó en 1980 (ver portada en la 2ª foto), Los Secretos consiguieron un gran éxito y, a pesar de que en los créditos del disco figuran claramente los nombres de los autores originales, a nivel del gran público, tanto en las actuaciones televisivas, como en los conciertos en directo, así como en la promoción que se hacía en las radio-fórmulas, pasó muy desapercibido el hecho de que “Sobre un vidrio mojado” sea una versión de un tema original de un grupo uruguayo de finales de los 60. Si bien, en mi opinión, Los Secretos mejoraron sensiblemente la canción, gracias a la gran voz de Enrique y a la reforzada intensidad que cobran las guitarras.

A nivel personal, confluyen una serie de circunstancias: 1º) Los hermanos Urquijo vivieron a escasas manzanas de mi casa, en el madrileño barrio de Argüelles. 2º) El gusto de Los Secretos por la música americana (tanto el rock como el country e incluso las rancheras mejicanas). 3ª) Lo mucho que me marcó la lectura del libro “Adiós tristeza” (biografía de Enrique Urquijo publicada en el año 2005). 4º) La letra de la canción “Sobre un vidrio mojado” supuso la primera apuesta que perdí con mi hermano pequeño, ya que, por alguna extraña e inexplicable razón, me empeñé en que la letra decía “Y mis ojos quedaron igual que ese NIÑO, pensando en ella”, en lugar de (como es lógico y natural) “igual que ese vidrio, pensando en ella”. En fin, cabezón y niño llorica que era uno, por aquel entonces.

Mucha salud y disfrutadlas!:

1) Kano y los Bulldogs (Uruguay, 1969).

2) Los Secretos (Madrid, 1980).

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viernes, junio 26, 2020

OLMOS




El sector forestal siempre se ha caracterizado por funcionar en plazos de tiempo relativamente largos en comparación con la escala humana, de ahí su escaso peso en la política, por mucho que ahora se hable frecuentemente de la influencia de los bosques en el cambio climático, el ciclo del carbono, la biodiversidad, reserva de medicamentos naturales y su relación con culturas humanas primitivas e indígenas.

Sin embargo, en los últimos 17 meses he sido testigo de una cadena de acontecimientos que se han producido a un ritmo inusualmente rápido, tratándose del sector forestal, estando además relacionada con una pandemia vegetal (sí, los árboles también sufren pandemias), más concretamente la que afecta a los Olmos (Ulmus sp.), un género de árboles con gran arraigo en los usos y costumbres de las culturas europeas y asiáticas.

Históricamente, se han identificado dos pandemias afectando a los Olmos, ambas denominadas “grafiosis”: Una producida por Ophiostoma ulmi a principios del siglo XX; y otra originada por O. novo-ulmi en la década de 1960. De esta última, la más agresiva, se distinguieron dos cepas: la cepa EAN (Eastern European) cuyo origen era Ucrania y Moldavia; y la cepa NAN (North American), cuyo origen se encuentra en la región de los Grandes Lagos. La cepa EAN se encuentra presente en países de Centro Europa, Italia, Balcanes e Irlanda. La cepa NAN se extendió por Inglaterra, Italia, antigua Yugoslavia, Países Nórdicos y llegó a España en los años 80. Actualmente, estas cepas han pasado a clasificarse como subespecies: ssp. novo-ulmi (la anterior cepa EAN) y ssp. americana (la antigua cepa NAN).

Dicha enfermedad, la “grafiosis” diezmó la práctica totalidad de las olmedas autóctonas de Ulmus minor, en la Península Ibérica. Si bien los árboles no llegan a morir, ya que el sistema radical permanece vivo y es capaz de rebrotar durante muchos años. Cuando dichos rebrotes alcanzan porte arbóreo atraen a los insectos vectores (coleópteros barrenadores del género Scolytus) que portan las esporas del hongo patógeno, introduciendo la enfermedad en el sistema vascular del árbol y produciendo su muerte en poco tiempo, por lo que las antiguas y catedralicias olmedas que antaño poblaban los sotos de las riberas de nuestros ríos se convirtieron en unos precarios resquicios arbustivos que rara vez tienen tiempo suficiente para florecer, fructificar y producir semilla para que la especie pueda reproducirse sexualmente, evolucionar y seguir formando parte de nuestros ecosistemas forestales.

Afortunadamente, algunos ejemplares de Olmo demostraron ser resistentes a la “grafiosis”, por lo que, en 1990, el Ministerio de Agricultura, en colaboración con el INIA, puso en marcha el "Programa español para la evaluación y conservación de los recursos genéticos de los olmos y la obtención de individuos resistentes a la grafiosis", fruto de dicha investigación, en el año 2014, la Dirección General de Desarrollo Rural y Política Forestal registró 7 clones de Ulmus minor de diversas procedencias españolas resistentes a la grafiosis, y además se descubrió que una especie de OlmoUlmus laevis-, que hasta hace pocos años se creía propia de Centroeuropa, tiene poblaciones autóctonas en la Península Ibérica, distribuyéndose principalmente por su mitad occidental, desde Asturias hasta Huelva, pasando por Madrid.

