lunes, abril 29, 2013

LA PARANOIA CRÍTICA CREATIVA DE DALÍ




El genial pintor Salvador Dalí inventó en 1930 el sistema de creación paranoico-crítico, añadiendo un cierto control mental y significado (“La conquista de lo irracional” (1935)) al puro automatismo psíquico en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, que propugnaba el creador del surrealismo, André Bretón.

En 1934 Dalí define este método como “método espontáneo de conocimiento irracional fundado en la objetivación crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones delirantes”, alejándolo de la pura automatización (“La actividad paranoico-crítica ya no considera aisladamente los fenómenos e imágenes surrealistas sino, al contrario, en el seno de un conjunto coherente de relaciones sistemáticas y significativas” (1935)), haciéndolo de una manera genialmente poética, no exenta de humor (“es una forma de intuición poética, que no olvida el humor: relacionar cosas entre sí que no tienen nada que ver, como en el caso de los juegos de palabras, y su versión lírica como son las greguerías de Ramón Gómez de la Serna”), ni de erotismo (“Todo lo que no sucede desde el punto de vista erótico, se sublima en la obra de arte”). No sin ciertas dudas y vaguedades, ya que en 1957 el propio artista matizó: “Hace ya treinta años que lo inventé y que lo practico con éxito, aunque hasta ahora no sepa muy bien en qué consiste exactamente. En términos generales, se trata de la sistematización más rigurosa [estableciendo asociaciones] de los fenómenos y materiales más delirantes, con la intención de hacer tangiblemente creadoras las ideas más obsesivamente peligrosas”.

Dalí se interesó mucho por los avances científicos de su tiempo, desde el psicoanálisis hasta la física cuántica y la nuclear, estudió la teoría de la relatividad de Einstein y le obsesionó particularmente la estructura en espiral del ADN de Watson y Crick, así como las funciones matemáticas que podían representar curvas complejas (las denominadas “estructuras fractales”), como las funciones logarítmicas, llegando a promulgar que “jamás ha existido en la Naturaleza ejemplo más perfecto de espirales logarítmicas que el perfil del cuerno del rinoceronte”.

Una idea que le obsesionó hasta el punto de interpretar la obra “La Encajera” de Vermeer (1669) a base de los apéndices nasales córneos de estos paquidermos, en su cuadro titulado “Estudio paranoico-crítico deLa Encajerade Vermeer” (1955), en la 2ª imagen pueden verse juntos ambos cuadros. Llegó hasta a grabar en cine un corto o breve documental titulado “El Rinoceronte y la Encajera” en el que describe el proceso creativo de este cuadro, que comienza pidiendo permiso a los directores del Louvre de París para copiar la obra original de Vermeer, los cuales se quedan boquiabiertos cuando observan el lienzo de Dalí lleno de cuernos de rinoceronte. El film finaliza con una alocada carrera del artista, armado con una lanza de torneo medieval en ristre, con la que termina atravesando el cuadro ¡Realmente fue un tipo genial!

Dalí se interesó por el cine desde sus inicios, considerándolo una magnífica herramienta para mostrar de una forma más dinámica su particular forma de ver el mundo. Junto con su amigo el director Luis Buñuel, realizaron en 1930 la famosa película “La Edad de Oro”, estrenada el 28 de noviembre en París, cuya proyección fue boicoteada a los pocos días por activistas de extrema derecha, siendo censurada por las autoridades francesas durante muchos años.

Durante un viaje a Hollywood, de la mano del mismísimo Walt Disney, Dalí descubrió en las técnicas de animación la forma perfecta de aunar pintura y cine, comenzando en 1945 un corto llamado “Destino” que no pudo finalizarse por problemas presupuestarios, si bien la “Factoría Disney” retomó el proyecto que fue lanzado en 2003. No obstante, es muy probable que las secuencias más surrealistas del clásico de 1940, “Fantasía”, tuviesen una clara inspiración daliniana.

Sin embargo, según cuentan algunos amigos, Dalí no apreciaba excesivamente las películas modernas, sonoras y a color, de manera que, al preguntarle sobre qué le había parecido tal película, él no mencionaba nada referente al argumento o a los actores, sino que a lo mejor se había fijado en detalles que habían pasado inadvertidos para la mayoría del público, como el cuadro que aparecía al fondo de determinada secuencia o cosas disparatadas.

En su casa de Cadaqués, disfrutaba con frecuencia, en compañía de Gala, de viejas películas mudas en blanco y negro (“Un perro andaluz” de Buñuel y otras de Chaplin, Buster Keaton, etc.) que eran proyectadas sobre una sábana colgada en la pared, con la ayuda de un colaborador suyo que daba vueltas a la manivela de un vetusto proyector manual, mientras éste tarareaba con la boca alguna sencilla e improvisada melodía con la que amenizaba las sesiones.

No obstante, Dalí fue fan de muchas de las estrellas de Hollywood, con las que charlaba y alternaba en las fiestas y acontecimientos en los que coincidían. Si bien, el único con el que llegó a colaborar fue con Alfred Hitchcock, en 1945, para realizar los decorados de la secuencia de la pesadilla que aparece en la película “Spellbound” (3ª foto). Al parecer los productores de la película quedaron horrorizados y rechazaron, por irrealizables o extremadamente caras, muchas de las estrambóticas ideas que surgieron de la imparable e inagotable mente creativa del genial artista.

Curiosa y extrañamente, al contrario de lo que ha sucedido con otros artistas como Warhol o Picasso, Dalí no ha formado parte con demasiada frecuencia de la iconografía propia de la música pop, con la excepción del genial y atractivo Peter Murphy (Bauhaus, Dali´s Car), otro gran adicto a las más oscuras paranoias:

Resuenan en el sombrero: “The Judment is the Mirror”.- Dali´s Car (London (UK), 1984). “Paranoia, Paranoia”.- Bauhaus (London (UK), 1983).