jueves, agosto 27, 2026

EGO Y CRISIS DE VALORES


Los seres humanos, debido a nuestra naturaleza y al funcionamiento de nuestro cerebro, vivimos en una lucha permanente entre dos fuerzas opuestas:

1ª) Nuestro “verdadero ser” o nuestra “supraconciencia”, que nos hace sentir parte de un todo, amar a los demás, compartir, ser generosos, empáticos y solidarios.

2ª) Nuestro “ego” que nos separa de los demás, haciéndonos sentir bien superiores (explotadores) o bien inferiores (victimismo), utilizando el miedo para conducirnos hacia el odio.

Durante la gestación y a los pocos instantes después de nacer, el bebé aún siente que forma parte de su madre. Poco a poco, se va dando cuenta de que es un ser independiente y que, además, es objeto de toda la atención y todo tipo de cuidados de las personas que le rodean, lo que despierta el “ego” de su cerebro.

En función de la educación que recibimos y las experiencias que atravesamos, ese “ego” puede ser detectado y controlado, o bien puede ser alimentado hasta crecer y convertirse en un monstruo descontrolado. El “ego” forma una gruesa corteza que anula y oprime al “verdadero ser” que se oculta en su interior.

Por si fuera poco, el núcleo de todas y cada una de las células de nuestro cuerpo contiene el llamado “gen egoísta” que nos puede llevar al autoengaño, mediante el siguiente razonamiento (excusa torticera): “La superpoblación humana está poniendo en peligro al planeta Tierra, por lo que, si machaco o aniquilo a unas cuantas personas (preferiblemente que no sean de mi familia ni de mi raza) en mi propio beneficio, consigo reducir la población, mejoro la vida en el planeta y, de paso, me favorezco a mí y a mi propio linaje”.

¿Qué pasa entonces con los principios de la Ética Universal? – En un mundo materialista y capitalista, controlado y regido por personas tremendamente egoístas, el “ego” se ha convertido en un enorme monstruo que tapa todo atisbo de solidaridad, ética y justicia. En un escenario de cambio climático, lo que impera es la ley del “sálvese quien pueda”.

Las leyes de la Ética Universal se cumplen, en primer lugar, porque su quebranto nos pesa en la conciencia, nos tortura, no nos deja dormir; y, en segundo lugar, porque existe un señalamiento social del infractor, del “jeta” y del canalla, que es aislado y marginado de la sociedad. Más que por la existencia de una “policía” que, cuando nos pilla cometiendo un delito, nos castiga (multa, cárcel). Cuando una mayoría de personas infringe las leyes éticas, desaparece la reprobación social y no hay castigo real.

Se ha puesto de moda ser un “listo” y un “canalla”. Cada vez tenemos una mayor tolerancia a la mentira ¿Por qué compensa mentir, robar y aprovecharse de los demás?¿Por qué la corrupción de los partidos politicos no les resta votos en las urnas? >”.

Esta es la explicación que le doy al ascenso imparable de los “populismos”, el racismo y la extrema derecha.

Resuena en el sombrero: La canción de uno de los artistas que mejor refleja esa eterna lucha interna entre un “forajido” y un “predicador”, cuyo rostro me atreví a esbozar el 28 de diciembre de 2005: “Hurt”.- Johnny Cash (Nashville (Tennesse, 2002).

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