Ulmus laevis, vulgarmente denominado “Negrillo”, “Olmo blanco” u “Olmo temblón”, se caracteriza por presentar sus sámaras (frutos) en el extremo de largos pedúnculos, gusta de suelos más ácido y húmedos que el Olmo común (Ulmus minor), por lo que vive más cerca del cauce de los ríos, preferiblemente en la mitad occidental, predominantemente silícea, de la Península Ibérica (ver mapa). Potencialmente, puede sufrir el ataque del hongo que produce la “grafiosis”, aunque en la práctica no es atacado porque los insectos vectores no se sienten atraídos por esta especie.

En la Comunidad Autónoma de La Rioja, la Dirección General de Biodiversidad ha venido realizando, desde el año 2018, plantaciones con algunos de estos clones de Ulmus minor resistentes a la grafiosis, donados por el Ministerio, así como de ejemplares de Ulmus laevis, que se plantaron en el curso medio y bajo del río Najerilla, en enero de 2019, y de los que esta primavera se comprobó que habían sobrevivido 10 ejemplares.

Al divulgar esta noticia en las redes sociales y gracias a un técnico de campo de la vecina Comunidad Foral de Navarra, el 25 de mayo de 2020, descubrimos la existencia de 4 ejemplares autóctonos de Ulmus laevis, en la Reserva Natural de los Sotos del Ebro (Alfaro, 1ª foto), de los que se recogió semilla para su siembra en el Vivero Forestal de "La Fombera" (Logroño), donde el 24 de junio germinaron 14 plántulas (2ª foto).

Es decir, en pocos años se ha descubierto una nueva especie autóctona de la que se ha duplicado la población existente, algo extraordinariamente raro e inaudito en el mundo forestal, en el siglo XXI.

Resuena en el sombrero: “We´re pretty quick”.- The Chob (New Mexico, 1966).

martes, abril 21, 2020

LOS EXTREMOS SE TOCAN (XXXII): EXACERBACIÓN ACELERADA



Vivimos tiempos extremos, el sino de esta época parece ser que todo se vuelve cada vez más extremo:

1º) El clima: En cuestión de un día o pocas horas, pasamos de temperaturas anormalmente cálidas a heladas. Tras prolongadas sequías le siguen tremendos aguaceros que producen graves inundaciones y daños en infraestructuras, edificios y personas. Los huracanes y los tornados cada vez son más frecuentes y potentes.

2º) La biodiversidad: Numerosas especies de animales, plantas y hongos pasan a encontrarse en vías de extinción, amenazadas por nuestra expansión y actividad frenética. Mientras que otras especies se convierten en “plagas” exóticas e invasoras, debido a la globalización y a la gran velocidad y lejano alcance de los transportes.

3º) La distribución de la población y el comportamiento humano: En muchos países tenemos urbes masificadas y grandes aglomeraciones humanas concentradas en unas pocas ciudades, mientras que vastas extensiones del territorio se transforman en desiertos demográficos. Con la crisis del Covid-19 hemos pasado de calles atestadas de gente, espectáculos de masas, grandes eventos en olor de multitudes y niveles elevados de ruido, a espacios públicos desiertos y ciudades fantasma en las que reina el silencio. Esta pandemia también ha sacado a relucir comportamientos humanos extremos y antagónicos: personas que creíamos “normales” se convierten en héroes capaces de arriesgar sus vidas para salvar las de los demás, mientras que otras aprovechan la situación para tratar de enriquecerse o para sembrar aún más cizaña, terror y caos. Vemos ejemplos de lúcida inteligencia y agudo ingenio, junto a la más supina e inútil estupidez.

La inaudita y extraordinaria situación que estamos viviendo es muy difícil de asimilar emocionalmente. Incluso para quienes hemos tenido la suerte de seguir gozando de buena salud y no sufrir la pérdida de ningún ser querido o cercano, el hecho de que las malas noticias y el miedo asociado se hayan ido suministrando en pequeñas dosis diarias, tratando de resaltar lo positivo e incluso con altas dosis de música y buen humor, es algo muy loable pero, por otro lado ha dificultado que nos demos cuenta de la realidad y de que no atravesemos por la dura pero necesaria fase de duelo que implica cualquier desastre o acontecimiento negativo.

