Ayer recibí la triste noticia del repentino fallecimiento de Víctor Coyote (Víctor Aparicio Abundancia) con tan solo 68 años de edad. Confieso que nunca fui fan, ni he seguido su carrera artística, pero fue uno de esos personajes “singulares” de la Movida que siempre estuvo revoloteando alrededor.
El hecho de que se haya ido poco después del eclipse, me ha hecho reflexionar sobre este tipo de artistas singulares, polifacéticos y complejos (hay quien los llama “underground” o “malditos”, pero la verdad es que no me agradan mucho esos calificativos). Son un tipo de artistas a los que casi todo el mundo reconoce su originalidad y su gran talento, pero que nunca acaban de alcanzar la fama. Es como si hubiesen estado permanentemente eclipsados por otras “estrellas” del momento.
Víctor fue un chaval de Tuy (Pontevedra). Al ver la foto que he encontrado en un blog de algún compañero de colegio, no he podido evitar recordar al gran Buddy Holly, con sus características gafas de pasta. A buen seguro, ya desde muy joven tendría una cierta sensibilidad artística (afición al dibujo y la música), así como un espíritu rebelde, que le llevó a conectar con el Rockabilly, irse a Madrid y fundar Los Coyotes, junto con otros dos amigos.
A principios de los 80, Madrid estaba en plena ebullición y Los Coyotes se convirtieron en unos asiduos de la sala Rock-Ola, donde coincidió con otro ilustre gallego Germán Coppini (tristemente fallecido el 24/12/2013) a los 52 años de edad), al frente de su irreverente banda los Siniestro Total. Poca gente sabe que el mural que había a la entrada del Marquee (en los sótanos de Rock-Ola) fue obra de Víctor junto a Luis Serrano. Incluso fue guitarrista de Alaska y Dinarama, durante una breve etapa.
En aquella época, cuando casi todos nos inclinábamos por derroteros oscuros y anglófilos, al bueno de Víctor se le ocurrió fusionar el Rock con los ritmos latinos. Aún debo tener por ahí, en alguna de las cintas que grababa de la radio, su canción “Como un Extranjero”. Si bien, aquella onda latina fue a más, en su afán por la exageración, la desmesura y el esperpento, aún recuerdo horrorizado aquel vídeo en el que salía vestido de rojo y azul, con movimientos toreros, y enorgulleciéndose de ser “El Típico Español” (1.989).
Además de músico y showman, Víctor también ha escrito libros como “Cruce de Perras” (2.006), ha dibujado numerosos comics e ilustraciones.
Confieso que, pasados los 80, me perdí gran parte de sus discos, aunque reconozco que ha evolucionado y envejecido excelentemente, como los buenos vinos, ganando en madurez musical y profundidad en sus letras, como muestra me quedo con esta magistral “Maravilla”.
¡Adiós! Y descansa en paz, querido Víctor.



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