sábado, abril 16, 2016

CADA VEZ QUE SALEN





Hace tres años me sorprendía por las extrañas formas que emergían en diferentes terrenos, dos de las cuales pertenecen a unos curiosos hongos de la familia Morchellaceae:

Sobre suelos removidos, no especialmente húmedos, en las zonas bajas del valle, tenemos a la Morchella costata (= M. elata), la que sale en la 1ª foto, ya está muy madura y ha adquirido una consistencia papirácea, pero observamos su característica mitra cónica de color muy oscuro, casi negro, con alvéolos primarios y secundarios que le otorgan un aspecto ciertamente barroco, que se sustenta sobre un corto y rechoncho pie blanquecino, del que le separa una depresión o “vallécula”.

Mientras que, por contra, a la orilla de un arroyo montano, bajo cerezos y avellanos, surge la rara y enigmática Verpa digitaliformis (2ª foto), de consistencia gomosa, es como un pequeño dedal parduzco, de piel bastante lisa, a lo sumo con algún pequeño pliegue o arruguilla, que se apoya en un esbelto pie de color crema y hueco. Del mismo género tenemos Verpa bohemica (3ª foto) que tuve la suerte de encontrar esta pasada Semana Santa.

Las diferencias entre ambos géneros las expliqué mejor en la referida entrada anterior, al igual que la compleja taxonomía de las Colmenillas. En ambos casos, se trata de unos seres vivos fascinantes que consiguen capturar mi atención cada vez que se hacen visibles sobre la superficie del suelo.

Resuena en el sombrero: “Every Time”.- The Things (Los Angeles (California), 1986).
Todas las fotos by Mad Hatter.

domingo, abril 03, 2016

CEREZOS EN FLOR








La floración de los cerezos siempre ha fascinado a las personas, no hay más que ver la cantidad de gente que va a contemplar ese espectáculo en Japón y en el valle del Jerte.

Este soleado primero de abril se podían ver en el Parque del Ebro de Logroño todos los matices que van desde el rosa-fucsia del comienzo de la floración del ornamental Cerezo de flor (Prunus serrulata), con los jóvenes capullos rodeados de unas bráceas caducas de un bello color verde con reflejos dorados (primera foto), que caerán algo más adelante cuando sus flores se desarrollen por completo y adquieran tonos de rosa más pálidos y casi blancos (segunda foto); hasta los pétalos del blanco más puro, como los que parecen formar una corona circular entre las ramas del Cerezo europeo (Prunus avium) de la tercera foto.

Pero estas vistosas flores no están diseñadas para nuestro deleite, sino que, acompañadas de una considerable secreción de néctar, a quienes pretenden atraer son a los insectos encargados de trasportar el polen de una flor a otra, como el grueso abejorro Bombus de la 4ª foto y el más menudo de color amarillento de la 5ª. En cualquier caso, somos unos auténticos afortunados por poder disfrutar de tanta belleza, de la miel que producen las abejas y de los jugosos frutos a los que darán lugar muchas de estas flores.

Resuena en el sombrero: “Flowers around me”.- The Dentists (Chatham (UK), 1985).

Todas las fotos tomadas por Mad Hatter con el movil.

sábado, abril 02, 2016

30 AÑOS EN EL LÍMITE





La Frontera no hacen country, pero ellos también basan su música en “tres acordes y la verdad”, su estilo podría llamarse “Malasaña Western”.

No en vano, la primera vez que vi a Javier Andreu y Tony Marmota en persona fue en el bar “Más Allá”, del mencionado barrio madrileño, donde en ocasiones compartíamos la mesa de billar americano.

Su éxito se fundamenta en que, hace 30 años, se dieron cuenta que la música de las películas del género western, básicamente instrumental, no sólo compagina perfectamente, sino que incluso refuerza su impacto y su aire fronterizo, cuando se le añaden ingeniosas letras en castellano, que, además, les otorgan una cierta aureola de leyenda, eterna e impercedera.

Podría parecer un contrasenido, pero lo cierto es que la trepidante vida nocturna que bullía por los estrechos callejones del laberíntico barrio de Malasaña, durante los años 80, tenía un cierto paralelismo con las crudas historias que se desarrollaban bajo un sol implacable, en las amplias y polvorientas calles y desiertos del lejano Oeste.

Sobretodo, en lo referente a esas historias de perdedores y otros personajes que viven permanentemente “en el límite del bien y del mal”. Recuerdo que en su día (primeros 80) aquellas letras, repletas de tópicos del western, me resultaban graciosas y algo simples, pero ahora, con el paso del tiempo, me he dado cuenta que lograr esa aparente sencillez y esa tremenda fuerza en el mensaje que te pega directamente en lo más profundo de las tripas, no es nada fácil. Además, con los años, Javier y Tony han ganado en serenidad, aplomo y seguridad sobre el escenario, sin duda mejoran con el tiempo, como el buen bourbon.

Y allí estaba yo, con mi vaso de Jack Daniels con hielo, en la sala “Biribay” de Logroño, llena de gente hasta los topes, la mayoría ya cincuentones o de cuarenta y muchos, disfrutando del show que montaron para celebrar sus 30 años de historia.

A pesar de su parquedad en palabras, Javier llegó a decir:”Somos muy sosos! Qué queréis? Somos de Madrid! Bueno Tony es de Burgos! Cuidado! Aunque es todavía más soso que yo, je, je”. Sin embargo, su conexión con el público fue inmediata, le bastaba una mirada, un ligerísimo gesto, para conseguir que la gente cantase entusiasmada a coro los estribillos de las canciones.

Las que más me gustaron fueron “Volverán los buenos tiempos” y “El Límite”, que son las que resuenan hoy en el sombrero.