No se trata de deprimir aún más a la gente, pero, personalmente, he sentido la necesidad de gritar y de llorar amargamente durante un buen rato, si bien reconozco que me da miedo hacerlo porque no quisiera caer en una profunda depresión, pero quizás sea bueno desahogarse para asumir la desgracia, tomar plena consciencia de ella y ser capaces de reaccionar en consecuencia. El problema es que, como la situación no tiene precedentes, las reacciones son imprevisibles, no sabemos cómo vamos a reaccionar cada persona, si de forma positiva o negativa, pasiva o hiperactiva,… de nuevo los EXTREMOS, los dichosos extremos del mundo que hemos y estamos creando, así como de nuestra propia psyche, quizás la causa se encuentre en lo más profundo de nuestros genes, donde pugnan la violencia ególatra del Chimpancé (1ª foto) contra el espíritu de colaboración del Bonobo (2ª foto).

Otro sentimiento contrapuesto, producido por este antinatural “distanciamiento físico”, es que, por una parte siento una enorme necesidad de abrazarme a alguien, pero por otro, cuando me cruzo con otra persona por la calle o en el pasillo del supermercado, giro la cabeza, casi ni la miro o, aún peor, la miro con recelo. La duda, la sospecha y la desconfianza conducen a la enemistad… ODIO vs AMOR ¡¡¡Los jodidos EXTREMOS!!! No sé qué es peor que se toquen o que se mantengan alejados?

Resuena en el sombrero: “ Cryin´, Waitin´, Hopin´”.- Marty Stuart y Steve Earle (Texas, 2011), interpretando una excelente versión de un gran tema en el que Buddy Holly ya nos hablaba de esas fases: Primero llorar, después esperar y finalmente sólo nos queda la esperanza.

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jueves, abril 09, 2020

EL MISTERIO DE LAS AVISPAS EN CASA





Cuando era pequeño y veraneaba en un pequeño pueblo de la Sierra de Cameros (La Rioja), a la cuadrilla de amigos nos gustaba gastarnos bromas. Un día, recuerdo que un chaval del pueblo me dijo que se podía hacer “polvos pica-pica” desmenuzando con las manos las agallas que se forman, al final del verano, sobre las ramas del escaramujo o rosal silvestre (Rosa canina), que suelen denominarse “bedegar del rosal”, y tienen el aspecto de una cabellera rizada, áspera y rojiza (ver 1ª foto).

Lógicamente, no me creí de buenas a primeras lo que me dijo el chaval, así que decidí experimentar en mis propias carnes si el producto extraído de triturar una agalla de rosal realmente picaba y, si lo hacía, cuán intenso era el picor.

No me costó mucho trabajo encontrar una agalla de rosal, al cogerla comprobé que, efectivamente, era algo realmente áspero y picajoso. Froté un trozo entre las manos y me eché el polvo resultante por el cuello de la camisa ¡Qué horror! El picor fue casi instantáneo y realmente intenso e insoportable, por lo que tuve que quitarme la camisa rápidamente y darme una ducha para quitarme el maldito polvillo de encima.

Hace un mes, durante un paseo por la Sierra de Cameros, vimos unas ramas de rosal silvestre que lucían unas vistosas agallas, por lo que decidimos coger unas pocas para incorporarlas a un ramo de plantas secas (cardos y espigas) que habíamos ido recogiendo aquella mañana.

A los pocos días, comenzó el dichoso confinamiento por la pandemia del Covid-19. Aburrido, al irme a asomar a la ventana del salón observé un par de minúsculas y esbeltas avispillas que me entretuve en fotografiar (ver 2ª foto). Me pareció alguna especie de Ichneumónido, familia de himenópteros que suelen ser parásitas de otros insectos, por lo que me pregunté qué especie sería y si provendría de algún insecto que viviese dentro de casa o bien habría entrado al abrir las ventanas por las mañanas para ventilar.

Al día siguiente, volví a ver otra diminuta avispita, pero me pareció distinta, más rechoncha y con el abdomen más abultado… Un momento, esta es distinta a la de ayer, tiene más pinta de Cynípedo, que se caracterizan por producir agallas en diversos vegetales ¿A ver si va a haber salido de las agallas del rosal? Rápidamente, busqué en internet y… Voilá!!! Sin duda se trata de Diplolepis rosae (Linneo, 1758)!!!

Buscando información sobre la biología de este himenóptero, di con un excelente trabajo de J. L. Nieves Aldrey, publicado en el Boletín Español de Entomología de 1981, en el que describía las agallas del rosal producidas por Diplolepis rosae, en la provincia de Salamanca, así como otras seis especies de himenópteros que parasitan al primero, entre los que se encontraba el Ichneumónido Orthopelma mediator (Thunberg, 1822)… ¿No será…? Inmediatamente, busqué imágenes de esta especie en internet y, de nuevo ¡Bingo! Sin duda se trata de la avispita del día anterior, con ese brillo sonrosado y esas venas cortas y gruesas en mitad de las alas.

Por cierto, al asomarme a la ventana del salón, vi a un niño pijo con un jersey amarillo subiéndose a un Ford Fiesta blanco… ¡Pero dónde vas chaval??? Que no se puede saliiiiiir!!!

Resuena en el sombrero: “Polvos pica-pica”.- Hombres G (Madrid, 1985).