sábado, noviembre 29, 2025

LOS EXTREMOS SE TOCAN (XL): SER PUNK A LOS 60


La conocida frase: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”, erróneamente atribuida a James Dean, en realidad fue pronunciada por Humphrey Bogart, en “Llamad a cualquier puerta” (1949), aunque fue adoptada por el movimiento Punk, a finales de los 70.

La juventud es atrevida, pero es una enfermedad que se cura con el tiempo, y además resulta agotador. Ser rebelde, audaz, innovador, estar al tanto de lo que pasa a tu alrededor y en el mundo, estudiar, trabajar (de una forma más o menos creativa, enriquecedora y satisfactoria), quedar con las amistades, acudir a reuniones, citas, conciertos, exposiciones, exámenes, entrevistas de trabajo, salir por las noches, bailar y gastar sin pasarnos de rosca.

Al hacernos mayores valoramos más otras cosas más mundanas, como la estabilidad, la seguridad, el descanso, la paz, la serenidad y el ahorro.

No soy ningún purista, ni un romántico empedernido, pero confieso que siento una cierta nostalgia por la pérdida del espíritu espontáneo, ingenuo y salvaje, propio de la juventud. Aún recuerdo la extraña pesadumbre que sentí la primera vez que vi una camiseta de Los Ramones pulcramente colocada sobre un maniquí, en el escaparate de unos grandes almacenes; o cuando Alaska apareció en la pantalla del televisor, sonriendo y brindando con cava en la gala de Noche Vieja.

Me consolaba pensando que aún aguantaban sin corromper unos pocos iconos de mi juventud. No los llamo “héroes” ni “heroínas”, ya que quizás se aproximan más a la figura del “antihéroe”, aunque prefiero considerarlos sencillamente artistas genuinos que no se dejan llevar por las modas, el dinero y la fama.

Uno de esos artistas, al que confieso que había perdido la pista durante las últimas décadas, es el simpar Javier Corcobado, que, durante los años 80, nos sorprendió con bandas muy originales e inclasificables como: “Mar Otra Vez”, “Demonios tus Ojos” y “Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo”. Adquiriendo cierta aureola de “músico maldito” o incomprendido que, aún derrochando talento, originalidad y creatividad, se le resiste la conquista del éxito y no goza de un reconocimiento masivo por parte de la sociedad de su tiempo.

Resulta curioso que haya coincidido el capítulo XL (40 en números romanos, no la talla grande) de esta sección, con el 40 aniversario del inicio de la carrera de Javier Corcobado quién, además de músico y cantante, también ha escrito y publicado varios libros de poesía, por lo que vaya por delante mi reconocimiento a este gran artista al que admiro. Dicho 40 aniversario, se ha celebrado con la publicación de un doble álbum, titulado “Solitud y Soledad”, El primer disco “Solitud” incluye diez temas inéditos y originales, mientras que el segundo “Soledad”, resulta un tanto paradójico e incongruente, ya que se trata de una serie de diez versiones nuevas de canciones importantes en la carrera de Corcobado, que canta junto a otros artistas como Andrés Calamaro, Jorge Martí (La Habitación Roja), Marc (de Dorian), Nacho Vegas, Aintzane con G de Gloria y… Alaska!!! ¿¿¿¡¡¡Tu quoque, fili mi!!!???

Al ver la foto del anuncio de esta última canción, no he podido evitar que me venga a la mente la imagen de Paco Valladares abrazando y brindando con María Teresa Campos, durante alguna gala de Noche Vieja, en la pantalla del televisor.

La canción que canta con Alaska tiene el premonitorio título de:

Dame un beso de cianuro”, original publicado en el disco “Corcobator” (1999).

Aunque a mi me gusta más la que canta con Jorge Martí de La Habitación Roja:

La Libertad (Es la cárcel más grande de todas las cárceles)”, original de “Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo” (1991).

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